Alejandro Ordóñez: No me van a sacar de la vida pública, ¡conmigo tacan burro!

Alejandro Ordóñez: No me van a sacar de la vida pública, ¡conmigo tacan burro!

1 de noviembre del 2016

Ese hombre implacable, severo, radical, al que algunos consideran retrógrado y otros misógino y fanático religioso, ese personaje que hoy encarna la ultra-derecha colombiana, es tan sentimental que se conmueve de amor y llora de felicidad hablando de su esposa, Beatriz, o de sus hijas y familia.

-Soy un hombre feliz, dice después de enjugar las lágrimas, en entrevista que le hice sobre la vida, hurgando en su alma, tratando de construir su biografía.

 No lo animé ni lo interrumpí. Me contuve para no disparar la cámara que tenía en las manos.  

 -Conocí en la universidad a mi señora, que fue mi única novia. Llevo 32 años de casado, dice al reincorporarse. Mi mujer es muy edificante y hacendosa.

 Mis hijas, con problemas como tienen todas las familias, con alegrías, con pesares, con las dificultades que genera la educación, la adolescencia, pero he sido un hombre feliz y afortunado. Mi esposa y mis hijas han sido una bendición y yo no lo escondo. La fe católica, es el fundamento de mi vida familiar y matrimonial.

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 ¿Llora de amor?

 Así es. Lloro mucho, yo soy muy sensible, y a medida que pasa el tiempo mucho más. La muerte de mis padres, los problemas de los hijos a uno lo quiebran, ¿y qué padre o qué adolescente no tiene problemas?

 ¿Pensar en la familia lo empuja hasta el llanto?

Así es. Los recuerdos muchas veces lo conmocionan a uno, lo conmocionan hasta hacerlo llorar, y la alegría de tener la esposa que tengo y los hijos que tengo, y los nietos que tengo. Yo tengo siete mujeres, hasta hace poco ocho porque mi madre murió, esposa, tres hijas y tres nietas, y me acusan de misógino.

 Y creo que también contrató a varios funcionarios homosexuales en la Procuraduría….

Sí, claro, lo hice a veces sabiendo y otras veces sin saberlo. Los homosexuales tienen derecho al trabajo y a ejercer todos los derechos como ciudadanos.

Alejandro Ordóñez Maldonado (1955), exprocurador general de la Nación y aspirante a la Presidencia de la República (sin todavía formalizarlo) es hijo –me cuenta- de una familia tradicional de Bucaramanga. Su padre, Miguel Ordóñez Cadena, su madre Mery Maldonado de Ordóñez.

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Alejandro Ordóñez, el hombre detrás del político

Mi padre un industrial, un hombre muy trabajador, ponderado, ecuánime, un hombre ejemplar. Estudió galletería en Bélgica, al terminar bachillerato en el Colegio San Pedro Claver de Bucaramanga. Regresó, se casó con mi madre, una mujer ocañera, también de grandes virtudes como eran esas mujeres de los años 40.

La mía fue una familia armoniosa, con mucho respeto, de acendradas convicciones católicas, tuve cuatro hermanos, éramos cinco en el hogar, tres hombres y dos mujeres. Mi hermana es religiosa, y mis otros hermanos casados.

 Crecí en ese entorno familiar que me imprimió carácter, convicciones, porque al fin y al cabo la familia es el escenario natural donde se transmite todo, la fe, los valores, los principios, se genera confianza, se crea el capital humano. 

Unos son Sancho-panzas y otros quijotes

¿Es muy cercano a la religión católica o muy cercano a la filosofía conservadora?

La familia genera arraigos y convicciones. Yo me eduqué, aparte de la formación familiar, que dijéramos es determinante, en el colegio de San Pedro Claver con los sacerdotes jesuitas, y esa formación fue muy humanista.

