Anthony Bourdain: “Lastimé y decepcioné muchas personas”

8 de junio del 2018

“Soy un hombre muy afortunado. Tengo el mejor trabajo del mundo”.

Anthony Bourdain: “Lastimé y decepcioné muchas personas”

“Estábamos drogados todo el tiempo y no perdíamos una sola oportunidad para meternos al cuarto frío a ‘conceptualizar’. No se tomaba prácticamente ninguna decisión si no había drogas de por medio”, reza un apartado de su libro, Confesiones de un Chef.

Su pasión siempre fue aprender y viajar por el mundo probando los platos más populares. Lo primero que hacía cada vez que pisaba tierras extranjeras era respirar profundo y captar el aroma del lugar.

“A veces me pregunto qué es lo que exactamente hago para vivir. Visito lugares, como y bebo demasiado“, fueron sus palabras cuando visitó Colombia en el marco del programa ‘Sin Reservas’ en 2008.

El día que se sintió feliz y dichoso, fue cuando trabajó lavando platos en un restaurante de Massachusetts, Estados Unidos. Su primer trabajo antes de ser el personaje que hoy la industria culinaria añora.

Lo conocían como un tipo bastante tímido y hasta torpe. Sin embargo, eso no le impidió ser feliz refregando platos llenos de grasa de cerdo. Era tan bueno en lo que hacía que un día lo promovieron al cargo de “fritador de papas”, un logro en ese entonces.

Años después conoció a Mario Dmitri con quien se juntaría para crear los mejores banquetes para los amantes de la pizza y algunos traficantes de droga.

Para los 90, su sous chef, asistente del chef ejecutivo, Steven Moore le enseñó a no tener vergüenza alguna. Le tuvo tanto aprecio por las bromas tan pesadas que solía hacer. Hoy en día no mantiene comunicación con él, pues cree que le vendió a TMZ una foto de su miembro.

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A pesar de las discusiones con su equipo de trabajo, tomaba cerveza con ellos y disfrutaba de un buen momento de esparcimiento sin mala voluntad. Es en ese entonces cuando su problema de ira se reducía a una sonrisa con sus colegas.

En una entrevista con The Guardian, hace 17 meses, confesó no ser una buena persona con los cocineros, camareros y mucho menos con quienes se encargaban de lavar los trastes.

“Es terrible y contraproducente, hacer que las personas se sientan idiotas por trabajar duro para ti”, aseveró. 

Solía ser feliz en su vida como chef ejecutivo. Sin embargo, con el paso del tiempo y su poder adquisitivo en desarrollo, decidió seguir la dieta de la heroína y el crack hasta llegar a su primer programa de televisión en el 2000.

Su apetito por las drogas venía acompañado de problemas de ira. “Lastimé, decepcioné y ofendí a muchas, muchas, muchas personas y me arrepiento mucho. Es una pena que tenga que vivir”, dijo en ese entonces al medio británico.

Su mano derecha, con el paso del tiempo se vio derrotada por la artritis que padecía debido al mal manejo de una batidora por muchos años. Otras lesiones que se veían en su cuerpo -como heridas con algunas herramientas de cocina como cuchillos afilados, pinzadas de langostas y camarones-, desaparecieron.

Conoció lugares como Beirut donde se vio atrapado en medio de una guerra, Liberia, el Congo, Irak y Libia. Viajaba 250 días al año y gracias a cada milla que recorría, aprendió que las cosas se pueden tornar mal repentinamente.

Su cuerpo hallado ahorcado en una habitación de hotel en Francia el 8 de junio de 2018 solía tener mayor prioridad, en vida, que la comida: ver a su hija Ariane degustar sus platos favoritos que él mismo hacía.

“Soy un hombre muy afortunado. Tengo el mejor trabajo del mundo”.

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