“No tenemos que seguir hablando de guerra”

27 de octubre del 2018

Con tono pausado, palabras medidas y mucha expresividad corporal – ese es su trabajo-, el actor y bailarín Jimmy Rangel habla con la Agencia Anadolu sobre su proceso, pues así define su labor; un proceso de investigación del cuerpo, del movimiento, de las formas de expresar sin necesidad de recurrir a las palabras, a la […]

“No tenemos que seguir hablando de guerra”

Foto: Gustavo Adolfo Delvasto / Anadolu

Con tono pausado, palabras medidas y mucha expresividad corporal – ese es su trabajo-, el actor y bailarín Jimmy Rangel habla con la Agencia Anadolu sobre su proceso, pues así define su labor; un proceso de investigación del cuerpo, del movimiento, de las formas de expresar sin necesidad de recurrir a las palabras, a la historia contada, a la narración dramática.

“No necesitábamos la palabra para contar esta historia, todo lo podía contar con el cuerpo”, dice Rangel al respecto de su más reciente producción artística: “Canción para dueto”, la cual alterna con su papel de Tinley y la elaboración de la coreografía en la adaptación de la puesta en escena Shakespeare Enamorado.

Por esto, el coreógrafo y artista de la expresión corporal, instruido en prestigiosas instituciones como el International School of Corporeal Mime de Londres, en el Instituto Universitario Nacional de Arte de Buenos Aires, el Instituto Superior de la Habana y en la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), siempre necesita estar en uno y otro proyecto, en uno y otro país, donde pueda “explorar” y poner en juego sus intuiciones.

Porque según él, este es su trabajo: regirse por intuiciones o sensaciones, no buscar una idea para desarrollarla en una puesta en escena, simplemente dejarse guiar por lo que va sintiendo.De esta forma, Rangel, bogotano de nacimiento y explorador de mundos, se ha movido por varios países, desde sus estudios en Inglaterra, pasando por Canadá, España, Colombia, Estados Unidos y otros.

También recorriendo diversos roles profesionales, como el de ser un aprendiz de artista en el Circo del Sol, espacio donde ocupó múltiples puestos, desde su comienzo como “rehearsal”, miembro del equipo de coreógrafos, hasta formar parte del grupo de casting.

Sin esconder el orgullo que siente por su trayecto, el atlético Rangel resalta cada una de sus apuestas artísticas. Por ejemplo, ha sido ganador del premio español Iberescena en Guión Coreográfico (2014).

El movimiento que lo llevó a Lady Gaga

Rangel, junto con sus colaboradores en las diversas etapas de las producciones, se han regido, en su opinión, por un solo concepto: siempre “investigar la expresividad del cuerpo y del movimiento”. Gracias a sus trabajos internacionales, no cesan las peticiones de colaborar con productores, espectáculos musicales, artísticos y teatros.

“Logré participar junto a mi maestro de universidad Akram Khan en los Olímpicos de Londres (2012)”, recuerda Rangel con nostalgia.

Aparte de su experiencia de más de 5 años en el Circo del Sol, Rangel obtuvo otros grandes retos como la puesta en escena de las melodías de la afamada cantante Lady Gaga, en la planeación del show de medio tiempo del Superbowl 2017. Relata: “El Circo me envió como gente de su equipo para trabajar con Lady Gaga, estuve en un proceso largo, de mucho tiempo porque fue un evento muy grande”.

Foto: Gustavo Adolfo Delvasto / Anadolu

También contribuyó en los Juegos Bolivarianos Santa Marta 2017; en los más recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla (2018) logró armar la coreografía de la diva colombiana Shakira, incluso ha experimentado en varios proyectos de colaboración con distintos artistas y centros culturales.

De artistas de talla mundial, Rangel puede pasar a músicos de amplia trayectoria, como lo muestran sus colaboraciones con los colombianos Esteman o Monsieur Perine. De ellos puede pasar hasta obras de teatro íntimas, puestas en escena reducidas en teatros pequeños, como lo ha logrado en actos del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, El Cirque du Soleil, La Furia dels Baus, en Casa Ensamble o en el Teatro Nacional.

Confiesa que fue solicitado por el mismo Teatro Colón de Bogotá: “a partir de esas experiencias internacionales, el Teatro Colón me llama y entré a ser uno de sus coreógrafos residentes, yo estaba viviendo en España, trabajando con el Circo del Sol, “vamos a reabrir el Colón y necesitamos un coreógrafo que esté con nosotros”, me dijeron. Regresé a Colombia hace 3 años”.

Con “Canción para dueto”, presentada en el Teatro Fanny Mickey, el Teatro Colón y el Teatro Nacional La Castellana de la capital colombiana, suma una larga lista de colaboraciones escénicas, entre otros, como Frida Libre, A la sombra del Sol, Relatos animales, Apesta, Macbeth y la actual Shakespeare enamorado.