 Era la formación de la época, el escenario cultural, nada atípico. Las personas de mi generación fuimos formados teniendo en cuenta la fe, la religión, la filosofía, la historia, y ello cinceló una forma de ver la vida y de afrontarla, porque para afrontar la vida hay una actitud ética y una actitud estética. 

Los estetas, los que tienen una formación estética, dijéramos que muy similar a la actitud de Sancho Panza, son meros espectadores. Quien tiene una actitud ética más que espectadores son protagonistas. Los que tienen formación estética, o una actitud estética, no tienen certeza sino que tienen opiniones. Quienes tienen una actitud ética tienen certezas. Los unos, los que tienen esa actitud estética se acomodan a las circunstancias, a los otros no les importa luchar contra la corriente y son actores. Los unos son sancho panzas, los otros son quijotes.

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¿Usted está entre los segundos? ¿Piensa eso?

(Risas). Daría la impresión. Sí, yo soy un hombre de principios, un hombre de fe, y creo que la fe permea la conducta, permite tener una visión de la vida, y esa visión le permite a uno asumir en la vida pública igualmente conductas de coherencia. 

Uno debe decir lo que piensa, porque para una persona de mi formación decir cosas que no piensa para acomodarse, para defender intereses, para asumir una posición utilitaria, sería muy mortificante. 

De joven leí esta frase que me marcó y me imprimió un sello: “Cumple vivir como tú piensas so pena de más tarde o más temprano terminar pensando como tú vives”. 

Y si hay algo que me ha causado muchos problemas, y me seguirá causando, pero tengo tranquilidad de conciencia, es decir lo que pienso. Eso no es frecuente en la vida pública, usted lo sabe, eso a veces no da buenos réditos, genera enemigos, lo obliga a estar en permanentes escenarios controversiales. 

Pero eso es preferible, primero, para tener tranquilidad en la conciencia, y segundo, para mejor cumplir el deber porque si hay algo que hoy requiere el ejercicio de lo público es el carácter, y parecería que la condición para estar en la vida pública es no tener carácter. Eso implica asumir riesgos.

¿Mis ideas deben ser las de todos?

Le critican que pretendió que sus ideas religiosas fueran la regla para medir al país desde la Procuraduría…

No pretendo que nadie sea como yo. He formado a mi familia, con la responsabilidad que tienen los padres de transmitir la fe, los valores, los principios, y sin imponerlos, sin utilizar la autoridad paterna para formatear a sus hijos, en mi caso a mis hijas, que tienen libre albedrío. No he sido impositivo.

En el plano público nadie puede mostrar una afirmación o documento mío de carácter confesional.

Por ejemplo cuando he intervenido ante la Corte Constitucional en defensa de la vida, de la concepción hasta la muerte natural, o en defensa del matrimonio entre un hombre y una mujer, o en defensa de la familia, pidiendo que no se permita la adopción de niños por parejas homosexuales, o en las intervenciones que he hecho referidas con mi oposición a la legalización de la droga, siempre han sido argumentos constitucionales, precedentes judiciales, que incluso en muchas ocasiones varios magistrados han acogido y algunas veces me han derrotado.

Lo que hay detrás es una terrible intolerancia de quienes no están de acuerdo con mis convicciones. Como Procurador han debido juzgarme o criticarme por lo que hice como funcionario, no por lo que pienso como persona.

En el fondo lo que hay es una reedición del delito de opinión, una actitud de discriminación por mis convicciones, por ser yo un hombre católico, y porque esas convicciones permean mi vida y pueden permear mi conducta. Un terrible atentado a las libertades consagradas en la Constitución, la libertad de concienca y la libertad religiosa.

 Conservador y reaccionario

¿Todos sus principios y apego a la religión lo convirtieron en reaccionario?

-Lo digo con toda tranquilidad, soy católico, y en filosofía tengo mi formación tomista, y políticamente yo soy más que conservador, soy un reaccionario, porque cada vez queda menos qué conservar, y cada vez hay más porqué reaccionar, y los cuerpos que reaccionan son los seres vivos, son los que están vivos.

