A la espera de la muerte

A la espera de la muerte

26 de marzo del 2011

Iwao Hakamada espera desde hace 42 años la notificación de su muerte. El mensaje le llegará una hora antes ser ahorcado. En 1968 fue condenado a la pena de muerte. Este ex boxeador de 74 años, que a sus 21 años fue el sexto mejor de peso pluma en Japón, fue declarado como culpable del asesinato de su jefe, la esposa y sus dos hijos, en Shimizu, Japón. Es el preso que lleva más tiempo a la espera de la muerte. Una víctima del secretismo.

En 1965 llegó a la fábrica de Fumio Hashiguchi, quien lo contrató y aprovechó su contextura muscular para encargarle la tarea de batir pasta de soja, una sustancia usada para hacer sopa. Un año después él y su familia aparecieron apuñaleados, su casa incendiada y sin 200 mil yenes. Iwao fue encontrado culpable.

Foto familiar junto a su papá y dos hermanos. Hakamada agachado a mano izquierda.

El interrogatorio de Hakamada tardó 23 días y más de doce horas diarias. Todo sin la presencia de un abogado o testigo. En un juicio manifestó que su confesión fue resultado de una serie de torturas por parte de la policía. Sin embargo, esto no fue tomado en cuenta. El 9 de septiembre de 1966 firmó contra su voluntad el testimonio donde aceptaba el asesinato, el incendio y el robo. La única evidencia de la policía fue ropa manchada de sangre y encontrada en un tanque de la fábrica, prueba que no coincidía con las tallas del culpable. Dos años después de estar privado de su libertad se dio a conocer la decisión.

Iwao lleva más de 28 años en una celda de menos de cinco metros cuadrados, donde no tiene contacto con otros presos, ni derecho a ver televisión. Lo máximo que puede estar fuera de su habitación son 45 minutos diarios. El tiempo y el encierro le han dejado secuelas mentales. Su hermana, Hideko Hakamada, quien lo visita una vez al mes desde hace cuarenta años, es testigo de sus cambios. En una ocasión le dijo iba a construir un castillo. El condenado ya no está en sus cabales.

Su Hermana lo visita desde que fue condenado a muerte, guarda cada carta escrita por Hakamada.

Su caso ha sido polémico. En 2007 uno de los tres jueces, Kumamoto, quien hizo parte de los responsables de su condena, aseguró en una publicación que creía en la inocencia de Hakamada. Solo hay dos maneras de evitar su muerte, que el ministro de justicia lo absuelva o que se abra un nuevo juicio.

Los movimientos que rechazan su condena crecen cada día en internet. La red social Facebook tiene dos grupos con campañas que promueven la amnistía. La estrategia consiste en enviar un mensaje de cinco párrafos donde se solicita la suspensión de su ejecución al gobierno japonés. La organización que lidera la campaña es www.amnesty.org.uk, dedicada a luchar por los derechos de los presos víctimas de la violación de Derechos Humanos.

La muerte de Hakamada será predecible. La mañana que sea notificado lo llevarán a una sala en la que escuchará música religiosa, al ritmo de discursos y de la vida de Buda. Habrá mínimo dos testigos, el director de la cárcel y un funcionario de la oficina fiscal. Se confesará ante un sacerdote antes de pasar al lugar de la ejecución, un cuarto de paredes de madera y piso acolchado. Se le pondrá la soga y se pulsarán tres botones al mismo tiempo, pero sólo uno activará el sistema. Su cuerpo estará colgado entre uno y cinco minutos, mientras que se finalizan algunos trámites de cumplimiento. Así Hakamada habrá cumplido con la condena que no le pertenece.

Las pruebas que lo condenan fueron fabricadas, el pantalón no era de su talla.

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