La mejor violinista de Colombia para el mundo

La mejor violinista de Colombia para el mundo

2 de agosto del 2018

“Un día, sin permiso y a escondidas, tomé un violín que estaba guardado en un closet de la casa y a oído toqué el Himno Nacional porque fue lo primero que se me ocurrió. En la noche, cuando llegó a casa la maestra Lamprea, le mostré lo que había logrado con el instrumento, y sin regaños, sorprendentemente me corrigió. Desde ese momento detectaron que había talento en mí y me dieron las herramientas necesarias para poder lograrlo”.

Así fue el momento en el que Angélica Gámez, una mujer esbelta, de cabello rojizo, tez blanca y ojos grandes, decidió mostrarle al mundo su talento innato para el violín. Hoy es considerada como una de las mejores del país.

Nació en un entorno de músicos y de conocedores de la estética del arte, donde aprendió qué era la verdadera disciplina. Ha vivido rodeada de los instrumentos y de los escenarios en donde la música clásica es la protagonista y reúne a la multitud.

Vive junto a su madre, su hijo y dos gatos en un apartamento donde el ambiente es ameno, como ella, en el centro de Bogotá. Al entrar se observa que refleja tranquilidad. Tal vez su hogar es el lugar donde equilibra sus emociones. 

Es principal de segundos violines y concertino asistente de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia. A su vez es docente de la Universidad Central y trabaja activamente en proyectos con la Filarmónica Joven de Colombia.

Fácilmente hubiese podido ser pianista. Su madrina es la gran representante del piano, Helvia Mendoza, pero fue el sonido del violín el que llamó su atención por su armonía dulce, pero a la vez apasionada y dramática. “No me imagino mi vida sin el violín. Si me muero y vuelvo a nacer, lo volvería a escoger”, responde al preguntarle qué otro camino emprendería si no hubiese ese el escogido.

“Con el violín todo se transforma. Puedo ser apasionada, furiosa, agresiva, dulce, amable, enamorada. Puedo ser todo lo que yo quiera a través del sonido. A través de él intento decir lo que sale desde mi alma”.

Su primer violín lo consiguió su madre con el sudor de la frente, un Luthier chileno exiliado en Colombia luego de la crisis en el país suramericano.

Definitivamente Angélica estaba destinada a pertenecer al mundo artístico. El paso de los días así se lo hizo saber. Su madre, en la búsqueda de un mejor futuro, decidió viajar a la capital para estudiar y lograr sus sueños. Comenzó a trabajar en servicios domésticos y, sin esperarlo, fue a parar en la casa de uno de los intérpretes de música clásica más influyentes en Colombia, el fundador de la Sinfónica Juvenil, Ernesto Díaz y la violinista, Ruth Lamprea.

Los maestros dictaban clases de violín en la casa, así que Angélica aprovechada para hacerse tras la puerta y escuchar las indicaciones de cómo agarrar el instrumento, cómo tomar el arco, conocer temas de afinación y términos de la música clásica.

Desde niña, Angélica sintió el gusto por la música y soñó en presentarse en grandes escenarios. Al Teatro Colón lo recuerda como un lugar mágico y sagrado al que su madre la llevaba cada vez que tenía la oportunidad. Se puede decir que no ha dejado de ser una niña con hambre de gloria… A pesar de tener 42 años. 

Su primer concierto

Su primera experiencia en las tarimas fue a los diez años en un recital de violín y piano de la Sinfónica Juvenil de Colombia, donde tocó “Sol Mayor” para violín de Antonio Vivaldi.

En esa época Angélica no sabía lo que era sentir nervios, se recuerda como un niña completamente inocente, que tocaba el violín y se divertía. Sentía, como ahora, la música por sus venas. 

“Recuerdo que estaba vestida con una falta roja larga y en ese entonces tenía mi cabello liso y largo. Ese día toqué naturalmente y sin nervios. Al final, hice la venia, abrí mis ojazos y sonreí. Al terminar la gente aplaudía muchísimo, pero yo nunca me imaginé que fuera a hacer algo tan importante”.

Menciona que después de su primer concierto quiso perfeccionarse, empezó a darle importancia a las críticas y demás factores que hacen que el músico sienta seguridad en sí mismo. Desde ese entonces ha estado en los mejores escenarios a nivel nacional e internacional.

Ese primer concierto le dio la experiencia de saber respirar y sentirse segura en las presentaciones. Es consciente de oxigenar su cuerpo, sangre, mente, alma y espíritu.

“Manejo y controlo muy bien la puesta en escena, pero obviamente hay siempre una adrenalina que creo necesaria para tocar”.

Joven Músico Mazda

Angélica comenzó sus estudios en la Sinfónica Juvenil de Colombia, donde reforzó todos los conocimientos académicos. Desde ese momento, comenzó a participar en numerosos concursos, en los cuales resultó ganadora.

En los que participó y ganó fueron gracias a una búsqueda propia y el interés de ver qué pasaba más allá de la capital y conocer hasta dónde llegaba su talento.

Hizo parte de la Orquesta Filarmónica de Bogotá hasta que en el año 1994 fue galardonada como Jóven Músico Mazda. Este concurso fue muy especial pero a su vez muy difícil, porque la idea era premiar al mejor intérprete de un instrumento sinfónico. “Recuerdo que no especificaba quien era el mejor violinista. Este concurso era un todo: era el mejor músico. Yo estaba compitiendo con muchos de muy alto nivel y un jurado selecto donde habían grandes personalidades”, puntualizó Gámez.

Ella no pensaba en ganar ese concurso, su principal objetivo era retarse a sí misma, a mostrar su proceso técnico y musical, además de reafirmar que su pasión es el violín.

A partir de ese reconocimiento, se entregó al destino de la música en Colombia y en el mundo.

Angélica en la ciudad de Mozart

Desde ese momento le llegaron muchas oportunidades. Logró una beca en la Universidad de Mozarteum, en la ciudad de Salzburgo, Austria, donde compartió con maestros de talla internacional en la música clásica como: Helmut Zehetmeier, Skow Larsen Lavard y el cuarteto Hagen.

“Me encontré con un montón de estudiantes de muchas partes del mundo, con técnicas increíbles. Para ingresar al Mozarteum hubo mucha competencia, solamente eran cinco cupos y yo fui una de las afortunadas. Todo gracias al apoyo y a los que creyeron en mí”.

No todos los músicos de Colombia tienen esa oportunidad y haber estado en Austria por dos años le abrió los ojos sobre el nivel que hay en el país. Esta experiencia la ayudó a madurar y entender que siempre tiene que perfeccionarse.

Enfrentó la barrera del idioma y la cultura austriaca. Aunque ser latina en ese momento fue difícil logró construir su nombre y demostrar su talento ante la cuna de la música clásica.

“En Colombia en ese momento yo era una niña muy talentosa, pero allá en Austria era muy normal.  Ganarme el lugar de reconocimiento fue difícil, recuerdo que eran ocho horas de estudio diarias y ya no me daba el cansancio ni la mente”.

Sin embargo, volvió a Colombia porque estaba convencida de que quería regresar para compartir sus conocimientos con las nuevas generaciones. Cree que hay la posibilidad de formas grandes talentos.

“La mejor violinista de Colombia para el mundo”

Además de ser elegida como Joven Músico Mazda, Angélica Gámez ha sido galardonada en los concursos de jóvenes intérpretes de la Orquesta Sinfónica Nacional, la Filarmónica de Bogotá y el Banco de la República.

Ha representado al país en importantes giras por Europa, Asia y las Américas y ha actuado como solista en festivales importantes como el Festival Internacional de Música de Cartagena. Hizo parte de uno de los más destacados cuartetos de cuerdas del país, el Cuarteto M4nolov y es frecuentemente invitada a la Orquesta de Solistas de Salzburgo.

Al ser calificada como “la mejor violinista del país para el mundo” confesó que le da un poco de vergüenza, puesto que considera que es muy difícil calificar a alguien como la mejor cuando hay miles de talentos excelentes que hay que seguir cultivando.

Sin embargo, agradece que la hayan reconocido de esa forma por muchos años, debido a que eso la ha llevado a adquirir una gran responsabilidad con el violín.

“No quiero defraudar a nadie, yo tengo ese compromiso. Pero a veces me equivoco por que soy humana y tengo todo el derecho de errar. Me gusta hacer las cosas bien, con honestidad, con amor y con humildad”. 

El escenario de la música clásica en Colombia lo ve complejo por la falta de recursos a la cultura y las pocas oportunidades laborales. Angélica Gámez quiere demostrar que los acordes de un violín también pueden seducir al oído colombiano para convertirlo en una pasión y motivación a las nuevas generaciones.