“La cirugía me lo alargó tres centímetros”

“La cirugía me lo alargó tres centímetros”

11 de octubre del 2011

Jaime* no tuvo sexo por 36 días. Tenía su pene vendado, le daba miedo mirarlo, tocarlo. En silencio, se recuperaba de una faloplastia, la cirugía que hace más grueso y largo el pene. Sesenta centímetros cúbicos de grasa que reposaban en su abdomen le habían sido inyectados en el miembro para aumentar su diámetro. Una cicatriz en forma de Z era la evidencia del corte de un ligamento que le representaría 2 o 3 centímetros más de longitud. En el quirófano se quedó el complejo de un pene pequeño que lo persiguió desde la infancia.

En Colombia, más de mil hombres acuden anualmente a un urólogo o cirujano plástico sólo para consultar sobre la faloplastia. Pero pocos se atreven a practicarse esta cirugía. De cada 100 que van a un especialista con dudas sobre el tamaño de su miembro, 30 tienen tamaños mayores al promedio, 35 están dentro del rango normal y menos del 1% tiene un pene pequeño.

“Mire ese pipi tan chiquito” fue la frase que escucharon la mayoría de los pacientes de Felipe Coiffman, cirujano plástico con más de 50 años de experiencia, cuando eran niños. A su consultorio llegan hombres entre 30 y 50 años de edad con dudas sobre su pene y muchos de ellos con falsas expectativas sobre el procedimiento “milagroso”.

En Estados Unidos, más de 20 mil pacientes se someten anualmente a este procedimiento. Aunque en Internet se consiguen extensores, pastillas y manuales con masajes.

La faloplastia es una cirugía plástica que no cura impotencias, ni aumenta el tamaño del pene durante una erección. Es un simple alargamiento de la piel que se logra a través del corte parcial del ligamento suspensorio del pene. Pero los dos o tres centímetros de más, evidentes en estado de flacidez del pene, permiten que el paciente se sienta más atractivo y seguro sexualmente.

La cirugía que se practica en menos de dos horas y donde el paciente es sedado con anestesia local se hace más de 20 mil veces al año en los Estados Unidos. Mientras que en Colombia, la faloplastia se está comenzando a conocer y según algunos cirujanos plásticos, Medellín es la ciudad que registra más casos.

El cirujano plástico Felipe Coiffman, pionero en el procedimiento, ha practicado 300 faloplastias a lo largo de su carrera.

Para Coiffman, quien aprendió la técnica hace 15 años en Tokio y tiene más de 300 casos registrados, el temor más común de los pacientes es tener dificultades a la hora de una erección, sufrir de impotencia y perder la sensibilidad. Pero los riesgos del procedimiento son los mismos de cualquier cirugía plástica, además, abultamientos irregulares y rechazo de la grasa inyectada.

Mientras que algunos hombres prefieren comprar algunos aparatos que funcionan con pesas o tracción como el Gnetics Extender ―dispositivo con certificado sanitario europeo y que garantiza el alargamiento del pene en erección entre 3 y 7 cm―, manuales de ejercicios que prometen un alargamiento en dos semanas o medicamentos de origen natural que se venden on line. Jaime* decidió someterse a una faloplastia hace 18 meses. Tomó la decisión luego de haber investigado el método en Internet y encontrar la solución en el blog medicina sexual del urólogo Juan Fernando Uribe. Dice que la cirugía le cambió la vida porque así pudo remediar la excesiva adherencia de su pene a los testículos. Ahora se siente satisfecho, a pesar del dolor en sus primeras erecciones y el miedo que tuvo durante su recuperación.

Carlos Pol Bravo, sexólogo y psiquiatra español, dice que la faloplastia es un mito y que hace parte de un consumismo genital que sólo genera falsas expectativas. Sin embargo, para él la cirugía es un procedimiento válido en cuanto a la imagen, pero no en cuestión de funcionalidad.

Con la faloplastia, un paciente puede aumentar entre dos y tres centímetros de longitud del pene. Y en diámetro más del 50%.

A su consultorio han llegado algunos pacientes insatisfechos después de una faloplastia, quienes sufren de frustración sexual y hasta depresión. Para Bravo muchos han ido al quirófano por la baja autoestima y por desconocimiento de su propia sexualidad.

Desde su punto de vista, es más importante el erotismo y la sensualidad que el tamaño del pene. Bravo aconseja usar la imaginación, tener excelente comunicación y complicidad con la pareja. Porque según él no existen las “olimpiadas, ni las máquinas de placer”.

*El entrevistado pidió que no se publicara su verdadero nombre.