Ante la presencia del Dalai Lama

28 de mayo del 2018

“Nuestro principal propósito en esta vida es ayudar a otros. Y si no se les puede ayudar al menos no hacerles daño, pues el amor y la compasión son necesidades no lujos. Sin ellos, la humanidad no puede sobrevivir”, estas han sido algunas de las ideas del Dalai Lama a lo largo de sus 83 […]

Dalai Lama

“Nuestro principal propósito en esta vida es ayudar a otros. Y si no se les puede ayudar al menos no hacerles daño, pues el amor y la compasión son necesidades no lujos. Sin ellos, la humanidad no puede sobrevivir”, estas han sido algunas de las ideas del Dalai Lama a lo largo de sus 83 años, un hombre que ha despertado la admiración de millones de personas y de diferentes religiones en el mundo.

Este líder espiritual tibetano, nació el 6 de julio de 1935 en una familia humilde de campesinos en el pequeño pueblo de Takster en el noroeste del Tíbet, China. Dalai Lama significa “océano de sabiduría”, el representante del ideal Bodhisatva que se basa en los principios del karma y el renacimiento, es decir, la transmigración del alma a otro cuerpo para continuar con su misión. Tenzin Gyatso, es la décimo cuarta reencarnación entronizada en 1940 en el cuerpo de un niño llamado Lhamo Thondup para recibir la educación monástica. En 1950 tuvo que asumir el pleno poder político como jefe de Estado cuando China invadió el Tíbet y en marzo de 1959 durante el levantamiento nacional del pueblo tibetano en contra del régimen militar, fue exilado y escapó a través de las más altas montañas y del rio Kyichu. Desde entonces, ha vivido en Dharamshala en la India también conocida como la pequeña Lhasa.

En la actualidad es considerado el profeta de la no violencia, por su lucha por la libertad y restauración de la cultura tibetana ante el gobierno Chino, que lo llevó incluso a ganar el Premio Nobel de Paz en 1989. El Dalai Lama ha viajado por más de 67 países, ha recibido más de 150 reconocimientos internacionales, premios y doctorados honoris causa por sus mensajes de tolerancia, no violencia, entendimiento interreligioso, responsabilidad universal y compasión. Además ha escrito más de 110 libros sobre el conocimiento interior, las virtudes de la buena intención, la armonía y el sosiego mental, la necesidad de la verdad como escalera para alcanzar la iluminación y muchos más. Su Santidad el Dalai Lama enseña que si morimos sin saber quiénes somos y sin conocer el propósito de nuestra misión en el mundo, será necesario volver y reaprender estas lecciones.

Este hombre conocedor del alma, maestro en el arte de la meditación y estudioso de la física cuántica, posee un humor impecable pues sabe que el remedio para cualquier enfermedad es reírse de sí mismo. Todos los días recita mantras y reza por los seres vivos, viste una túnica roja y amarilla pero cambia de zapatos entre sus chancletas y sus viejos oxford de piel. Uno de los pasatiempo es coleccionar relojes para desarmarlos y armarlos nuevamente, no le impresiona el lujo de los mismos pero si la mecánica que regula los minutos y los segundos, por eso nunca le falta uno en su muñeca. De sus favoritos es un Rolex que el ex presidente norteamericano Franklin Roosevelt le regaló en una visita a Washington. Algo que sorprende, son los ritos de iniciación que practica con el oráculo Nechung basado también en la astrología tibetana, entre círculos luminosos, arco iris y tormentas de viento, estos métodos de predicción fueron los que le avisaron que el gobierno Chino tenía la intención de secuestrarlo y decidió partir inmediatamente para salvar su vida.

En esta época de temor, incertidumbre social y polarización política, me pareció adecuado rememorar el encuentro que sostuve con este sagrado y notable personaje de la humanidad, que produjo grandes cambios en mi vida orientándola hacia un despertar espiritual desde las ideas de la bondad, la generosidad, la gratitud, la caridad y el amor incondicional. Espero que estas sean igual de valiosas para ustedes en el camino de su existencia.

