“Un gran hombre”: Fabio Echeverri Correa

“Un gran hombre”: Fabio Echeverri Correa

6 de noviembre del 2017

Kienyke.com quiere rendir homenaje a Fabio Echeverri Correa, quien fuera un prohombre en Colombia. A través de su hijo, Luis Guillermo Echeverri Vélez; su hermana, María Rebeca Echeverri de Chaux; su sobrina Catalina Chaux Echeverri y sus amigos: Humberto Jiménez, Alfonso Gómez Palacios, Carlos Leaño, Iván Duque y Adriana Bernal Salgado.

1. Manuel Fabio Echeverri Correa, un hombre que deja pensando al país

Hacienda Caballo Bayo

Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Me quedó el orgullo de haber tenido un padre excepcional. Un hombre bueno, generoso, noble, integro, batallador y valiente, tajantemente sincero, de carácter recio y corazón amoroso. De joven recibí su ejemplo y aprendí a su lado las labores del campo. Luego vivimos largos años con un mar de por medio pero nunca pasó un día sin que habláramos de lo que acontecía, y durante los últimos siete años de su vida tuve el placer de pasar cada día a su lado compartiendo su amor por los caballos y sus opiniones sobre el acontecer nacional que fue siempre su mayor preocupación.

Festival del Hospital de San Vicente de Paul, Plaza de Toros de la Macarena – Diciembre 8 de 1979.

Siempre me habló con gran orgullo y admiración del ejemplo que vio en los logros de quienes lo antecedieron.  Nació en Medellín en el hogar de Lucia Correa Arango descendiente de insignes banqueros, exportadores de café y pioneros de la minería, y Luis Guillermo Echeverri Abad, ejemplar abogado, profesor Universitario, figura pública desde los 19 años, a temprana edad estuvo a cargo del municipio y el departamento, ocupó una cartera Ministerial y una curul en la época dorada del Senado de la República. Un innovador en agricultura, ganadería y finanzas, que abrió tierras y fundó empresas públicas, privadas y mixtas. Su madre de quien heredó el don de mando y sabiduría práctica de la mujer ordenada y hacendosa, era quien ponía el amor del hogar y los limites a golpe de pretina a 4 niños a los que su padre nunca reprendió.

Pasó parte de su infancia en Jericó donde vivieron sus abuelos paternos María Abad Restrepo y Manuel Echeverri Ochoa, oriundo de Rionegro pero que desde los 12 años empezó su negocio de arriería y ganados en sociedad con su suegro Don Antonio Abad, unos de los colonizadores importantes del Suroeste Antioqueño. De Don Manuel Echeverri nació su afición por el campo y los caballos en las laderas de Cauca y los tabacos; de sus amigos desde la infancia su afición por el polo que se inició en las mangas de los señores Botero en Envigado.

Fabio Echeverri Correa y Luis Guillermo Echeverri Vélez

A los 10 años llegó con su familia a Bogotá donde compartió la banca de la escuela con quienes serian también sus compañeros de deporte y de fiesta por el resto de sus días. Muy querido por sus compañeros, fue enamorado, peleador y fiestero. Para él todo era simple: el mundo se dividía en dos: buenas personas a quienes hay que defender y malas personas a las cuales no se les puede permitir que le hagan daño a uno, ni a la sociedad.

En su adolescencia trabajó con su padre abriendo tierras de ganado, café y agricultura en Antioquia, el Magdalena Medio, la Costa y en el Valle del Cauca. Luego fue enviado a Canadá a aprender ingles con su hermano Héctor y terminó su bachillerato en la Academia Militar de Nueva York. Allí se destacó como deportista en boxeo, equitación, lacrosse y lucha libre.

Inició su vida universitaria en Bogotá graduándose como el primer economista de la Universidad Tadeo Lozano, donde como líder estudiantil llegó con todos sus compañeros después de un altercado intelectual por una carta que le escribió al Dr. Mario Laserna. Fue vicepresidente de la Asociación Colombiana de Estudiantes y vivió la violencia política, durante la cual lo apresaron en Puerto Berrio, después de haber escapado una noche de la muerte a manos del ejército conservador que mató y violó las mujeres, además de asesinar a más de 30 trabajadores en la finca Casa Nueva, propiedad de su padre, en el río Ité.

