15 mil refugiados bajo las balas en Palestina

15 mil refugiados bajo las balas en Palestina

23 de Marzo del 2015

A simple vista pareciera que Jalazone hubiese quedado estancado en el tiempo.

Sus casas grises, con ventanas agrietadas y algunos muros devastados por el clima y las balas. Las calles polvorientas resisten pavimentadas debido a que pocos vehículos de carga las recurren. Sus sectores accidentados por lo montañoso del terreno encierran zigzagueantes callejones comerciales, de venta de frutas, carnes, bizcochuelos ambulantes y hasta un café internet que tiene siete computadores, y solo uno de ellos funciona.

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Después de las 3 de la tarde por ahí se ven correteando niños, quienes juegan a la guerra en un lote abandonado. Los muros aún en pie son sus trincheras. Los escombros y algunas piedras su armamento. Dicen estar luchando contra los colonos.

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En una esquina hay tres hombres bebiendo te y pasando el tiempo con juegos de mesa. Encima de ellos, un poste de luz eléctrica con una maraña de cables viejos, corroídos, que muestran la precariedad del servicio de energía en el lugar. Al otro lado hay un grupo de adolescentes quienes, sorprendidos por la visita de extranjeros y las cámaras que buscan retratarlos, sonríen y extienden su mano derecha con sus dedos índice y medio en forma de V.

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Jalazone es uno de los campos de refugiados palestinos más grandes de Cisjordania. Llegar allí toma solo 15 minutos desde el centro de Ramala. Queda a unos 7 kilómetros al norte de dicha ciudad, y justo al lado del asentamiento israelí de Beit El.

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Campo refujiados 4

Así son las calles de Jalazone. En la imagen superior izquierda se nota la cercanía del asentamiento israelí de Beit El.

Son vecinos del enemigo, en otras palabras. Beit El se alza sobre las colinas orientales, con gruesos y altos muros acorazados con alambradas de púas. Cada 200 metros hay una torre militar desde la que los cuerpos de seguridad hebreos vigilan la integridad de su colonia. Beit El es un bunker en cuyas fronteras con Jalazone se han librado múltiples batallas.

El campo de refugiados de Jalazone tiene casi la misma edad que el Estado de Israel. Fue abierto en 1949 como centro de recepción de las comunidades palestinas desplazadas después de que la ONU decretara en 1948 la creación de la nación hebrea. Las siguientes guerras motivaron oleadas de desarraigos, con cientos de familias que encontraron un nuevo hogar en esta zona céntrica del denominado West Bank.

A partir de esos éxodos masivos de la mitad del siglo pasado, se conformaron 19 campos de refugiados que albergan a más de 150 mil víctimas. En Jalazone residen más de 15 mil de ellos.

Construyendo las murallas del enemigo

Son apenas 25 hectáreas para que vivan 2.500 familias. “Era tanta la cantidad de refugiados que hemos recibido, que algunas veces solo había habitaciones de 3×4 metros para familias de cinco integrantes”, le dijo a Kienyke.com Mahmud Mubarak, el líder comunitario y encargado administrativo del campo de refugiados.

El terreno construido dentro de Jalazone es de menos de 15 hectáreas, y la densidad poblacional es de 23 mil habitantes por kilómetro cuadrado.

Campo refujiados 1

Mahmud Mubarak es el líder comunitario del campo Jalazone. Su hijo de 20 años murió por causa de balas israelíes, según denunció.

Ante la imposibilidad económica de construir nuevos barrios en las zonas baldías, la solución a la que recurren es la adición de nuevos pisos a sus viejas casas. Puede haber construcciones de cuatro o cinco niveles en las que viven más de tres generaciones de una familia.

La historia del campo de refugiados ha sido de desventuras y penurias. Han estado bajo el control de múltiples poderes y al mismo tiempo de nadie. Fueron administrados por Jordania, luego por Israel, más tarde por organizaciones internacionales y ahora bajo la Autoridad Nacional Palestina.

“Esas disputas hicieron que durante una feroz operación que duró 44 días, mientras se disputaban el control del campo, nos arrebataran las comidas y las atenciones humanitarias. Por poco morimos de hambre”, denuncia.

En Jalazone casi el 60% de la población habilitada para trabajar es desempleada y vive del “rebusque”, con actividades extraordinarias para las que son contratados. La mayoría de hombres trabaja en Ramala como obreros, y por las paradojas del hambre, algunas veces han sido requeridos por empleadores judíos quienes los contratan para ayudar a levantar los muros que dividen sus tierras.

“Vivimos en muy tristes condiciones. Como no tenemos trabajo y nuestras necesidades básicas se ven aminoradas, nadie nos ayuda”, insiste Mahmud Mubarak.

Dentro del campo solo hay dos escuelas; una masculina y otra femenina. Las instalaciones no dan abasto y en su interior no hay lugar para el juego de los niños. Por ello es que los menores salen todas las tardes y noches a revolotear por las calles.

Kienyke.com tuvo acceso a una casa de refugiados en el Campo de Jalazone. Mohamed Shik Qasem nos abrió las puertas de su hogar; una edificación de cuatro pisos en la que viven cinco familias.

Reside con su esposa, tres hijos y una hermana en condición de discapacidad. Se trata de una familia conservadora musulmana que de esta forma sobrelleva su tragedia.

