La exguerrillera de SoHo, sin Photoshop

1 de diciembre del 2015

Quiere borrarse unos tatuajes que se hizo con agujas y tinta china.  

La exguerrillera de SoHo, sin Photoshop

Por: @jcmentefacto

Debajo de la blusa negra que con letras doradas tiene estampada la leyenda ‘La Paz Según SoHo’, Ana Pacheco camufla la revista en la que junto a una exagente del DAS posa desnuda.  Aunque está prohibido, la exguerrillera busca entrar la revista a la cárcel La Picota. Es día de visitas y quiere que su hermano la vea.

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La guardiana del Inpec que requisa a la entrada del centro penitenciario la mira de arriba a abajo, con desconfianza, entrecierra los ojos, inclina la cabeza – como analizándola –  procede a revisarla. Su trato no es el mejor.

Fue fácil encontrar lo que Pacheco escondía. Hojeó la revista y con un movimiento brusco la agarró entre el ante brazo y su pecho, como diciendo ‘no me la quita nadie’, se acomodó la gorra, clavó su mirada en los gigantescos ojos de Pacheco y le dijo: – “Aquí se queda la revista, estas cosas no se pueden ingresar”.

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Con su voz – delgada, fina y dulce – Ana dijo tres o cuatro veces “por favor”, cada vez que lo decía lo hacía con más ternura, pero cuanto más insistía, más molesta se ponía la guardiana.

Por cada ‘por favor’, escuchaba un ‘no’, un frío y contundente ‘NO’ -así en mayúsculas – como respuesta. Pero Ana no se rinde, no lo hizo ese día, y no lo hará nunca.

“Es que yo aparezco ahí”, le dijo a la carcelera mientras señalaba con su dedo índice la revista.

“No me creyó. Y la verdad es que me veo muy diferente  (…) es por el maquillaje”, dice Ana en diálogo con KienyKe.com.

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Próximamente ‘La Frijolera’, como le dice cariñosamente su esposo, participará en un reallity de televisión internacional. 

Para convencerla, Ana le pidió a la funcionaria del Inpec que mirara bien las fotos, que “por favor” comparara los ojos de la modelo de la revista con los de la persona que tenía enfrente. Tampoco le creyó del todo.

“Le dije que mirara los tatuajes. Ahí si me creyó”.  Ana logró entrar la revista.

Una modelo que viaja en bus

A La Picota, donde su hermano José Alfredo Pacheco Ramos, excomandante del Frente 25 de las Farc, permanece retenido hace 14 años, Ana llegó después de un viaje de una hora en bus. Ella vive  – en arriendo –  en un barrio del sur de la ciudad.

“Yo en Bogotá me muevo en bus, Transmilenio o a pie, no como muchos piensan que viajo en carros y camionetas mías… ni siquiera en taxi porque me sale muy caro”.

Sin ser modelo profesional, Ana Pacheco cumplió el sueño que cientos de modelos tienen y que pocas cumplen: posar para SoHo. Y aunque para ella aparecer en la portada de una de las revistas más leídas del país le “cambió la vida”, la verdad es que no muchas cosas han cambiado.

Aún se sigue levantando a las cuatro de la mañana para preparar el desayuno de sus dos hijas y esposo, sigue caminando media hora para llegar a su trabajo en una fábrica de jeans y sigue haciendo esfuerzos para ver – si  algún día – puede comprarle una casa a sus padres; campesinos que viven en el Tolima y que aún no saben que a su hija –la consentida de la casa- la conocen en todo el país.

“Mis amigos creen que porque posé para SoHo tengo mucha plata, que me estoy ganando millones pero eso no es cierto; SoHo no paga, lo que hace la revista es dar un impulso artístico que a mí me sirve para lo que quiero lograr”.

Mientras sigue trabajando para estar “en ese mundo que me fascina” (el del entretenimiento), Ana aún pide fiado en la tienda y a veces se siente mal porque  “ni siquiera tengo para las onces de mis hijas”.

Aunque a Ana la seduce el mundo de los famosos, los medios de comunicación, las fotos, las entrevistas y los destellos que produce ese mundillo, tiene claro que “nunca, así llegue a tener mucha plata, voy a cambiar.  Tengo los pies firmes sobre la tierra y sé para dónde voy. No porque haya posado para SoHo, voy a pasar por encima de la gente y creer que cogí el cielo con las manos. Seguiré siendo la misma persona humilde y alegre” a la que le gustan los Tigres del Norte.

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Junto a su esposo (aquí de gorra) y un grupo de amigos, Ana Pacheco trabaja en una fábrica de jeans. Ella hace las presillas de los pantalones. 

Cuando Ana Pacheco habla, fija la mirada en los ojos de su interlocutor y cuando habla de sus hijas, sus padres y esposo, cambia el brillo de su mirada. Ya no habla con la boca, habla con el alma. “Son el motor de mi vida, por ellas (mis hijas) lo daría todo”.

A Pacheco el destino la está llevando por el camino del modelaje, pero le gusta más la actuación y es curioso, porque nunca, en sus 26 años de vida, ha entrado a una sala de cine.