Su abuelo Manuel le ayudó a pagar su primer carro pero no le quiso firmar una pagaré, para que aprendiera que siempre tenía que honrar sus compromisos y no deberle nada a nadie. Trabajó durante toda su carrera haciendo estudios económicos, manejando una fábrica de su primo José Tomás Uribe Abad y vendiendo carteras los fines de semana por los pueblos de la sabana. Fue corredor de autos, motociclista, aviador, saltó a caballo, crió caballos de carreras y de polo, deporte que amó y practicó casi toda su vida.

Se casó a temprana edad con María Elena Vélez Muñoz, hija de Don Bernardo Vélez, uno de los fundadores en 1932 del Alemán Colombiano, que luego se transformó en el Banco Comercial Antioqueño, donde su abuelo Manuel fue también accionista importante. Trabajó en el Banco de Colombia en Bogotá y luego en Medellín y fue gerente de Almagrán. Tras la muerte de su suegro y su padre manejó los negocios de ambas familias y se dedicó a la compra y venta de ganados por todo el país.  Presidió la junta de Fondo Ganadero de Antioquía, entidad fundada por su padre, liderando por dos décadas el fomento y extensión ganadera de la institución.

Luego inició su vida al servicio de la sociedad como gerente de las Empresas Varias de Medellín, donde realizó una transformación en el aseo de la ciudad, construyó y mejoró sus plazas de mercado y la central mayorista que aún sirve todo el área metropolitana, amplió la feria de ganados, modernizó el matadero y trajo a la ciudad la primera planta de tratamiento de basuras.

La pasión de Fabio Echeverri: los caballos de Polo.

Como industrial fue presidente de SIMESA S.A., sacándola de la quiebra, creó a HOLASA con inversión japonesa y estuvo en múltiples juntas directivas, luego se nominó como nuevo presidente de la ANDI siendo apoyado por los industriales del Valle del Cauca, desde donde lucho por casi dos décadas por el sector productivo nacional, sus empleos y por la institucionalidad del país, combatiendo abiertamente la ilegalidad, la corrupción, las drogas ilegales y el contrabando. Fue también durante varios períodos presidente de la AILA, Asociación de Industriales Latinoamericanos y representó a la ANDI en la OIT y en las negociaciones del Pacto Andino.

Con su segunda esposa, Elena Mogollón, construyó y residió en ella desde 1980, la Hacienda Caballo Bayo, en las inmediaciones de Puente Piedra, donde cada caballo, cada vaca, cada perro, cada árbol, cada potrero y cada mejora llevan su sello personal. Con Elena también recorrió el mundo entero, llenándose de innumerables amigos en todos los continentes. Por varios años fue columnista del periódico El Tiempo y luego de los diarios nacionales asociados a Colprensa. Fundó centros de estudios y universitarios, diarios, revistas y hasta medios digitales. En los años 70 presidió el Directorio Liberal de Antioquia y fue figura clave en las campañas presidenciales de Lleras, López y Turbay. En los 90, tras varios trastornos de salud se hizo cargo hasta su último día de la fundación Clínica Shaio, entidad que también recuperó de una quiebra. En el 2001 se hizo cargo de la Asociación Primero Colombia, entidad promotora de las dos exitosas campañas presidenciales del Doctor Álvaro Uribe Vélez. Con edad avanzada coordinó muchos temas en la primera administración de Uribe, presidió Ecopetrol ayudando a la democratización de la entidad y manejó con absoluta transparencia el proceso de evolución de las comunicaciones.

Mi padre fue un hombre que nunca le faltó a sus compromisos ni obligaciones, a su país, a sus amigos ni a quienes trabajaron bajo su dirección y fueron siempre sus más queridos compañeros. Dejó entrañables amistades regadas por todo el mundo que recorrió con admiración y con la ilusión de que Colombia algún día llegara a ser una sociedad culta, desarrollada y próspera.

