Resuelto el mito del Abominable hombre de las nieves

30 de noviembre del 2017

La ciencia descubre las huellas del Yeti

Resuelto el mito del Abominable hombre de las nieves

Pxhere

Desde hace muchos años, la gente que vive en la inmediaciones de los inexpugnables Montes del Himalaya, ha creído que entre las nieves habita un gigante hombre-mono, aterrador y terrible, llamado Yeti. O simplemente el Abominable Hombre de las Nievas.

La historia del Yeti cabe más en la categoría de mito. No existe, en ese sentido, prueba de la existencia de la criatura, más allá de los relatos de los habitantes de la zona que han pasado de generación en generación. Pero sin pruebas es como si no hubiera nada.

Se dice que el Yeti es un inmenso primate, muy parecido al gorila, más grande, por supuesto, que desde hace miles de años ha vivido entre las nieves perpetuas del Himalaya. Los vestigios en los que se basa la leyenda son huellas encontradas por los sherpas, nombre que tienen los que viven en las montañas de Nepal. También está el relato de Reinhold Messner, considerado el mejor alpinista de la historia. Messner subió al Everest más de catorce veces, y afirma, además, haber visto al Yeti.

Los relatos del Yeti

Así narró su encuentro con el mítico animal: “mientras iba caminando entre embers cenicientos, oí de repente un rumor insólito, una especie de silbido que se asemejaba al grito de alerta de las gamuzas. Miré a mi alrededor y capté con el rabillo del ojo derecho la silueta de un bípedo que huía entre los árboles, en dirección al borde del claro, donde una tupida maleza de arbustos enanos recubría el pie de la pendiente. Sin hacer ruido y doblada hacia delante, la criatura seguía corriendo, se eclipsaba detrás de un árbol para volver a aparecer como un monstruo, con el resplandor de la luna a la espalda”.

“Fue entonces cuando giró la cabeza hacia mí y permaneció inmóvil por un instante –continuó–. Volví a oír aquel furioso bufido y, durante una fracción de segundo, pude ver su rostro: vi ojos y dientes, pero apenas logré distinguir forma o color. La cara no era más que una sombra gris y el cuerpo una silueta oscura, y así, amenazante, se erguía ante mí aquella figura. Era completamente peluda, tenía dos patas cortas y brazos fuertes que le caían casi hasta las rodillas. Calculé que mediría más de dos metros de altura. Aquel cuerpo parecía pesar mucho más que un hombre de idéntica estatura, pero se acercaba a la linde de los arbustos enanos a paso tan ligero y vigoroso que me causó tanto pánico como alivio”.

“Era evidente que ningún ser humano podía correr a ese ritmo en medio de la noche, ¿pero qué animal había que tuviera una figura como la que yo acababa de observar? A lo lejos, detrás de los árboles, a la altura de los primeros arbustos, aquel engendro nocturno volvió a detenerse como si tuviera que tomar aliento. Sin girarse nuevamente se quedó inmóvil en la noche iluminada por la luna. Estaba ahí y no volvía ni siquiera la cabeza. Me sentía demasiado confundido como para sacar los prismáticos de la mochila”.

La ciencia y el mito

Esta clase de historias siempre ha atraído a los científicos. En ese sentido, zoólogos y genetistas han estudiado muestras de ADN que han sacado se supuestos huesos y cuero cabelludo del supuesto Yeti, y que se encuentran en monasterios de las Altas Cumbres en Nepal. Lograron descubrir que, en realidad pertenecían al Oso pardo del Himalaya, especie que ha habitado siempre en las laderas de la montaña.

En ese sentido, una investigación publicada en National Geographic, reveló que se analizaron nueve muestras del supuesto Yeti “incluidas muestras de huesos, dientes, piel, pelo y heces recolectadas en el Himalaya y la meseta del Tíbet. De todas ella, una resultó ser de un perro. Sin embargo las ocho muestras restantes resultaron pertenecer a varios ejemplares de osos negros asiáticos, osos pardos del Himalaya u osos pardos tibetanos”.

Charlotte Lindqvist, profesora de ciencias biológicas de la universidad de Buffalo en Estados Unidos, comentó que “nuestros hallazgos sugieren de manera reveladora que los fundamentos biológicos de la leyenda del Yeti se pueden encontrar en los osos locales, y nuestro estudio demuestra que la genética debería ser capaz de desentrañar otros misterios similares”.

La explicación más lógica, de acuerdo a los investigadores, es que la leyenda del Yeti puede liarse a la evolución de los Osos asiáticos. “los osos en esta región son vulnerables o están en peligro crítico desde una perspectiva de conservación, pero no se sabe mucho sobre su historia pasada” –dijo Lindqvist–. Los osos pardos del Himalaya, por ejemplo, están en grave peligro de extinción. Clarificar la estructura de la población y la diversidad genética puede ayudar a estimar los tamaños de las poblaciones y elaborar estrategias de gestión”.

La investigación concluyó que “si bien los osos pardos tibetanos comparten un ancestro común cercano con sus parientes norteamericanos y eurasiáticos, los osos pardos del Himalaya pertenecen a un linaje evolutivo distinto que se separó desde el principio de todas las demás especies de osos pardos”.

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