La dama de las mil voces que conquistó la radio en Colombia

14 de mayo del 2015

¿Cómo Alexandra Montoya ascendió en su carrera tomándole el pelo a los demás?

Alexandra Montoya

-¿Shana?

-Sí, me presentaba así: “Hola, soy Shana, acompañándote a esta hora en Candela Estéreo. La música la programas tú”.

Cuando Alexandra Montoya por primera vez le mostró su voz a todo el país, no era Alexandra. No pensó en bautizarse con algún apodo artístico más cercano a su nombre, como ‘Alexa’ o ‘Alex’, o ‘La Monto’.

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“El nombre lo sugerí yo. Shana era una amiga de mi mamá y su nombre me gustaba. Me lo puse, aunque nadie supiera quién era la mujer verdadera que estaba detrás de los micrófonos”.

Eso pasaba a comienzos de 1993. Hasta el año anterior, Alexandra ni se imaginaba que iba a trabajar en la radio. Estudiaba periodismo en la Universidad Externado de Colombia y en los salones de clase se imaginaba más con un trabajo en la televisión, frente a las cámaras o detrás de ellas, pero no en una cabina.

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Mucho menos se imaginó que con lo que ‘mamaba gallo’, que era remedando a profesores y compañeros de clase o haciendo chistes con acento paisa o argentino, se iba a ganar la fama.

“De chiquita quería ser médica, ginecobstetra, odontóloga, psicóloga. Hasta que una amiga de mi mamá, Yolanda Pulecio (madre de Íngrid Betancourt), me preguntó si no me gustaban los medios de comunicación, y que lo pensara, porque ahí me iba a ir muy bien”, cuenta. “Y me picó ese gusanito”.

“Sí me gustaban los medios, y cantar y hablar, y la televisión. No era tímida para estar frente a una cámara, pero la paradoja de la vida es que terminé detrás del radio”.

Y hay quienes dicen que lo que la vida a uno le tiene preparado, por más que trata de ser evadido, termina por presentársele con insistencia ante sus puertas, o sus caminos.

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“Cuando niña imitaba muchas voces; hacía acentos de televisión extranjera, como argentina, mexicana, española. Los primeros acentos que parodié con rapidez fueron los de un programa español llamado “Verano Azul”. Obviamente para entonces jamás pensé que iba a vivir de eso”.

Por los últimos semestres de la carrera le avisan que en Candela Estéreo estaban buscando una locutora y DJ. “No había casi voces femeninas en la radio. Recuerdo a Deysa Rayo como una de las pioneras. De resto, puros varones”.

“No sé nada de locución”, le dejó en claro a la persona que le había invitado a aplicar para la vacante. “¡Ay!, sólo haga las voces con las que mama gallo en clases”, le sugirió su amiga.

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Alexandra Montoya

Alexandra conquistó su primer puesto en radio imitando voces. “Jamás pensé que iba a vivir de eso”, confiesa.

Presentó una prueba inédita. No impostó una voz sensual para la radio, ni la de la animada presentadora del éxito musical del momento. Habló como boyacense. ‘Hola suspersonitas’. Luego mexicana. En seguida, ¡pues venga!, habló como española.

Fue preseleccionada pero la emisora no podía notificárselo porque el teléfono de su casa estaba, justamente, averiado. Alexandra supuso que no les había gustado su irreverente apuesta.

“Fue una sorpresa enterarme que empleados de la emisora fueron a buscarme a mi casa. Ese día estaba sola mi hermana, de 9 años, porque yo estaba en clases. Entonces ellos se fueron, con mi hermanita, hasta el Externado y me buscaron salón por salón. Me encuentran y es mi hermana quien me dice que Candela Estéreo me quiere contratar”.

La última ronda de la prueba la hizo William Vinasco, el director de la emisora, quien, encantado por la osada prueba de Alexandra, le pidió una sorpresa final que lo hiciera reír. “Y es cuando imité a Paola Turbay. Jamás la había mostrado. Cuando la hice, William quedó sorprendido. Se rió y esa carcajada me dio seguridad. Desde ahí hicimos clic”.

Debutó en un programa para Navidad de Candela, en el que la atracción principal era un concurso para los oyentes sobre pruebas de aguinaldos, como “quien diga sí, pierde”. Las voces regionales, internacionales e imitaciones de Alexandra pusieron la cereza en ese pastel.

“Cuando entré, logré que me pagaran al menos el mínimo. Porque me querían contratar como practicante pero sin paga. Y yo hasta entonces trabajaba en un almacén de medias y necesitaba la plata para costear el semestre. Entonces sacrifiqué el trabajo en la tienda, pero negocié ganar algo de dinero”, recuerda.