Sus últimos años los pasamos juntos hablando todos los días de caballos, de doma, de actualidad mundial y de la gran preocupación que tenía por el destino de la región y el país. Mi padre le cumplió con creces a la sociedad, siempre sacrificó beneficios y riquezas personales en favor de conservar su palabra, su independencia y prestancia como sus más preciados activos.

2. Recordando al hermano

Por: María Rebeca Echeverri de Chaux

En el hogar constituido por Luis Guillermo Echeverri Abad y Lucia Correa Arango nacimos Fabio de primogénito y yo de menor.  Tuvimos una niñez muy feliz, cuatro abuelos contempladores, a él le toco la fortuna de conocer dos bisabuelas de quienes me contaba sus anécdotas. Nacimos en Medellín querida y bella ciudad que siempre quiso y por la que hizo mucho.

Cuando a mi padre lo nombro el Presidente Alfonso López Pumarejo ministro, nos trasladamos padres e hijos para Bogotá, la emoción de montar por primera vez en el avión DC-3 fue muy grande. Él, como si hubiera montado antes, me dirigía,  en especial en los vacios. Ya en la capital nos integramos muy bien en esta ciudad oscura y fría donde crecimos y compartimos la vida. La música fue una de sus pasiones y cuando cumplí 16 años llego de sorpresa con el maestro Escalona y los vallenatos. Así introdujo en las fiestas de Bogotá esta música poética y bullosa. Su buenamosura y hombría enloquecía a las jóvenes de la época.

Fabio Echeverri y María Rebeca Echeverri de Chaux

Uno de los momentos más felices de su vida fue el nacimiento de su hijo, el cual compartí con él. Más tarde compartimos momentos muy felices y también muy tristes los cuales supimos superar primero con la gran ayuda de mis padres y luego con el gran carácter que tuvo.

Hoy al verlo partir comparto el réquiem para un ser querido:

Silencio y paz

Fue llevado al país de la vida

Para que hacer preguntas?

Su morada, desde ahora, es el descanso,

Y su vestido la Luz. Para Siempre

Silencio y paz. Que sabemos nosotros?

Dios mío, Señor de la Historia y dueño del ayer y del mañana, en tus manos están las llaves de la vida y de la muerte. Sin preguntarnos, lo llevaste contigo a la Morada Santa y nosotros cerramos nuestros ojos, bajamos la frente y simplemente te decimos: está bien. Sea

Silencio y paz

La música fue sumergida en las aguas profundas y todas las nostalgias gravitan sobre las llanuras infinitas

Se acabo el combate. Ya no habrá para el lagrimas ni llanto, ni sobresaltos. El sol brillara por siempre sobre su frente, y una paz intangible asegurara definitivamente sus fronteras.

Señor de nuestros destinos, en tus manos depositamos silenciosamente este ser entrañable que se nos fue.

Mientras aquí abajo entregamos a la tierra sus despojos transitorios duerma su alma inmortal para siempre en la paz eterna, en tu seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia. Silencio y Paz.

3. Más allá de una dimensión pública

Por: Catalina Chaux Echeverri

“La vida tiene una larga serie de acontecimientos importantes, que son los que más hondamente marcan su huella  en el espíritu del hombre, y los que determinan su paz y su alegría, o su desgracia y desasosiego  a lo largo de los años.” Esas fueron las palabras con las que Luis Guillermo Echeverri comenzó una carta a sus hijos Fabio y Héctor cuando eran pequeños y viajaron a Canadá a estudiar, país al que siempre le guardo un gran cariño.

Escribir sobre Fabio Echeverri Correa no es tarea fácil, porque muchos medios, columnistas y periodistas se han referido a él durante el transcurso de los años por su actuar en el acontecer nacional. Sus declaraciones, en algunas ocasiones polémicas y controversiales, pero siempre relevantes,  o bien porque narren algunos de sus logros y desempeños en especial, durante la última semana. Pero es más difícil aún, porque siempre nos quedaremos cortos en sus logros, anécdotas, historias, siempre quedara algo más por contar. Muchos, con memoria reciente, le dan mayor relevancia a su gerencia de las Campañas presidenciales de Álvaro Uribe Vélez y sus valiosos aportes, o a su tarea de hacer viable la Clínica Shaio institución a la que dedicó tantos años. Pero sus logros y su trabajo por el país van más allá, porque desde joven dedicó su tiempo tanto a Antioquia como al país.