El viernes 12 de Mayo del 2006, hacia las tres de la tarde el entonces Fiscal General de la Nación Dr. Mario Germán Iguarán Arana y yo en calidad de su asesor y amigo personal, llegamos a cumplir la invitación hecha por S.S. Dalai Lama durante su histórica visita a Colombia, a una de las suites del Hotel Tequendama en Bogotá y con quien compartimos una extraordinaria velada espiritual que se extendió por más de dos horas. Cada uno de nosotros asimiló esta experiencia como admiradores y discípulos, experimentando mucha armonía y paz. A continuación, quiero compartir algunos fragmentos de ese diálogo inolvidable que sostuvimos:

Armando Martí: Su Santidad Dalai Lama, ¿cuál es el origen de tantos conflictos y desequilibrios en el mundo?

S.S Dalai Lama: La mayoría de estos conflictos se basan en las necesidades creadas por los sistemas de gobierno, que han cambiado el progreso espiritual por pequeños placeres que colman los sentidos, entregando el alma a la comodidad, los vicios, la ansiedad y al malestar que causa el vacío de estar lleno. Me preocupa el deseo creciente de la guerra y del dominio del otro a través de las armas, pues estas armas no permanecen guardadas en sus cajas de fabricación y alguien tarde o temprano las va a utilizar.

Si produciendo muchas armas pudiéramos lograr la paz, entonces deberíamos transformar todas las fábricas en fábricas de armas y gastar todo el dinero en ese propósito, pero desgraciadamente es imposible. La única forma de lograr la paz, es a través de la transformación interior, hacia la integridad y el servicio a los demás. Así parezca una utopía, deberían ensayar este método.

A.M: Su Santidad, en occidente la sociedad se ha vuelto consumista ¿cuál sería su guía para transformarla y buscar más la luz del espíritu?

S.S: Las personas de occidente olvidaron cultivar su dimensión interior, volviéndose esclavos de las cosas materiales y del aspecto humano sólo les quedó el nombre. Adoradores del sentido de la eficacia, los magnates, dirigentes de empresas, asesores e inversionistas, pusieron su espíritu al servicio del resultado, esto hizo que renunciaran a su independencia espiritual volviéndose servidores de la economía global. En esta sociedad industrial, todos los campos del deseo y el placer, han sido analizados, tecnificados, explorados y satisfechos.

Las cosas tienen más poder actualmente sobre el hombre, que cualquier otra “cosa”. La invasión de la tecnología disminuye los caminos del espíritu, pues la humanidad quiere todo rápido, eficiente y con resultados inmediatos. Contrario a los estados energéticos de la oración y la meditación, que invitan a tomar la vida con calma, saboreando el instante y buscando tiempo para escuchar, reflexionar y actuar dentro de la compasión y el amor. Esa es la diferencia, entre la enfermedad y el equilibrio del ser humano en la actualidad.

A.M: Su Santidad, he investigado que la angustia del ser humano occidental está basada en el miedo a morir, ¿usted teme morir?

S.S: Armando yo soy un ser iluminado que ha elegido varios úteros y cuerpos para reencarnar, pues la materia se transforma pero el espíritu no tiene tiempo ni espacio. Los altos lamas de la escuela Gelug, deben averiguar a través de sueños y visiones dónde se encuentra el niño que por medio de su cuerpo, recibirá mi consciencia sutil del espíritu que evolucionará con el décimo quinto Dalai Lama. El pueblo tibetano posee una fuerza interior desde la seguridad en la creencia de la reencarnación, la superación de la rueda de la vida (Samsara), del dharma y el karma.

Recuerda que la muerte nos iguala a todos, es la misma para un hombre rico que para cualquier otra criatura viva, una realidad que enfrentamos todos los días, por eso les sugiero a las personas que busquen un camino de meditación y oración para enfrentar este momento decisivo de la existencia. Desapegarse, vivir sin expectativas desbordadas y concentrarse en la maravillosa sencillez del momento presente, ayudan a que las acciones sean más conscientes y menos monótonas, con el fin de dejar en este plano una huella de humanidad, de ahí que aprender a vivir en el bien nos lleva a morir muy bien.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO