“Amar al Ejército es más que un sueño cumplido”

18 de noviembre del 2017

Eleany Hoyos decidió vivir su vida en el Ejército.

“Amar al Ejército es más que un sueño cumplido”

Foto: Kienyke.com

Durante décadas muchas personas perdieron su vida por la fuerte guerra que día a día enfrenta el país contra el narcotráfico, las guerrillas y la delincuencia común. Esto hizo que muchas personas, generalmente los hombres, le tomaran un poco de miedo al Ejército Nacional, tratando de evadir su situación militar para no vivir lo que muchos vivieron en las selvas de Colombia.

Mientras unos evaden, otras personas están ansiosas de formar parte de las filas del Ejército, como es el caso de Eleany Hoyos, Cabo Primero de la Séptima División del Ejército Nacional en Medellín, que dialogó con kienyke.com y relució el amor y todo lo que le tocó pasar para llegar a ocupar el puesto que hoy la hace feliz.

Hoyos, de 34 años, aseguró que su deseo de ingresar a las fuerzas militares nació exactamente hace dos décadas, cuando apenas tenía 14 años y aún estaba en el colegio. Veía con orgullo como algunos hombres daban la vida por la bandera que representaban y se motivaba cada vez más.

Fue tanta su admiración y amor por el Ejército, que a pesar de las críticas de su madre sobre ese sueño, comenzó a hacer parte de las llamadas Chicas de Acero, que posteriormente pasó a llamarse Grupo Especial de Operaciones Psicológicas- GEOS, con el que cada fin de semana iba al batallón Pedro Justo Berrío, en Medellín, a prestar labor social a los combatientes y a la población civil. En este sitio comenzó a recibir los primeros entrenamientos para formar parte del Ejército.

A sus 17 años, Hoyos ya iba a las zonas más vulnerables ante la delincuencia de la ciudad para darles sonrisas y amor a los niños más marginados con la ayuda del Ejército. Recorrió también municipios como Frontino, Dabeiba y Caicedo, que fueron atacados fuertemente por las FARC en ese entonces. En el año 2000, sin importarle la situación que en ese momento se vivía, dice: “yo era feliz visitando a los niños, regalándoles sonrisas y acompañando a mi Ejército a esos lugares donde me sentía segura con ellos”.

Era tanta la satisfacción y amor que sentía que no le importaba hacer parte del grupo GEOS y estar a la vez estudiando producción de televisión, trabajando medio tiempo en la Universidad de Antioquia- U. de A.-, y siendo asesora comercial. Allí descubrió que era una persona capaz de enfocarse en varias cosas y que estaba dándolo todo para cumplir su sueño: Ser parte del Ejército Nacional.

Un día, ella decidió presentarse a la Cuarta Zona de Reclutamiento para aspirar a ser parte de la institución, y para eso debía tener un título universitario, por lo cual continuó batallando su tecnología para terminarla pronto. Lo que ella no se esperaba era que el día que recibió su diploma, también recibió la llamada que la invitó a cumplir su sueño. Fue aceptada para iniciar su aventura en el Ejército.

Con más dudas que alegría, la familia dejó que ella siguiera sus aspiraciones y al día siguiente de la llamada renunció en sus dos empleos, donde le hicieron una despedida y una de sus jefes le dijo una frase que según ella, la marcó para siempre “muy pocas personas pueden cumplir y tú vas a hacerlo”. Para Eleany, su sueño se había convertido en realidad.

Cuando le llegó el día, agarró sus cosas y partió vía terrestre hasta la base militar en Tolemaida, ubicada en Tolima. Narró que no supo cómo pero allá llegó, al que quizá es el punto más caliente del país.

Contó con orgullo que hizo parte del grupo de mujeres que ingresaron justo en el marco de la famosa “Operación Jaque”, el mayor logro militar en toda la historia donde se permitió el rescate de Ingrid Betancourt. 

La mala alimentación, sumadas a las pocas horas de sueño y al ejercicio desmedido, hicieron que Hoyos bajara cerca de 10 kilos en seis meses que duró su entrenamiento en la Escuela Militar de Suboficiales, Sargento Inocencio Chincá.

Pasó ese tiempo y recibió su ascenso, para convertirse en Cabo Tercero y así se fue a amar al Ejército a Bogotá durante los siguientes ocho años.

Desde Bogotá comenzó a dirigir varios programas y magazines del Ejército, pero sin duda alguna, afirmó que fue desde allí donde conoció verdaderamente a la institución. Al ser Bogotá el centro de todo tenía que ir a Caquetá, La Guajira y a un sinfín de lugares donde conoció cómo vivían realmente los militares.

Desde la capital del país vivió muchas aventuras, experiencias y trabajos, pero a su vida le faltaba algo. Amar al Ejército ya no era lo único que ella quería, buscó otro motivo para generar amor y lo encontró.

De amar al Ejército a formar su familia

Estando en Bogotá quedó en embarazo de su hijo, que al día de hoy lo tiene en clases de natación  y formándolo con base en la disciplina que ella, aseguró, aprendió en las fuerzas militares.

Su hijo le demostró que a pesar de cargar un fusil o de estar en un escritorio, nunca perdió la delicadeza, la vanidad y la feminidad, como muchos piensan. Además, añadió que “todos creen que el Ejército es una tiranía, pero no es así”. Desde el momento en que quedó en embarazo la institución la apoyó y la trasladó a Medellín para volver a sus raíces, donde está su familia y donde verá crecer a su pequeño.

Al día de hoy, entre lágrimas dice que no sabe qué hacer cuándo se retire del Ejército. Manifestó que sí su hijo decide amar la institución como ella lo hizo lo apoyará rotundamente, pero si él decide por el contrario ser doctor, ingeniero, abogado, o lo que sea, ella también estará muy orgullosa de él.

Todos los días ella se sienta en su oficina, que pertenece al área de comunicaciones estratégicas, y desde allí se desempeña como periodista digital, con militares que llevan más tiempo que ella, pero que comparten los mismo en común… Ninguno se cansa de amar al Ejército Nacional y están dispuestos a dar sus vidas por sus uniformes.

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