Su labor en la ANDI, Asociación Nacional de Industrial, así lo muestra, porque tanto en esa entidad como en muchos otros campos claramente se puede ver un antes y un después de Fabio Echeverri que marcó con su recio carácter y su forma honesta, frentera y directa la forma en la que asumió todos los retos y situaciones, por difíciles que ellos fueran.

Los que tuvimos el privilegio de conocerlo mas allá de esa dimensión pública del acontecer nacional,  pudimos ver esa otra dimensión de su ser. Apasionado por los caballos, el polo, la naturaleza y el campo. Gran melómano, le encantaban los boleros, el piano, el vallenato, los tangos, su colección de música nos impresionaba a todos. En muchas ocasiones insistía en que la música se debía escuchar en silencio sin que las conversaciones la interrumpieran. Gozaba con el baile y la parranda y decía que una buena bailarina debía dejarse guiar. Disfrutaba la comida, las conversaciones en familia y con amigos pero sobre todo disfrutaba la vida con la que se sentía inmensamente agradecido, por lo cual estaba bastante tranquilo, sabiendo que “el de arriba, el  del computador” era quien decidía.

No sentía envidias, ni celos ni egoísmos. Era fuerte y exigía con cariño a quienes quería, tal vez recordando otras palabras del abuelo en su carta: “La moral vale más que todo en la vida y el que de ella se desvía no vuelve a encontrar fácilmente las rutas que conducen a la tranquilidad de la conciencia y a la alegría de vivir”. 

Su capacidad de dar valiosos consejos y escuchar trascendía a cualquier generación y a cualquier oficio. Pocas personas saben escuchar a las personas como él lo hacía.  Nos harán falta sus buenos consejos, entre otros: “Los problemas hay que enfrentarlos usando la cabeza y no las emociones” hay que ser “duros con el argumento y suaves con la persona”, extrañaremos sus regaños y su presencia. Siempre estará vigente y tristemente pocos quedan como él.

Siempre estarás en nuestro corazón.

4. La reseña de un “Hombre grande” 

Por: Humberto  Jiménez

Sobre Fabio Echeverri Correa, quien dejó enseñanzas de vida, carácter, templanza, buen colombiano, refinado analista político y económico, empresario, gran amigo, gocetas, conversador, gran miembro de familia y esposo, gran dirigente, líder, buen consejero, entre muchas otras virtudes, no se deberían escribir reseñas, sino libros.

Era capaz de interpretar momentos fundamentales de la vida con una simple frase. “La economía va bien pero el país va mal”, o “es solo cambiar un articulito”, entre muchas otras, demuestra su capacidad de síntesis para reflejar momentos del país.

Amable y amplio con su conocimiento; ácido y directo con sus críticas. Hablaba claro. No decoraba sus frases. Siempre se supo lo que quería decir. No utilizaba silogismos o estrategias para comunicarse. Simplemente decía lo que creía que tenía que decir.

Pudo ocupar los cargos que hubiese querido. No fue ministro, porque no quiso. No fue Embajador, porque no quiso. Cuando lo tentaron para que fuese candidato para ejercer el más alto cargo del país, no le interesó, a pesar de que tenía todas las condiciones intelectuales, profesionales, conocimiento, liderazgo y capacidad para ejercerlo.

Asumía retos para hacer posible lo que era imposible. Sacó Empresas Varias de Medellín de problemas. Asumió la dirección de Simesa en su peor momento. Aceptó dirigir la primera campaña del Presidente  Uribe, cuando éste prácticamente no marcaba en las encuestas. Asumió la Presidencia de la Shaio, cuando estaba a punto de ser cerrada y no parecía ser viable. En todos esos procesos fue exitoso, los llevó a un buen final, sin jamás haber pedido nada en contraprestación.

Fue un hombre de resultados. Lo que asumió, lo llevó a buen término; con entrega, dedicación y liderazgo.

Lo lograba sin romper reglas. Respetando las normas, las buenas costumbres y los principios que nos rigen.

Consideraba que el poder y el dinero eran para ayudar a los menos favorecidos, y no para vanagloriarse de él o beneficiarse del  mismo.

Fue duro en sus juicios contra la delincuencia, contra el narcotráfico, contra los que generaban violencia. Cuando la sociedad fue permisiva, el no se doblegaba. Persistía en sus críticas. Jamás le tuvo miedo al miedo. No se dejó amedrentar de ninguno de ellos. Los enfrentó con carácter y decisión, aún a riesgo de su propia vida y la de su familia.

Tampoco le hizo reverencia al poder o al dinero. Los respetaba pero no se impresionaba con ellos. La gente que lo rodeaba no solamente lo quería. Lo adoraba. Era guía, consejero, amigo, ayudador y hombro para todos ellos.

Ricos, poderosos y humildes acudían a su consejo, el cual jamás negó. A todos los trataba igual. Con el mismo afecto, paciencia, desinterés personal y dedicación.

Pero hay otra faceta de su vida tan maravillosa como la anterior. Era un gocetas.

Disfrutaba un plátano al horno, o las mejores viandas. Unos tipleros o los mejores músicos. La conversación más profunda y fundamentada, o las más triviales, intrascendente e informales.

Apegado al campo, los animales, la naturaleza y su gente.

Quienes fuimos sus huéspedes, disfrutamos una y otra vez, de tertulias,  almuerzos sabaneros acompañados de  buena música, risas y conversaciones amenas, y de la maravillosa y siempre risueña anfitriona, su inseparable y solidaria compañera de vida, Elenita Mogollón. En sus cumpleaños no solo reunía sus grandes amigos, sino desde el sitio que estuviesen llegaban sus tres maravillosos nietos, María, Rafaela y Emanuel, y su hijo Luigi, quien estuvo acompañándolo de manera permanente y cariñosa en sus últimos años.

Se fue un “GRANDE”. El amigo. El consejero. El Maestro. Pero sobre todo, se fue un gran ser humano.

5. “La gente que trabaja conmigo me dura la vida entera”

Por: Alfonso Gómez Palacios

Esto dijo el doctor Fabio Echeverri Correa en una entrevista en la que, entre otras muchas cosas, se refería a la muerte. Como en mi caso y creo que en el de muchas de otras personas que tuvieron la fortuna en compartir con don Fabio jornadas de trabajo y proyectos, siempre salí con la certeza de haber aprendido algo. Las razones eran muchas. El doctor Fabio era una persona de todos los tiempos; así como explicaba con absoluta riqueza el oficio del campo hace 30 o 40 años, hacía preguntas retadoras sobre las vicisitudes de una compañía en proceso de digitalización de nuestros días, con lo cual iba elaborando una opinión que siempre sorprendía.

La virtud de poner en “facilito” situaciones complejas es, sin duda alguna, una de sus calidades que más se extrañará. No era minimizar lo complejo o los problemas, sino identificar el verdadero reto y las palancas para solventarlo. Su visión nunca se agotaba en las puertas de las empresas. Entendía la empresa y la actividad empresarial como parte fundamental de un sector, de una industria y de un país a cuyo crecimiento y desarrollo debía aportarse con la generación de empleo, la realización de inversiones productivas y el bienestar de la comunidad, principios con los cuales defendía la actividad empresarial lucrativa cuando se ejercía de manera honrada.

La gente fue su obsesión. Fui testigo de su permanente tarea de querer a quienes trabajaban con él y a sus amigos, brindando confianza y consejo para que acertaran y no cometieran los errores que otros o él mismo habían cometido.

Disfrutaba como nadie de los temas que lo apasionaban. Sin ser un orden de importancia y, estando seguro que dejo algunas por fuera, quiero referirme a tres. Colombia siempre fue su pasión; conocedor como pocos de nuestra historia con detalles municipales de los cuales había sido testigo y que relataba con tal minucia e inteligencia, recogiendo no solo lo anecdótico sino el valor del momento o su enseñanza desde su aguda visión política o económica. Siempre buscaba hacer sentir y revivir el amor por el país, y a sentirnos obligados a opinar y tomar partido, no por una razón distinta a que es un derecho.

La Fundación Shaio. Hoy es un centro de primera línea en Latinoamérica en cuidados del corazón; con tecnología de punta, equipos especializados – en algunos casos únicos en el país – y con el personal médico y administrativo del sector salud de la más alta calidad de Colombia. Pero hace 17 años años el panorama de la Shaio era más que desolador; una entidad en un complejo proceso de liquidación, con obligaciones y cargas que parecían no dejar espacio para su salvación, en realidad en cuidados intensivos. Convencido de su meta, entregó 25 años de manera gratuita para dejarle a Colombia un centro que desarrolla investigaciones en materia coronaria de talla mundial y salva miles de vidas de manera constante.

El amor por su familia siempre hace estremecer. Para muchos por el supuesto contraste de su definido carácter, respecto del cual nunca esperaban encontrar al mismo tiempo tanta generosidad de corazón. En sus nietos, su hijo y Elenita comprometió toda su energía y fuerza para demostrarles su inmenso amor. Honraba como nadie la memoria de su señor padre, recordando todas sus ejecutorias y enseñanzas. Y, en realidad, a toda su familia ponderaba para que no se perdiera esa historia de raíces de arrieras, de vocación de letras y de conocimiento.    

“En realidad de verdad”, como decía el doctor Fabio, a no pocos nos enseñó de la vida, sin importar de qué orilla se estuviera. Siempre rescató el valor de compartir y conversar junto a unos amigos, y si era con un trago y buena música, mejor aún; no en vano decía lo que practicaba “…Yo me iré a un lugar donde toquen muy buena música, se baile todo el tiempo y la pase contento…” como repitió en la misma entrevista en la que le preguntan ¿Cree que hay un más allá?

6. Fabio Echeverri Correa: mi mentor, mi amigo

Por: Carlos Leaño

Había sido invitado a la casa de un ilustre por allá a finales de 1.989. Con apenas 21 años, recién salido de la Universidad y con unas ganas infinitas de conseguir trabajo para casarme con la cartagenera de mi alma, me la pasaba de bohemia en bohemia cantándole a los ya crecidos ejecutivos que por esa época visitaban Cartagena, buscando afanosamente un espacio en esta ciudad amurallada, algo muy difícil para un joven pastuso criado en la Capital. Carmencita Delgado y José Henrique Rizo, fueron los culpables de que ese día llegara a la casa de Fabio.

No creo exagerar una palabra si digo que nos conectamos inmediatamente, aun cuando él bordeaba los 56 y yo recién salía de la Universidad. Me ayudó mucho no entender la real dimensión de la dignidad que representaba; después de batirme un buen rato con mi mejor repertorio de “nueva trova cubana” se presentó el momento. Amablemente me preguntó: ¿usted que hace? Por esas cosas del destino tuve la oportunidad de resumirle en 14 segundos mi hoja de vida y mis grandes deseos de surgir. Años después supe apreciar su vocación como Mentor de jóvenes profesionales, siendo testigo de excepción, la gran cosecha de ejecutivos que hoy día brillan en las grandes empresas colombianas y extranjeras, gracias a esa primera oportunidad que les brindó el Dr. Fabio.

Carlos Leaño y Fabio Echeverri

Así fue conmigo…después de una corta conversación y con un cariñoso “mándeme la hoja de vida a la Presidencia de la ANDI”, arranqué en 1.990 mi carrera laboral, de la cual los primeros 13 años fue en esta querida Asociación, en la que tuve la oportunidad de trabajar al lado de reconocidos profesionales y connotados Industriales y formarme un criterio integral, desde mi oficio, del sector agroindustrial colombiano, lo cual, años adelante me ha permitido ejercer con rigor y responsabilidad, mis actividades actuales. Pasé solo un año bajo su tutela. En 1.991 decidió que había llegado el momento de dejar la presidencia de la ANDI tras 17 años, durante los cuales, fue la voz que se alzó con firmeza para defender con independencia y criterio, los más altos intereses del sector empresarial colombiano.