 Cuando uno está muerto pues no reacciona, y hoy lo que hay debemos ser reacionarios, reaccionar contra muchas cosas que hoy aparecen como políticamente correctas.

¿De joven fue así? Porque dicen que quemaba libros…

Tuve una juventud intelectualmente bastante activa, pertenecía a grupos de estudio, de filosofía, de historia, y fui bastante controversial en mi universidad. 

Como decía un compañero magistrado del Consejo de Estado, el doctor Chucho Lemos Bustamante, un caucano, decía: uno es como es y a veces peor. Pero siempre he sido, mi talante ha sido ese. 

Digo lo que pienso y siempre he tenido la necesidad de ser coherente y eso ha considerado por algunos sectores como una amenaza. Pienso que es una garantía para ejercer bien los deberes. 

Yo no soy una amenaza para nadie. Algunos creían que la Procuraduría era simplemente el prefecto de disciplina de los funcionarios públicos, que lo es, pero no es solamente eso. 

Entonces se escandalizan cuando la Procuraduría evalúa las políticas públicas, que es una función que tiene, constitucional y desarrollada legalmente, evaluar las políticas públicas, acompañar en el diseño de las políticas públicas. Entonces yo fui bastante activo en la Procuraduría en el desarrollo del ejercicio de las competencias que fueron diseñadas no por mí. 

Mire, las grandes controversias que he generado han sido por temas que hoy dividen las sociedades en materia de familia fundamentalmente, y todo lo que ello implica: Matrimonio, adopción, vida.

Todo funciona bien o mal por la familia

Ordóñez se convierte en un alud de argumentos, reseñas y anécdotas en defensa de la familia. Sintetizo algunos de sus conceptos:

-Las funciones de la familia no las pueden prestar ni el Estado ni el mercado.

-La disolución de la célula familiar provoca tanto bullying, tanta adicción a la droga, tanto sicariato juvenil, tanta deserción escolar, tanta delincuencia juvenil, tanto embarazo adolescente, tanto suicidio infantil.

-Dice Chesterton: “Los que atacan la familia no saben lo que hacen porque desconocen lo que deshacen”.

-Las crisis más dramáticas, más sensibles, las que más golpean tienen que ver con la disolución de la familia. Si nosotros no logramos restablecer la familia no vamos a restablecer la sociedad, y las patologías sociales cada vez más nos desbordarán.

-Todas las políticas anticorrupción y pro transparencia fracasarán como han fracasado porque fallan los valores, los principios, las tradiciones, que son en últimas los que forman a los buenos ciudadanos, que permiten que haya buenos administradores, honestos y pulcros.

El poder y algunas destituciones

¿Qué piensa del poder?

El poder por el poder no tiene sentido, sería una vanidad. La razón de ser de éste es el bien común, es el servicio.

Santo Tomás en un opúsculo hermoso, que fue una carta que le envió a Sigfredo de Brabante, gobernante en la época, titulada el opúsculo “El gobierno de los príncipes” o “El régimen de los príncipes”, decía, “reinare et servire”, reinar es servir, ejercer la autoridad es servir, no servirse de ella que es uno de los aspectos que están en crisis.

Gran parte de la deslegitimidad, de la desconfianza que el ciudadano tiene frente a la autoridad es porque percibe que detrás de cada decisión hay un interés ilegítimo, hay un beneficio personal que se asume del poder para beneficiarse, a los suyos, a su secta, a sus carteles, a sus amigos, y eso es lo que más ha deslegitimado a la autoridad porque se ha sacrificado el bien común.

Los ciudadanos tienen el derecho a ser bien gobernados, y la autoridad tiene el deber de actuar bien.

¿Abusó del poder destituyendo al alcalde Petro y a otros personajes?

Cumplí con el deber y no me arrepiento ni de haber destituido a Petro ni de haber destituido a cualquier otro funcionario. Considero que esa decisión fue conforme a derecho, que ahí se presentaron ingredientes ajenos al ordenamiento jurídico, y desde luego que esos son los riesgos que uno tiene cuando es funcionario. 

