Él dibuja estas caricaturas

6 de julio del 2013

Los dibujos de Alberto Montt tienen miles de visitantes ¿Quien es este ecuatoriano que se burla de Dios y el diablo?

Alberto Montt, Dosis diarias, Kienyke

Una caricatura de Alberto Montt puede tener en Facebook cerca de 150 mil visitantes en un día. Sus dibujos, dominados por la cotidianidad y el humor universal, son un fenómeno en las redes sociales. Se han hecho tan populares que pueden leerse en catalán, portugués, inglés y alemán. Para Montt cada una de sus creaciones es una voz que le permite decir cosas. Su intención no es hacer reír porque asegura que el humor no tiene que ver con la risa sino con la diferencia y la sorpresa.

Montt hizo sus primeros trazos con la ayuda de Mafalda, Condorito y Olafo. De niño vivió en una casa de campo en Tandapi (Ecuador) cerca de Santo Domingo de los Colorados, un lugar rodeado de plantas e insectos donde escaseaba la luz eléctrica. El sol marcaba la rutina diaria. Eran pocas las distracciones para un pequeño de cinco años. Sin embargo, Alberto encontró un pasatiempo en las revistas que su papá le traía de un pueblo cercano. Las ojeaba y luego copiaba los dibujos allí impresos. Se trataba de las caricaturas más famosas de la época.

“Yo creo que mi viejo vio Mafalda, notó que tenía dibujitos de niños y pensó que era para niños. No se dio cuenta que tenía ideas subversivas”, dice el caricaturista. “Como todo niño empecé a dibujar, pero la ventaja fue que nunca terminé”.

Alberto Montt, Dosis diarias, Kienyke

El dibujo se volvió un asunto serio cuando estaba en el colegio. Confiesa que pasaba las clases dibujando y llenando los cuadernos –que todavía conserva– de monstruos y robots. A pesar de la distracción siempre lograba buenas calificaciones. Fue así como descubrió que entraba a un estado de conciencia especial que le permitía escuchar de manera atenta a los profesores. Otra influencia fue el contacto con el arte, los libros y discos que había tenido gracias a sus 16 tíos por parte de mamá.

Al graduarse como bachiller su primer intento fue el arte. Dos años después dejó la carrera porque “no representaba ningún tipo de reto intelectual, era mecánico”. Luego se inscribió en diseño y abrió su propia empresa para dedicarse a ilustrar. Cuando obtuvo el título,  Alberto decidió que le hacía falta “el ruido de autos”. Empacó maletas y viajó a Chile.

Recuerda que fue un choque gigante porque pasó de una ciudad donde todos se conocen a un lugar donde todos son anónimos. Además, cada día debía conseguir dinero para comer. Trabajó como diseñador o haciendo cualquier cosa. Pero no tuvo mucha estabilidad.  Ya con 26 años, Alberto decidió salir al quiosco de la esquina  y comprar 40 dólares –el único dinero que tenía en el bolsillo– en revistas.  Así contactó a los directores de cada una de las publicaciones y los llamó para ofrecerles sus servicios.

Alberto Montt, Dosis diarias, Kienyke

“Me fue pésimo. Todos me decían:  ‘no, no, no’. Mi respuesta de supervivencia fue pedir quince minutos para enseñar mi portafolio que había hecho en dos semanas, donde traté de hacer veinte imágenes más o menos convincentes”.

Al poco tiempo lo llamaron para una prueba y desde aquellos días no ha parado. Se convirtió en colaborador de revistas, medios de comunicación y comenzó a ilustrar libros. Pero el trabajo terminó siendo mecánico. Fue cuando decidió abrir el blog Dosis Diarias y hacer ilustraciones para él, no para otros.

Hace siete años, Montt comenzó a dibujar aquellas caricaturas de narices protuberantes, donde aparece Dios, el diablo y algunos animales que hablan. Solo le interesaba divertirse. Poco a poco se convirtió en una página muy visitada que le abrió las puertas. Publicaciones de Colombia, Costa Rica, Italia, Ecuador, Perú, México, España y Argentina se interesaron en sus viñetas. Sin embargo, las actualizaciones del blog las hace cada vez que tiene ganas.

Para Montt Dosis Diarias es un pequeño lugar de descanso, pues no vive económicamente de él. Gana dinero con la ilustración. Sobre su rutina de trabajo dice: “estoy todo el día con el cerebro abierto”. En un taller, ubicado en su casa donde tiene libros y un televisor con juegos de video, piensa las ideas para luego convertirlas en dibujos. Procura que sus ilustraciones estén relacionadas con el humor universal y muy pocas veces con la coyuntura noticiosa. No tiene un horario establecido y su constante inspiración es el humor de Quino y Gary Larson.

Alberto Montt, Dosis diarias, Kienyke

Montt, ecuatoriano de nacimiento, ha hecho cerca de dos mil caricaturas desde noviembre de 2006. Contenido suficiente para publicar siete libros. En la actualidad se encuentra terminando su primera novela gráfica y el octavo libro de recopilación de sus caricaturas.

Su trabajo ha recibido críticas por parte de los vegetarianos, pues en varias ocasiones hace chistes sobre el tema. También ha dejado en evidencia que es ateo. Pese a que Alberto creció en una familia católica. Entre los 12 y 15 años comenzó a cuestionarse sobre la realidad y sus planteamientos. “Ahí terminé diciendo esto no tiene sentido para mí y chao. Fue una liberación absoluta”.

Sobre la política dice: “si tuviera que elegir entre izquierda y derecha, sin duda, elijo la izquierda. Tiene que ver con todo lo que yo pienso. Políticas liberales, políticas sociales humanistas y políticas económicas que prioricen a las personas y no al resultado”. Alberto Montt, casado y papá de una hija de dos años, solo llora con la cebolla y dice, a manera de broma, que si no fuera ilustrador, sería asesino.

Alberto Montt, Dosis diarias, Kienyke

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