Desde aquel entonces nunca dejé de verlo, ni de pedirle consejo, porque siempre estuvo ahí, a pesar de ser un tipo ocupado en cosas importantes. Su franqueza y transparencia  fueron siempre un faro para mí. Su gran cariño por mi familia y su preocupación por mi futuro, siempre fueron evidentes. Se sentía orgulloso de verme crecer personal y profesionalmente. Cuando tenía que comentar algo relacionado con mi campo profesional, la industria agroalimentaria, no dudaba en pedir mi opinión. En el fondo, Fabio sabía que mis logros eran su obra.

Durante 29 años compartimos el gusto por la música. Los lazos de cariño se estrechaban más fuerte en esos momentos, al tiempo que le recargaban de energía y vitalidad. ¡Qué grato era verlo autoritariamente callar el bullicio de la bohemia para oírme interpretarle: A mis amigos o Mi unicornio Azul!, al tiempo de acompañarlas con su silbido característico. Hace unos meses, da gusto recordarlo, organizó en su casa un mano a mano con Patricia González, la reconocida bolerista ecuatoriana, ocasión en que la bohemia, las lágrimas y el afecto se ensañaron con todos. Ese era Fabio, arrollador y vertical en lo que pensaba y decía y un sentimental enamorado de la vida, de Elena su Amada, de Luigi su único hijo y de sus Nietos y, por supuesto, de la música.

Nadie impactó mi vida como Fabio Echeverri. Nadie me generó más respeto, admiración y confianza. Nadie puede llenar el vacío que deja su partida, porque el “dueño del computador, como él llamaba a Dios” botó el molde con el que le dio la vida. ¡Qué falta que me hace Fabio…Qué falta le hará a Colombia!

7. La importancia del carácter

Por: Ivan Duque Márquez

Fabio Echeverri Correa partió para la eternidad luego de haber vivido a plenitud. Fue el más importante de los líderes gremiales que haya tenido Colombia, un Gerente empresarial lleno de resultados, un banquero práctico, un filántropo sin autopromoción, un político irreverente y el más influyente de los asesores presidenciales en el gobierno de Álvaro Uribe. A esa privilegiada lista de definiciones se le debe agregar la de agricultor, ganadero, piloto, boxeador, jugador de polo, columnista, bailarín y fascinante bohemio, como queda en evidencia con su inigualable colección de música y su interminable lista de amigos y contertulios.

Sobre Fabio se podrían decir muchas cosas y se podrían agotar las horas sin terminar de recordar sus anécdotas. Pero lo más importante que nos deja se llama su carácter. Todos quienes lo conocimos y estuvimos a su lado gozando de su consejo y amistad, tenemos algo que nos une y ese algo no es nada más ni nada menos que la huella de su carácter en nuestra personalidad. Fabio nos enseñó a no tragar entero, a no ser hipócritas en el pensamiento, a no pretender complacer, a no ser tolerante con lo cual se tienen diferencias. Su talente era claro en estas materias, Fabio decía todo lo que pensaba y pensaba todo lo que decía.

En su carácter recio y quizás intimidante sobresalía otra faceta. Era un ser que infundía respeto reverencial y al mismo tiempo ternura y simpatía. Sus carcajadas entre la voz ronca y la repetición pícara de su risa, lo asemejaba a un niño después de una pilatuna y su deseo de gozar, cantar, conversar sin limitaciones de tiempo hacía que sus largas tenidas en su casa fueran siempre deleitantes.

Iván Duque y Fabio Echeverri Correa.