“Vi televisión solo hasta que tuve como diez años porque en mi casa no había, y eso era porque acompañaba a mi hermano a ver partidos de fútbol y tocaba caminar horas para llegar a la casa del señor que tenía el televisor”.

Viendo televisión Ana se enamoró de dos cosas: del fútbol y la actuación.

De lo primero no dice mucho, solo que cuando juega lo hace como delantera y que es hincha del Atlético Nacional, a la narración de lo segundo le pone un poco más de emoción, de pasión, de alegría, viendo televisión fue que supo que algún día iba a pertenecer al mundo de la farándula.

“Me encantaba el trabajo de actores como Róbinson Díaz y Paola Rey, son actores impresionantes que veía y soñaba ser como ellos”. Sueño, es una palabra que repite con frecuencia.

“En la cárcel, donde trabajé haciendo manicure y pedicure, una persona me enseñó algo muy valioso, que hay que soñar despierto y no soñar por soñar, sino trabajar para cumplir esos sueños”.

Para hacerlos realidad, Ana enfrentó el maltrato, el machismo y la discriminación.

Hace unos años vivió con un exparamilitar (es el papá de su primera hija) que según ella, la maltrató física, verbal y psicológicamente.

“Me pegaba y nunca me apoyó en ningún sueño, ni siquiera el de terminar el bachillerato. Él me decía que tenía un cuerpo feo, que era horrible, bruta, inútil (…) mi autoestima estaba por el piso”. Por eso, al verse en la portada de SoHo, Ana no se reconoció a sí misma. “Yo no sabía que tenía un cuerpo así”.

Esos fueron momentos difíciles, ahora, además de la portada en la revista con la que Ana Pacheco toca las puertas de la fama, la exguerrillera de las Farc vive momentos más dulces.

“Hay que dar de qué hablar”

“Comparto mi vida con un hombre increíble al que amo, y ahora veo la posibilidad de hacer realidad otros sueños que tengo”. Le gustaría conocer México, París, bucear, estudiar cocina y, pese a que lo conoce porque vivió un tiempo en Barranquilla, “ver el mar de ese color del que se ve por televisión”.

El retoque fotográfico que le hicieron en SoHo fue leve. “Solo me hicieron mejoras como a la piel porque de resto todo es mío, la cola, los senos, todo es real; no es como mucha gente dice en redes sociales que todo es alterado”.

No es lo único que le dicen en redes sociales. A Ana la atacan y ella sabe que parte de esos ataques tienen que ver con la coyuntura que vive el país en materia de paz.

“Dicen que he matado a no sé cuántas personas, que soy una asesina y un poco de cosas, pero nada es cierto. Durante los dos años que estuve en las Farc, nunca disparé un fusil aunque allá le dicen a uno que el fusil es como el papá y la mamá, nunca – gracias a Dios – lo tuve que usar”. No se comió ese cuento. Ana nunca pudo entender eso y se escapó.

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Ana Pacheco quiere que al salir de la cárcel, su hermano, José Alfredo Pacheco Ramos, se convierta en su manager.

De ese matoneo del que es víctima en redes sociales, Ana Pacheco se ríe y, aunque no ha tenido una preparación para eso de lo que quiere ser parte, (la fama) tiene unas cosas claras.

“Para mí, mejor que la gente opine, a mí me sirve eso, también hay críticas que son buenas, son críticas constructivas. Hay que dar de qué hablar y lo estoy logrando”.

Para arrancar de raíz de su vida al paramilitar que la maltrataba, Ana no solo procura no hablar de él, también quiere borrarse un par de tatuajes que ella misma se hizo poseída por el espíritu de un falso amor.

“Yo misma cogí con dos agujas, tinta china y me hice esto”, muestra su mano izquierda. En ella tiene dibujados unos garabatos que se resisten a desaparecer y que le recuerdan un oscuro episodio de su vida.  Le gustan los tatuajes, quiere tatuarse los nombres de sus hijas en las muñecas.

Lo que pasó en SoHo y no vimos

Sonríe mientras recuerda lo que pasó el día que tomaron la foto de la portada de SoHo.

“Tenía susto, miedo, pánico”, y como no, era la primera vez que posaba para una revista.

“En un principio estaba incómoda porque ella (Isabel Londoño, la exdetective del DAS) iba a lo que iba. Yo estaba muy tímida y pedí que nos dieran un tiempo para conocernos y coger más confianza.

Después de un tiempo ya hubo risas, y como yo soy muy amorosa y consentidora, la abrace  – aunque me dio pena – y esa fue la foto. Ellos sintieron esa unión, algunos de la producción lloraron”.

Después se apagaron las luces. Ana caminó hasta el camerino. Sus minutos de fama estarían por terminar, nunca se sabe, puede ser el inicio de una carrera en la fama o no. Encendió la luz frente al espejo y no se reconoció. Tenía mucho maquillaje. Así se vería la mayor parte del tiempo si fuera famosa, lo que siempre ha soñado. Paradójicamente Ana Pacheco no reconoció a la mujer que sueña ser.

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