La huella del fuego permanece en Machuca

18 de octubre del 2018

Hace 20 años, el 18 de octubre de 1998, una explosión despertó a todo el pueblo de Machuca, ubicado en el Oriente antioqueño. En la madrugada de ese día una bola de fuego que alcanzaba los 20 metros de llamarada bajó por el río Pocuné y arrasó con el pueblo. Una hora después, los militares […]

Masacre de Machuca

Hace 20 años, el 18 de octubre de 1998, una explosión despertó a todo el pueblo de Machuca, ubicado en el Oriente antioqueño. En la madrugada de ese día una bola de fuego que alcanzaba los 20 metros de llamarada bajó por el río Pocuné y arrasó con el pueblo.

Una hora después, los militares del batallón de la XIV Brigada del Ejército fueron alertados para salir de inmediato a atender la emergencia. De los primeros rescatistas militares en llegar a la zona estuvieron la entonces teniente médico Claudia Cruz y el piloto capitán Mario Arciniégas, conocido en la institución como Archi.

En Machuca había una base del Batallón Bomboná y ellos fueron los que avisaron a la Brigada lo que había sucedido. Les dijeron que habían atentado contra un oleoducto y había algunas personas quemadas. La teniente Cruz alistó el arsenal que tuvo a su mano para atender la emergencia, con los líquidos intravenosos y el material para atender las quemaduras. “A nosotros nos dicen alisténse para atender unos pacientes quemados, pero no nos imaginamos la cantidad, ni ellos mismos sabían”, afirmó a KienyKe.com la teniente Claudia Cruz.

Llegaron hacia las 5:30 o 6:00 am a un área alejada del municipio afectado, allí llegarían los heridos trasladados desde Machuca en Jeeps y helicópteros. Después de establecer el centro de atención “empezaron a llegar heridos y heridos, uno tras otro. Nosotros decíamos ¿qué vamos a hacer con ellos?”, porque hasta ese momento no había apoyo aéreo para trasladar a los heridos a otras clínicas.

Una de esas aeronaves era pilotada por el capitán Archi, un helicóptero M-17 que cumplen funciones de transporte de personal. En su memoria quedó grabada la imagen de un niño con toda su piel calcinada que era cargado por un soldado hacia el helicóptero para poder salvarlo.

“No lo dimensionamos, pensamos que era algo como todas las voladuras que ha hecho el Eln, pero al llegar y ver afectada a toda esa cantidad de gente, árboles en llamas, niños y animales, quedamos impactados”, narró el Capitán Archi en diálogo con KienyKe.com. La llegada de ayuda aérea tardó porque el clima lluvioso no permitió que despegaran las aeronaves en la madrugada.

Al sobrevolar vio el río Pocuné como una extensa vena negra en medio de la selva, los árboles incendiados y algunos semovientes corriendo con el cuerpo en llamas. Al aterrizaje se dio cuenta de que la gente estaba desconcertada, no entendían lo que estaba pasando y no concebían aún la tragedia.

El atentado perpetrado por el Eln al oleoducto Central de Colombia, que cruzaba a menos de un kilómetro del municipio de Machuca, provocó el incendio de más de 40 casas construidas principalmente en madera. Las llamas se deslizaron por el río y alcanzaron las viviendas construidas en la orilla, provocando a su paso la muerte de 84 personas y más de 100 heridos.

Machuca es un pueblo basado en la extracción minera de oro, principalmente, es una zona tradicionalmente usada como fortín de la guerrilla del Eln, un grupo criminal que basó su sustento económico en la extorsión de ganaderos, empresarios e industrias petroleras, por eso usan como forma de presión la voladura de oleoductos como el Cañolimón-Coveñas o el del municipio de Machuca que provocó una de las tragedias más grandes que vio el país.

Entre los cientos de personas que atendieron durante toda la mañana, la teniente Cruz no olvida a una mujer de más de 60 años que no paraba de quejarse por tener el 80% de su cuerpo en carne viva por las quemaduras, recuerda que la mayoría de los heridos eran niños.

“Era triste. Los helicópteros se iban con heridos y regresaban con ataúdes”.

Ellos le narraban la tragedia como un capítulo del apocalipsis, decían haber visto cómo caían las bolas de fuego del cielo. Pero Cruz explica que las llamas iniciaron por el cauce del río contaminado con más de 30.000 galones de crudo.

Cuando llegaron los demás helicópteros, se pudo empezar a trasladar los pacientes hacia los hospitales de Medellín y así se logró aligerar la carga y salvar más vidas. Esa fue la primera tragedia de este tipo que la teniente Cruz atendía, llevaba apenas ocho meses de haberse vinculado al Ejército, pero esto sirvió para reafirmar su vocación de servicio. “El impacto fue grandísimo, principalmente por los niños quemados, pero la vocación de los médicos militares es esa, atender a los pacientes donde toque”, afirma Cruz.

Una misión que el capitán Arciniegas reconoce llevar ‘en la sangre’ y en la que ha trabajado los más de 20 años que lleva en la institución a pesar de haber sido herido. “En el año 1989, en Arauca, me hirió el Eln, la compañía Simacota. Mientras se desarrollaba un combate fui a evacuar a los heridos pero el helicóptero fue impactado y una bala me atravesó de lado a lado una pierna”, sin embargo, dice, al mes y medio ya estaba vistiendo un overol verde oliva nuevamente.

Según el Capitán Archi, la herida de esa masacre permanece en el paisaje del municipio de Machuca, en los sobrevuelos que ha hecho rumbo a Medellín se ha percatado de que “la huella quedó, la vegetación volvió nacer, pero ya no es lo mismo, se ve la huella de lo que pasó hace 20 años”.

Una huella que las víctimas y familiares de los fallecidos tampoco han logrado cerrar. Ellos exigen al ELN pedir perdón por sus acciones, la única referencia al hecho la hizo Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’, quien en una entrevista manifestó que había sido un error de los perpetradores no medir el riesgo de la población. Pero eso no justifica la muerte de 84 personas, y familiares que aún esperan, como todas las víctimas del conflicto, una respuesta al por qué tuvieron que sufrir esos vejámenes.

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