El grito urgente de Alemania para luchar contra el racismo

15 de septiembre del 2018

El domingo pasado, un grupo de 880 personas protestaron en Chemnitz, al oriente de Alemania. La manifestación fue organizada por un grupo de extrema derecha llamado Kaotic. El detonante que dio inicio a la movilización fue la muerte de un hombre de 35 años, que presuntamente fue atacado por dos hombres: un sirio y un […]

El grito urgente de Alemania para luchar contra el racismo

El domingo pasado, un grupo de 880 personas protestaron en Chemnitz, al oriente de Alemania. La manifestación fue organizada por un grupo de extrema derecha llamado Kaotic. El detonante que dio inicio a la movilización fue la muerte de un hombre de 35 años, que presuntamente fue atacado por dos hombres: un sirio y un iraquí. Los dos sospechosos fueron detenidos por presunto homicidio involuntario.

Entre los manifestantes, se encontraba un grupo de unas 50 personas que se mostraron violentas en contra de las personas de color. Los periodistas que cubrieron el evento aseguraron haber visto a los manifestantes usar botellas para atacar a personas “que no parecían ser alemanes”.

Este lunes, otro grupo de cerca de 200 extremistas de ultra derecha se reunieron para iniciar otra protesta, la cual creció hasta congregar a más de 5.000 manifestantes, al tiempo que fueron contrarrestados por otras 1.000 personas que se mostraban en contra del nazismo. Más tarde se reveló que la persona asesinada era en realidad un firme antirracista con raíces cubanas, perteneciente a un partido de extrema izquierda en Sajonia.

Uno podría decir que esta es una historia de Chemnitz, o en general de Sajonia, en donde el partido de derecha Alternativa para Alemania (AfD) así como el grupo Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida) tienen una presencia particularmente fuerte. Pegida había convocado una serie de marchas este lunes y la AfD, que logró entrar al Parlamento por primera vez con un 12,6% de los votos (obteniendo más de 90 escaños), tiene un fuerte apoyo en Sajonia, donde consiguió doblar su apoyo con el 25% de los votos.

En efecto, el ala sajona de la AfD convocó a una “manifestación espontánea” en memoria de la víctima del domingo, publicando en sus redes sociales una foto de la acera llena de sangre en donde la víctima, Daniel H., fue apuñalado hasta la muerte. Aunque la AfD no participó en la protesta más grande que se llevó a cabo después ese mismo día, claramente apoyó la idea de politizar el trágico incidente dotándolo de tintes raciales.

El legislador de la AfD, Markus Frohnmaier, llegó incluso a argumentar que era un “deber cívico frenar esta mortal ‘migración de cuchillos’”. Aunque representantes federales de la AfD condenaron el llamado de “justicia criminal” de Frohnmaier, éste ya había logrado influir en la ya cargada atmósfera de Sajonia.

Era cuestión de tiempo que los patrones racistas de pensamiento, que estaban confinados a la extrema derecha organizada en la clandestinidad o que fueron pronunciados de una manera sutil o cortés, comenzaran a hacer erupción.

Hoy, el pensamiento racista está de nuevo en aumento y se manifiesta en organizaciones como Pegida y está representado de forma radical en partidos como la AfD. Pero ahora se está convirtiendo en la corriente principal y se está extendiendo por los miembros ordinarios de la sociedad alemana. Un líder del Partido Democrático Libre (FDP), por ejemplo, culpó a Ángela Merkel por la crisis actual, argumentando que era su culpa el haber aceptado a refugiados.

Steffen Seibert, portavoz de la canciller alemana, junto con muchos otros políticos de alto rango, condenó la “persecución de personas”, el “vigilantismo”, el “racismo” y la “propagación del odio”. Incluso la misma Merkel claramente habló en contra de la persecución de personas en las calles por extremistas. Esto es importante. Pero uno debe preguntarse de dónde viene este movimiento.

Una cosa es la movilización en las calles, que comenzó en masas por Pegida, precediendo a la fuente de contención, que es la afluencia de refugiados que comenzó en 2015. Obviamente, el impulso de este movimiento y la capacidad de los grupos extremistas de derecha que movilizan a unos pocos miles de personas es más profundo. Además, el acto groseramente deshumanizante de perseguir a las personas que se ven “diferentes” por parte de estos manifestantes extremistas tiene que ser evaluado en el contexto no solo de un creciente activismo político de extrema derecha, sino también un discurso radical general.

De cierta forma, este tipo de manifestaciones nos recuerdan a la marcha de supremacistas blancos de Charlottesville en Estados Unidos. Impulsados por el apoyo de políticos de extrema derecha, se tomaron las calles para proclamar abiertamente sus consignas. Así como el KKK y otros supremacistas blancos se sintieron empoderados por el actual presidente de Estados Unidos, estos neonazis se sienten fortalecidos por el creciente apoyo detrás de los partidos de derecha en Alemania.

Algunos de los manifestantes cargaban pancartas que decían “Detengan la inundación del asilo”, mientras que otros portaban letreros que decían “No le den oportunidad al Islam”, que se asemeja al logo tradicional impulsado por el Ministerio Federal de Salud de Alemania, “Gib Aids Keine Chance” (no le den la oportunidad al SIDA).

La esencia de estos lemas tiene una connotación profunda de deshumanización. Esencialmente, el otro racializado se degrada hasta tal punto que finalmente puede ser erradicado. Y estos lemas no son extraños en el debate público sobre la inmigración y el islam en Alemania. El enfoque que se le ha dado a los refugiados que huyen de la guerra de Siria e Irak como una “crisis” o una “inundación” es común, no solo en Alemania, sino en la mayoría de los países de Europa. Este tipo de perspectiva ya sugiere un problema que necesita medidas extraordinarias para combatir.

Aunque las estadísticas revelan claramente que no hay una correlación entre violencia y la migración de personas provenientes de países en guerra, la aparición de los excesos actuales proviene básicamente del imaginario que se tiene de hombres bárbaros y violentos musulmanes que están invadiendo Alemania.

De igual forma, estos imaginarios no se limitan a un discurso extremista de derecha que intenta luchar contra las “noticias falsas” de los medios dominantes. Más bien, la cobertura general de los medios en Alemania sugiere un aumento en el número de musulmanes norteafricanos violentos e hipersexualizados que ponen en peligro la masculinidad alemana blanca.

Por lo tanto, contrarrestar fundamentalmente estas tendencias extremistas de derecha, como estamos viendo actualmente en Chemnitz, requerirá más que esfuerzos para luchar contra las organizaciones extremistas, ya sean vándalos o nuevos partidos en el Parlamento. Se trata de luchar contra el racismo que se encuentra en el corazón de la estructura de poder.

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