Al terminar diciembre, William Vinasco le pide que se estrene como locutora musical. “Ese no era mi fuerte”, advierte.

“El 10 de enero de 1993 me soltó frente al micrófono. Programaba música tropical. Me llamaba ‘Shana’ y lo que hacía no le gustó al comienzo a William. Me pidió un tono más sexy y terminé haciendo como ‘hot-line’. Uno más serio y terminaba aburridor. El punto medio lo pulí con el tiempo. Ya encontré mi tono: ¡Hola, soy Shana, acompañándote a esta hora en Candela Estéreo. La música la programas tú!”.

El día que “llegó su momento”

Su primer trabajo como periodista, antes de graduarse, le consumía todo el tiempo. El programa en Candela, del que ella era la voz principal, salía al aire de 6 de la tarde a 11 de la noche. Al día siguiente madrugaba para clase de 7 de la mañana.

“Y recuerdo que era clase de Historia del Mundo con Diana Uribe. Se me cerraban los ojos, y me daba pena con ella. Me aguanté mientras reunía la plata para pagar el semestre”.

Pero extendió su trabajo hasta más allá del grado, que fue en agosto de 1994.

Alexandra Montoya

Desde su primer trabajo en medios jamás se ha alejado de la radio. “Cuando se hace lo que te gusta, el tiempo vuela”, dice al recordar que lleva 20 años en el mismo programa: ‘La Luciérnaga’.

“Graduada le dije a William que quería leer noticias en la mañana. Había un programa llamado Contacto, con Néstor Morales, Félix de Bedout, Jaime Garzón y Diana Montoya. Empecé a trabajar con ellos desde las 5 de la mañana”, recuerda.

Entonces su jornada se volvió de 5 a 9 de la mañana, en noticias, y luego de 4 a 9 de la noche, en el programa ‘Sintonía de Locura’, que le hacía el frente al joven espacio de opinión que tenía la competencia: ‘La Luciérnaga’ de Caracol.

“Pero la plata no me llegaba”, añade. “Decidí ser ejecutiva de ventas entre 9 de la mañana y 4 de la tarde. Trabajaba 15 horas, se acabó mi vida social los fines de semana, y aún no sentía que ganara muy bien”.

Alguno de esos viernes, sumida en agotamiento y frustraciones, rompió en llanto ante su mamá. “Ya me gradué -sollozaba-, ¿y por qué tengo que seguir esclavizada?” Su madre le respondió: “Un día de estos te va a llegar tu momento”. Sucedió el 23 de abril de 1995, hace 20 años.

La pionera en los micrófonos de ‘La Luciérnaga’

El periodista y humorista Guillermo Díaz Salamanca buscaba una voz que imitara a personajes de la novela Café, por entonces el mayor éxito de la televisión.

Le hablaron de “la chica de Candela” que hace voces. Guillermo la buscó y le puso cita en producciones JES. Escuchó con cuidado a la joven, a quien conocían como ‘Shana’. Le pidió su hoja de vida y consideró que, tal vez, esa imitadora encajaría mejor en Caracol Radio.

“Quería gritar de felicidad cuando me llamó Guillermo”, confesó. Para comenzar, la pusieron en un cargo administrativo, de coordinación con las emisoras regionales de Caracol, en la elaboración de la programación de la emisora y a grabar algunas cortinas y promociones con su voz.

El primer día en Caracol tenía la instrucción de Guillermo para que, tan pronto terminara su turno en el cargo administrativo, se pasara por la cabina y viera cómo funcionaba ‘La Luciérnaga’.

“El mismo Guillermo me presentó con Hernán Peláez. Le caí bien”. Para ese momento, las voces de La Luciérnaga eran Peláez, Guillermo Díaz Salamanca y Édgar Artunduaga. Este último periodista, justo ese día, llegó tarde.

“Me dijeron que me sentara en el puesto de Artunduaga. Él era el personaje al que más se la montaban en el programa. Édgar llegó corriendo a la cabina, me vio en su silla y quedó sorprendido. A Peláez le parecía fantástico que Artunduaga quedara desubicado. Arrancó el programa y me atreví a participar”.

-Doctor Peláez, déjeme hacer una voz. Puedo de boyacense- le dijo Alexandra.

-Bueno, pero se la hacemos a Artunduaga -contestó Peláez, y prosiguió al aire-. ¡María Cleo, qué bueno que nos visita!, qué nos trae hoy.

-Le traje una coplita para ‘Don Esgar’

-Bueno, a ver, la escuchamos.

