Los indignados de Colombia

Los indignados de Colombia

12 de octubre del 2011

La Plaza Ché, en el corazón de la Universidad Nacional de Bogotá, fue una vez más sitio de encuentro de un paro nacional universitario. A las 9 de la mañana se congregaron allí miles de estudiantes, administrativos y profesores. Varios se disfrazaron, otros pintaron pancartas, extendieron pendones e imprimieron folletos. Algunos cubrieron su rostro con trapos, guardaron pimpones de pintura y espráis en los morrales para garabatear paredes, y entonaron consignas y arengas, que poco después repitieron hasta el cansancio mientras caminaban hasta la Plaza de Bolívar de la capital.

– ¿Por qué protestan?

–Por un nuevo modelo de educación. Exigimos que el Gobierno retire el proyecto de ley que presentó sobre este tema en el Congreso, y pedimos que le permitan a la comunidad universitaria construir una propuesta para cambiar la educación superior en el país. No estamos peleando por uno o dos artículos. Queremos preguntarles a los colombianos si de verdad están de acuerdo con que en este país se invierta menos del 1% del presupuesto nacional en educación –Habla un día antes de la marcha, en una cafetería de la Universidad Nacional, Cristian López, uno de los organizadores de esta movilización.

Para este bogotano de 23 años, que ha estado vinculado a los movimientos estudiantiles desde que estaba en secundaria, es inconcebible que el Gobierno haya presentado un proyecto de ley que pretende reformar la educación del país a espaldas de la sociedad.

–Este proyecto no lo conocían los estudiantes y profesores. Es una iniciativa en la que no tuvimos voz ni voto. La ministra de Educación, María Fernanda Campo, dijo que para hacer esta iniciativa, que quiere poner a las universidades en función del mercado y los sectores productivos, se hicieron 26 foros, en los que participaron 4.500 estudiantes. Pero el estudiantado le respondió con una gran Consulta Nacional Universitaria a comienzos de octubre, en la que los resultados fueron contundentes. Cerca de 60.000 estudiantes dijeron que no participaron de la ley de educación superior que presentó el Gobierno, que no están de acuerdo con ella y que están dispuestos a construir una propuesta alternativa.

Los muros de la Universidad Nacional se llenaron de consignas y caricaturas que invitaban a los estudiantes a unirse al paro nacional universitario.

El día antes de la protesta, al auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional no le cabía un alma. Las 1.700 sillas estaban copadas y las escaleras y corredores estaban abarrotados de gente. Cerca de 3.000 personas, entre estudiantes, trabajadores y profesores, asistieron a una asamblea universitaria, se declararon formalmente en paro y suspendieron las actividades académicas indefinidamente. La mayoría de facultades fueron bloqueadas por los estudiantes y los muros, pintados con grafitis alusivos a la huelga.

No es la primera vez que esto pasa en la Universidad Nacional, que desde su creación ha vivido el fervor de cientos de protestas estudiantiles. Pero sí es la primera vez que uno de los movimientos más importantes, la Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia (FEU), encarga a Cristian López de organizar la movilización en esta histórica sede. En 2005, cuando entró a estudiar Ciencia Política, López supo que estaría vinculado al movimiento estudiantil. Nueve años atrás, había participado por primera vez en una movilización por el recorte al presupuesto de educación y, aunque no entendía muy bien de qué trataba, el asunto despertaba en él una serie de inquietudes sociales difíciles de aplacar. Luego, estudiando en el colegio público INEM, decidió ser parte de la Federación de Estudiantes de Secundaria. Pero al llegar a la Universidad Nacional su instinto político despertó, como dice. Cristian López se vinculó a la Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia (FEU) desde su origen, en el 2005, y parece que desde entonces habla en plural.

–Nosotros creemos en una universidad crítica, pensante, de calidad, autónoma, democrática y sí, ¿por qué no?, subversiva. Porque esta palabra viene de la palabra subvertir que significa cambiar de orden las cosas. Y, ¿por qué no pensar en una universidad que quiera cambiar un orden en el país que a todas luces es injusto?

La familia de Cristian López es de origen humilde. Sus abuelos son campesinos que llegaron a Bogotá a dedicarse a la construcción y sus padres, con mucho esfuerzo, pudieron ser profesionales en la década de los 80 y 90. Dice que ninguno de los suyos ha sido tan activista como él, aunque desde pequeño le inculcaron un sentido de lo público, que cree en un Estado que debe garantizar unos derechos básicos de salud y educación.

Una de las facultades bloqueadas por los estudiantes fue la de Ciencias Políticas.

Por eso algunos lo llaman mamerto y zurdo, calificaciones que lo tienen sin cuidado y que ha recibido desde hace seis años, cuando hizo parte de un grupo de trabajo dedicado al estudio de la teoría política de autores como Hegel y Marx. Luego formó parte de un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional llamado Terrorismo Gráfico, dedicado a los murales políticos, a las plantillas o stencils irreverentes. En una de esas “contra campañas”, como las llama López, criticaron el eslogan de ‘Colombia es Pasión’ y dibujaron el mismo corazón, de no ser por la sangre que goteaba del mismo y que para ellos representaba que en el país y en la universidad estaban sucediendo hechos graves.

–A los correos electrónicos de los estudiantes que participaban en diferentes movimientos estudiantiles llegaban intimidaciones y amenazas de grupos paramilitares que estaban enquistados en la universidad. En el 2008, la situación llegó a ser tan preocupante que grupos de autodefensas pusieron un “toque de queda”. Publicaron un listado y un mensaje que decía que no podían estar entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde en las instalaciones de la Nacional porque tenían fuerzas disponibles alrededor para castigar su desobediencia. Treinta y dos compañeros huyeron del país. Mis papás estaban tan preocupados que viajé a Buenos Aires y estuve por fuera dos semestres.

Un año antes de salir del país, en el 2007, Cristian López había vivido una gran movilización estudiantil que marcaría su formación política. La marcha estaba en contra del artículo que quería librar al Estado de la responsabilidad de pagar las pensiones de los funcionarios de las universidades públicas. Ese día, Cristian llegó a la universidad, asistió a una asamblea universitaria que decretó el paro y no volvió a dormir en su casa hasta después de 15 días. Fue una protesta alegre. Un carnaval. Montaron carpas y se apropiaron de la Nacional. Comían en ollas comunitarias, había circo, debates y discusiones políticas que se extendían hasta el amanecer. En esa marcha también probó su resistencia a los gases de la Policía, cuando en la calle estallaron las revueltas, que los medios de comunicación registraron con interés, mostrando a los estudiantes como revoltosos sin causa. Las autoridades también hablaron de la infiltración de grupos armados ilegales en la universidad.

–La universidad es una micro sociedad colombiana. No nos deberíamos extrañar si en ella hacen presencia grupos armados ilegales, porque existe todo lo que vive una sociedad en conflicto como la nuestra. Eso no justifica que los movimientos estudiantiles puedan ser tildados como tal, porque nuestra protesta es por el derecho que tenemos todos a una buena educación, en donde prime la calidad académica, no el ánimo de lucro.

Son las 7.30 p.m., Cristian López recorre la universidad. Cada 20 metros lo saluda un estudiante, está ansioso y fuma igual, de pronto se detiene y hace énfasis en que la marcha del 12 de octubre tiene un espíritu pacífico y no quieren disturbios. Luego se despide porque tiene que ultimar algunos detalles, imprimir unos folletos en donde queden claros los puntos por los que protestan. Al final de la tarde, 35 universidades del país, entre públicas y privadas, confirmaron su participación en el paro nacional universitario más grande de los últimos 5 años.