De Londres a Barranquilla

Confiesa que una de sus mayores pasiones es hacer espectáculos con más de 1000 personas, como en los Olímpicos de Londres o los Centroamericanos y del Caribe. “La combinación de ambas cosas me gusta”, afirma.

Para Rangel, esto representa “seguir mis códigos e investigación en diferentes formatos”. Esa inquietud constante por la expresión artística en los diversos espacios que le ofrecen le lleva a decir que hay algo en común: “la investigación que nuestro equipo hace sobre la imagen, el movimiento y el sonido (…), en todos hemos hecho una búsqueda reiterativa (…). Componemos imágenes poderosas. Tenemos imágenes, iluminación, artistas plásticos…”.

Siempre se cuestiona al crear obras propias, “cómo hacer que el espectador sienta la imagen o crea que el escenario se está moviendo…cómo el sonido es un asunto narrativo”. De sus propias producciones, afirma que “no necesitamos la palabra para contar esta historia, todo lo cuento con el cuerpo”.

De sus reflexiones en el arte, afirma no tener muchas pretensiones. “Lo que a mí me interesa es que la gente construya una dramaturgia. Yo solo construyo unas imágenes en secuencia y la gente dice yo entendí esto o esto, a partir del encuentro espectáculo-espectador. Que dialoguen los dos lados”.

La dualidad del teatro en Colombia

Destaca el estado actual del arte y afirma con optimismo: “a mí me tocó un momento interesante. La generación anterior a la nuestra estaba agotando su discurso, su teatro se estaba volviendo un teatro roto, donde de una época distinta la guerra no iba a dar para más. Este país o se estallaba o se iba a firmar un proceso de paz”.

Dice que el estado de guerra o paz de un país determina el arte del mismo: “los maestros nuestros estaban super cansados porque el discurso de la guerra ya no estaba yendo para ninguna parte. A mi generación le tocó decir: no tenemos que seguir hablando de guerra”.

Foto: Gustavo Adolfo Delvasto / Anadolu

Explica Rangel: “El teatro antes tenía dos características: o hablábamos de la guerra o contestatario, político. El otro era el teatro comercial que tenía que hablar de chistes porque necesitaba que la gente olvidara la guerra. Había esos dos caminos. A mí me tocó justo en la época donde teníamos un camino alterno. A mí me tocó una generación que hablaba de dramas familiares, hablaba de amor, de terror, podían bailar”.

Se refiere a su desarrollo como artista con confianza, “tuvimos la fortuna que nos tocó un Ministerio de Cultura o momento que apoyó la investigación y creación diferentes”.

Concluye que el arte que sucede ahora en Colombia lleva un proceso de más de 8 a 10 años. “Soy afortunado por el momento en que me tocó mi turno de crear”.

Siempre se cuestiona al crear obras propias, “cómo hacer que el espectador sienta la imagen o crea que el escenario se está moviendo…cómo el sonido es un asunto narrativo”. De sus propias producciones, afirma que “no necesitamos la palabra para contar esta historia, todo lo cuento con el cuerpo”.

De sus reflexiones en el arte, afirma no tener muchas pretensiones. “Lo que a mí me interesa es que la gente construya una dramaturgia. Yo solo construyo unas imágenes en secuencia y la gente dice yo entendí esto o esto, a partir del encuentro espectáculo-espectador. Que dialoguen los dos lados”.
La dualidad del teatro en Colombia

Destaca el estado actual del arte y afirma con optimismo: “a mí me tocó un momento interesante. La generación anterior a la nuestra estaba agotando su discurso, su teatro se estaba volviendo un teatro roto, donde de una época distinta la guerra no iba a dar para más. Este país o se estallaba o se iba a firmar un proceso de paz”.

Dice que el estado de guerra o paz de un país determina el arte del mismo: “los maestros nuestros estaban super cansados porque el discurso de la guerra ya no estaba yendo para ninguna parte. A mi generación le tocó decir: no tenemos que seguir hablando de guerra”.

Explica Rangel: “El teatro antes tenía dos características: o hablábamos de la guerra o contestatario, político. El otro era el teatro comercial que tenía que hablar de chistes porque necesitaba que la gente olvidara la guerra. Había esos dos caminos. A mí me tocó justo en la época donde teníamos un camino alterno. A mí me tocó una generación que hablaba de dramas familiares, hablaba de amor, de terror, podían bailar”.

Se refiere a su desarrollo como artista con confianza, “tuvimos la fortuna que nos tocó un Ministerio de Cultura o momento que apoyó la investigación y creación diferentes”.

Concluye que el arte que sucede ahora en Colombia lleva un proceso de más de 8 a 10 años. “Soy afortunado por el momento en que me tocó mi turno de crear”.

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