-Anoche estuve amasando las arepas, le dio tanto gusto a ‘Don Esgar’, al verme mover las trenzas…

(Video) Recochando y trabajando: Vea aquí cómo hacen La Luciérnaga:

“Ahí se rieron. Me dije: ya tengo el primer piecito adentro”, cuenta Alexandra. El segundo pie lo aseguró imitando a Paola Turbay. Era la primera voz femenina de La Luciérnaga; también se mantenía como pionera entre las mujeres en el periodismo de humor.

Ella es ‘La Patojita’, Natalia París, Salud Hernández, Paloma Valencia, Piedad Córdoba y hasta Julieta Venegas

Se sumó a la nómina de ‘La Luciérnaga’ y también trabajaba en la narración de noticias en el noticiero de la mañana, con Baltazar Botero en ‘Hola, Buenos días’. Con el tiempo se dedicó sólo al humor e imitación dentro del programa que cautivó a los oyentes, todas las tardes.

-¿Con cuáles personajes se posicionó?

Al comienzo solo Paola Turbay y la boyacense. Luego me tocó hacer a Noemí Sanín, a María Emma Mejía, y con el tiempo aparecieron otras relacionadas con la historia del país.

-¿Cuál personaje le costó más trabajo aprender a imitar?

Al comienzo se me confundían Noemí y María Emma. Las dos tenían parecidos y no sabía identificar el tono. Una semana después de ensayar, mientras me peinaba frente al espejo, en mi cabeza empecé a hablar como Noemí. Con María Emma me tocó oírla varias veces hasta cogerla. Al final me doy cuenta que las dos son muy distintas.

-¿Hay algún persona inimitable?

Hay voces que por ser neutrales son muy complicadas, como la de Amparo Grisales. Pero aún no hay alguna que no me salga.

-¿Cuál personaje le salió de una?

Hay voces como la de la senadora Paloma Valencia que me salió muy rápido. Algunas otras me costaron, como Piedad Córdoba y Marta Lucía Ramírez.

-¿Personajes internacionales que le guste imitar?

Cristina Saralegui, españolas, mexicanas como Julieta Venegas en su momento…

-¿A cuál de tantas voces le ha cogido más cariño?

Les he cogido más agradecimiento. En especial las creadas, como la boyacense, que es una voz que lleva conmigo 20 años. A veces en la calle me dicen: “¡Ole, Patojita!”. Y dentro de personajes, tal vez Paola Turbay y Natalia París son las que la gente más recuerda, aunque quizá ellas no me quieran mucho, pero yo sí.

-¿Alguna ha llamado a reclamar?

La mamá de Natalia París sí me llamó. Y Paola Turbay, nos encontramos una vez y me dijo: “¡Yo no hablo así!” Fue chistoso, porque ella estaba con Carolina Gómez y Paula Andrea Betancourt. Paola me llamó frente a ellas y me pidió que la imitara. Entonces dijo: “Ven que ella exagera; yo no hablo así”. Las amigas se rieron, porque era igualita.

-¿Y tal vez la han llamado para decirle que le gusta su imitación?

Salud Hernández a veces me la encuentro en Caracol y ella misma ‘mama gallo’ con el tema.

-¿Imita hombres?

Molesto a veces imitando a Álvaro Uribe. Y algún acento de hombre tolimense o huilense. Pero no tengo la voz tan gruesa.

-¿Imitar, en periodismo de opinión, es un escudo o un arma?

Es una manera de protegerse de inseguridades, de querer decir algo en nombre propio. Uno lo dice escudado en voces.

-Trabajó con Jaime Garzón, un periodista de opinión y humor a quien mataron por ello. ¿Si usted se hubiera visibilizado como ahora por esa época, cree que le habría pasado igual?

Cuando trabajé con Jaime yo era muy anónima. Y pensar que algún personaje mío pueda asemejarse a lo hecho por Jaime, sería ser muy pretencioso. Su estilo era especial, único, inteligente y mordaz. Lo mío es sutil. Aunque tuve una época en la que sí andaba un poco paranoica, pero era porque amenazaban a muchos periodistas. Pero que me hayan amenazado a mí, nunca.

-¿A qué le teme?

La inseguridad en Bogotá. Y el mayor miedo es no poder llegar a mi casa a ver a mi hijo.

Alexandra Montoya

Alexandra y su hijo, Juan José Montoya.

La voz de mando en el hogar

“Vaca chiquita siempre es ternera, dicen por ahí”, responde Alexandra al ser consultada sobre la estrategia para verse joven, más de lo que dice su cédula.