Pocas personas en la vida he conocido con las capacidades analíticas de Fabio. Llegaba a la nuez de los problemas de manera inmediata. No se distraía en las cosas menores y sabía como brindar guía combinando la solución práctica con una profunda explicación lógica. Esas condiciones hacían que su estudio y su escritorio, en torno al cual se ubicaban políticos, gerentes, periodistas, veterinarios, ganaderos y señoras de sociedad, fuera como una especie de consultorio o chimenea, donde habita el sicólogo amigo o el sabio de la tribu para impartir reflexiones de acuerdo a su experiencia.

Fabio era un amigo que lo daba todo sin límites. Era consejero y al mismo tiempo tomaba todo el tiempo necesario para escuchar. Era drástico y al mismo tiempo comprensivo, lloraba con gratos recuerdos y era implacable con quienes habían quedado en su retentiva como desleales. No se dejaba faltar al respeto de nadie y tampoco le rindió pleitesías a nadie. No lo ilusionaron los cargos públicos ni los honores palaciegos. Su casa, sus caballos, su maravillosa y encantadora esposa Elena Mogollón, sus nietos y su hijo Luigi, quien era su mejor amigo, eran su alegría, su refugio, su todo.

Cuando Fabio falleció se presentaron centenares de personas a expresar sus condolencias. Decenas de ejecutivos exitosos fueron formados por él en la ANDI, otro tanto de altos funcionarios fueron impulsados por Fabio en su camino, pero fue muy diciente el llanto de sus empleados en la Finca y la Clínica Shaio, además de tantos otros que lo acompañaron en distintas facetas. Su llanto era como el de un huérfano, inconsolable y profundo.

Fabio fue uno de los mejores amigos de mi papá y debo decirlo también uno de los mejores amigos que he tenido. Su presencia en mi vida la agradezco porque su carácter, que era su mayor cualidad, es un patrimonio incalculable que lo hace un ser imprescindible.

8. Un hombre extraordinario, recio, directo y amoroso

Por: Adriana Bernal Salgado 

Solo tengo palabras de agradecimientos para Fabio Echeverri. Estuvo en momentos importantes de mi vida, ya fueran de risas, alegría o de dolor y sufrimiento. Él, un hombre protector y amoroso, siempre me aconsejaba de una forma directa, fuerte y no faltaba  el regaño, pero siempre cerraba de forma amorosa y paternal apodándome de forma cariñosa: “Polvorita”.

Adriana Bernal y Fabio Echeverri

Amigo de sus amigos, gran Padre, abuelo y esposo, para él su familia era lo primero y siempre hablaba con orgullo de Luigi y sus nietos. Ni que decir de su compañera de vida, Elenita, a quien le debo esta relación y familia, porque a través de ella, su generosidad y entrega por los más necesitados con su fundación ‘Granitos de paz’, me permitió entrar a su casa que se volvió mi segundo hogar sumándose mi esposo Carlos y mis hijos: Daniela, José Antonio y Valentina, quienes también lo amaron y recibieron grandes enseñanzas.

Dejó una huella imborrable para toda la vida, porque sus consejos no tienen vigencia. Me hablaba con sabiduría de la historia del país porque fue un valiente contra un sistema corrupto y luchó contra el narcotráfico y todas sus aristas.

Me aconsejaba sobre la vida, me insistía que la familia era lo primero y que la unidad estaba en este núcleo.

Elenita y Fabio Echeverri

Me apoyó en mis ideas y proyecto periodístico que hoy es un gran medio de comunicación y me acompañó en los consejos editoriales, esos mismos que brillaban por su conocimiento de país.

Seguirá presente en nuestras vidas, porque más que una huella sembró una gran familia y una colonia de verdaderos amigos.

A Elenita, Luigi, María, Rafaela, Emanuel todos mis agradecimientos por permitir estar en la vida de su padre, esposo y abuelo les reitero mi cariño y mi amistad por siempre, a su hermana Maria Rebeca e hijas las acompañamos en este duelo , a todos sus grandes amigos les digo que hará mucha falta pero que  fuimos y somos muy afortunados de haber presenciado y disfrutado a un ser humano como Fabio Echeverri Correa.