(Video) Así vive una familia en el campo de refugiados Jalazone, en Cisjordania.

[youtube]https://youtu.be/_jNq6jomTIM[/youtube]

Los musulmanes son gente de hermandad y solidaridad. No permitirían que algún vecino suyo pase hambre, si en su mesa pueden ofrecer un pan adicional.

En las calles de Jalazone no se ve miseria, aunque las paredes y senderos de esa zona montañosa sí revelen la verdadera cara de una vecindad de despojados en condiciones de elevada pobreza.

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“La paz llegará cuando la ocupación termine, cuando nos devuelvan las tierras”

Mahmud Mubarak nos recibe en el salón comunitario de Jalazone. Hace frio pues apenas está terminando el invierno, y se antoja de fumar mientras conversamos. Cada cigarrillo de marca Faraón que termina, es reemplazado por uno nuevo que aspira a deleitantes bocanadas. Mientras, muestra la foto de su hijo que está detrás de él. Está en un cartel en el que aparece como fondo la antigua Jerusalén.

“Es un mártir”, advierte Mahmud. El joven se llamaba Admed, tenía 20 años y hace seis meses fue ultimado por un soldado israelí del asentamiento de Beit El. El joven regresaba a casa del trabajo, según relata su padre, y cuando cruzaba muy cerca al muro, fue tiroteado en su rodilla, y enseguida en el estómago. Resulta claro que el soldado que realizó dicho ataque sabía que a quien mataba era el hijo del principal líder político del campo de refugiados vecino.

Campo refujiados 2

En varias partes del campo Jalazone hay carteles y vallas con fotografías de sus mártires. Es un ejercicio de memoria colectiva.

“Los soldados israelíes disparan al azar contra nuestro pueblo. Los viernes, cuando más se dan esos ataques, a veces algún joven o niño está en su punto de mira, y es tiroteado sin razón alguna. También vienen esos soldados a nuestro campo y detienen a nuestra gente; los golpean y luego dejan libres. Y cuando protestamos frente al asentamiento, frente a la muralla, muchas veces abren fuego sin importar si hay niños o ancianos”, asegura Mubarak.

Una de esas víctimas fue Ismail, un joven de 15 años quien recibió un tiro de bala en una de sus piernas, como advertencia para jamás acercarse a las murallas hebreas. “Caminaba con mis amigos cerca de la muralla cuando sentí el golpe de la bala en mi muslo. Mi amigos me alzaron y llevaron al hospital. Temo volver a caminar por allí”, le dijo el adolescente a Kienyke.com. Los pobladores del resguardo enumeraron varias presuntas atrocidades cometidas por los guardias del asentamiento israelí.

El campo está inundado por carteles con fotografías de sus mártires. Es un ejercicio de memoria con el que pretenden jamás olvidar los muertos de su resistencia.

“A veces nos bloquean el paso de comida, y la gente de Ramala o de pueblos cercanos nos envían comida a escondidas. Son personas de buena voluntad que quieren ayudar a niños y viejos para que no mueran de hambre. Pero si los soldados del asentamiento los descubren, los agreden y hasta mutilan”, dijo otro residente llamado Ahmad.

Campo refujiados 3

Jalazone tiene dos escuelas pero sin parques para niños. Los menores juegan en las calles y sus ruinas.

En el lugar es imposible la construcción de túneles clandestinos que les sirvan para pasar comida, como sucede en Gaza, debido a la conformación montañosa del campo. Además podrían ser malinterpretados por las fuerzas ocupantes, quienes creerían que los desplazados palestinos están traficando con armas, lo que desembocaría una intervención militar sobre el campo, con todos los daños humanitarios que ello acarrearía.

Mahmud Mubarak también denunció que algunos soldados israelíes dan a escondidas ciertas drogas a niños palestinos, que en realidad resultan siendo veneno.

“En algunas zonas ellos traspasan una droga llamada Hydro. Son drogas usadas para los caballos, pero en los humanos destruye poco a poco el cerebro. Son letales y han muerto jóvenes por eso. Ellos dicen que es mentira, que jamás les darían esas drogas a nuestros niños, pero ya sabemos que lo hacen. Empezó a suceder desde el año 2000 y más de 100 jóvenes han muerto en los últimos años por Hydro”, sostuvo.

“No hay forma alguna de que haya justicia. Ni por los tiroteos contra nuestros jóvenes ni por lo de las drogas. No tenemos esperanza de que haya algún juicio o se abran investigaciones. Quizá en el futuro sea posible tener ayuda de la justicia internacional, pero en 40 años más de 10 mil palestinos han muerto por manos injustas de israelíes y nadie está en la cárcel”, insistió Mubarak.

Aunque, dice el vocero comunal, que lo único que pedirían como gesto de justicia y paz es que les devuelvan sus tierras y la colonización acabe. “La paz comienza cuando la ocupación termine. Nuestro derecho y petición es recuperar las tierras que nos han arrebatado desde 1948. Nuestra gente no siente que tiene ninguna oportunidad en el futuro, creen que su historia no tiene solución, creen que siempre van a vivir sin tierra. Si usted me pregunta cuál es la solución a la guerra, le diré que ese fin llegará cuando ellos dejen de quitarnos nuestras casas, cuando ellos respeten nuestra vida”.

Twitter: @david_baracaldo

Por: David Baracaldo Orjuela

Enviado especial de Kienyke.com a Palestina