“No me da pena decir la edad que tengo, aunque tampoco vivo con megáfono contándola. El hecho de completar 20 años con ‘La Luciérnaga’ le da a uno madurez”.

Este año, Alexandra termina su segunda carrera, Derecho, y espera aplicar sus conocimientos, no como abogada en ejercicio, sino en la posición del periodista que, frente al micrófono, sigue vigilando e informando la realidad.

El resto de su mundo es Juan José, su hijo, a quien concibió a través de inseminación artificial. Es madre y cabeza de hogar. Es la voz que manda en la casa.

-¿Es difícil de enamorar?

No soy tan exigente, aunque la gente puede pensar que sí. Pero si uno tiene el autoestima bien, no extremadamente alto, uno exige respeto, fidelidad un poquito, sentido del humor, responsabilidad…

-¿Fue muy ‘noviera’?

No. He tenido poquitos. Relaciones largas. Pero cuando veo que se ponen cuernos, yo sí me voy.

-¿Qué la conquista?

El sentido del humor. En una época, que fueran buenos bailarines. A esta edad ya no se exige tanto…

-¿Entonces ya no baila?

Sí, y me encanta. Pero a estas alturas de la vida uno dice: bueno, con que al menos charle rico, está bien. Y le enseñaría a bailar. Yo bailo de todo: desde mapalé hasta el rock.

-¿Muchas ofertas…?

Llegan galanes pero los que llegan no se ajustan al perfil (risas).

Alexandra Montoya

Siempre ríe, hace muecas y molesta con sus compañeros de cabina. Un trabajo en el que se escala con talento y ‘mamando gallo’.

“Tenía mucho afecto que dar; decidí dárselo a mi hijo”

Durante la entrevista confiesa que, sin embargo, espera a esa persona que la acompañe como pareja, y que incluso aún cree en el matrimonio. “Viajé mucho, no con parejas sino con amigos y familia. El tema del matrimonio lo postergaba; sentía que no era el momento. Después de que muere mi mamá, hace 8 años, empecé a percibir cierta soledad. Me pregunté cuándo voy a ser mamá. Pero las personas que llegaban no funcionaban. Vi varios modelos de familia: las que tuvieron hijo y no eran felices, las que el marido jamás estuvo con sus hijos, y las que no tuvieron. No quería encajar en esos, y decidí tenerlo sola. Tenía mucho afecto que dar, y decidí dárselo a un bebé”.

-Es un modelo de familia diferente, y en este país a veces no se acepta la diversidad…

El concepto de familia ha cambiado mucho. De hecho la Universidad de La Sabana, que más conservadores pa’ donde, sacó un estudio hace dos años que demostró que la familia ya no era compuesta por padre y madre, sino que la familia era compuesta por diferentes familiares dentro del hogar. Por ejemplo papás que tienen hijos en provincia, los mandan muy chiquitos a las ciudades a estudiar y los cría una tía. O niños que la mamá muere y los cría la abuela. O la pareja de homosexuales, o el padre soltero, o el papá que se vuelve gay. Y las mamás solas.

-¿Es popular la inseminación en Colombia?

Se da en estratos altos. Mujeres independientes económicamente sobre todo. Que no han pensado en la maternidad, y cuando lo hacen es porque tienen la estabilidad económica para hacerlo, y la estabilidad de pareja pasa a segundo plano: lo primordial es ser mamá.

-Su hijo tiene figuras paternas en su casa…

Mi papá: el abuelo. El tío: mi hermano. Dos padrinos maravillosos. Mi sobrino, al que mi hijo ve como su ídolo. A falta de uno tengo muchos papás que están ahí.

-Juan José también remeda…

Es un payaso completo. A mí me remedó una vez y casi me toteo de la risa, pero tuve que mostrar autoridad. Yo suelo decirle: “No, no, no, no, no… a ver, vamos recogiendo los juguetes”. Y una noche llegué y le dije: “Bueno, a ver, recoge tus cosas”. Y me dice: “No, no, no, no”… Así, con mi tono de vos y todo…

-¿La escucha en La Luciérnaga?

Cuando saludo como La Patojita digo: “Buenas las tengan susmercedes”, y él me arremeda y me mandan un mensaje de voz que dice “te escuché…¡Cómo se topan suspersonas!”…

-Y cuando se quita todas esas voces, ¿cuál es la de Alexandra Montoya?

Una voz de una vieja fresca, chévere, tranquila. Tengo buen concepto de mí. No es todo lo que dicen en radio: que la mujer que más sabe de moda (carreta de Tuiterpam), que la que más sabe de derecho… Pero la mejor mamá, sí trato de ser.

Twitter: @David_Baracaldo

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