Sin embargo, algunas de mis decisiones y de otros procuradores han sido anuladas. Cuando yo fui magistrado del Consejo de Estado me tocó anular decisiones del doctor Maya, varias, y otras decisiones del doctor Jaime Bernal. Por ejemplo, la destitución de Leonor Serrano de Camargo como gobernadora de Cundinamarca, ¿recuerda?

La vida, una peregrinación

¿Qué piensa de la muerte? ¿hay un más allá?

Yo tengo una concepción católica de la vida y de la muerte. Creo que Dios creó al hombre y lo dotó de inteligencia y de voluntad. El hombre tiene voluntad, y allí se encuentra el libre albedrio. El hombre tiene razón y tiene entendimiento, y puede conocer, y existe un orden ético, es un orden natural, y en el orden natural está el orden ético, hay unos deberes que el hombre debe cumplir, y hay unos mandamientos que el hombre debe observar para llegar a un fin, a un fin último.

Entonces la vida es una peregrinación. Nacimos, vivimos y morimos, pero a diferencia de los sapos, o de los animales, o de los seres inanimados, nosotros tenemos un alma, un alma que trasciende hacia la eternidad, el hombre tiene un alma, y esa alma, el sentido de la eternidad, nos lo dan los actos que libremente escogemos en esta vida.

Creo que hay un cielo, creo que hay un infierno y creo que hay un purgatorio.

Dije inicialmente que hay un orden.

En alguna oportunidad le dije a un periodista, ateo: ¿contempla a la naturaleza? Contemple esos ríos, los peces que están en el río, contemple los árboles, los animales y las bacterias, contemple el cielo y toda la Vía Láctea. Contemple su cuerpo y va a concluir que hay un orden, y el orden es la disposición de todas las cosas en el lugar que les corresponde. Todas las cosas tienen su finalidad, y si hay un orden es porque existe un ordenador, no hay un orden sin ordenador.

Esa es la clase de teología que uno puede toparse diariamente. Como el hombre moderno está más en el computador que en la naturaleza no le queda fácil, no observa ese orden.

Entonces yo creo en la vida y en la muerte, y tengo una concepción cristiana, católica, de la vida y de la muerte. La vida es un don de Dios, y creo en lo que la Iglesia nos ha enseñado de las postrimerías. 

¿Usted estudió el catecismo del Padre Astete?
¿Recuerda las postrimerías? Muerte, juicio, infierno y gloria.

Yo creo en eso, yo soy un hombre tradicional.

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¿Usted cree que se ha ganado el cielo?

Cuando me muera. He pecado mucho, 70 veces siete dice el Evangelio. Eso uno no lo puede saber sino después de muerto.

Mejor cura que proocurador

Algunos críticos tomando del pelo dicen que usted equivocó su profesión, o su vida, y habría sido mejor cura y obispo que procurador….

(Risas). Yo me he encargado de recordarle a esos críticos el talante que pueden tener personas que tenemos convicciones religiosas pero que podemos estar en la vida pública. En la vida pública se puede estar con las convicciones que yo tengo, y la prueba es que la gran mayoría de los colombianos piensan lo mismo que yo en materias tan sensibles como las que hemos hablado hoy. 

El ejercicio de lo público exige pluralidad y tolerancia, y lo plural quiere decir la diferencia, y es indudable que la diferencia exige que el otro pueda pensar de manera diferente.

Entonces a esos críticos les puedo decir que las personas que tenemos la formación que yo tengo no solamente tenemos derecho a estar en la vida pública sino un derecho a ejercer la vida pública con esas convicciones.

No podrían homogenizar el pensamiento para impedir a quienes tenemos una formación diferente, y tenemos una formación religiosa, no podrán sacarnos de la vida pública.

 ¡Conmigo tacan burro!