El decano que encontró la paz en el monte

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

El decano que encontró la paz en el monte

1 de febrero del 2019

Dos bastones ortopédicos descansan sobre la pared, en la esquina, a su mano izquierda. Antonio Navarro Wolff no tiene puesta la prótesis. Se la quitó porque el muñón se inflamó a raíz de la larga caminata que realizó el domingo anterior, cuando marchó por las calles de Bogotá en rechazo al atentado terrorista perpetrado por el Eln en la Escuela General Santander, en el que murieron 21 cadetes de la Policía y un terrorista.

Para Navarro lo que hizo el Eln, tratando de impulsar un proceso de paz, fue un completo absurdo. “No es ojo por ojo y diente por diente. No es que como me mataron a no se quién yo voy y pongo una bomba y mato un poco de jovencitos que están estudiando en una escuela de policía”. Navarro sabe de conflicto bélico porque fue guerrillero; pero también sabe de paz, porque siendo guerrillero activo se desmovilizó, por eso aprovechó las cámaras de KienyKe.com para enviarle un mensaje directo al Eln: “Así no se hace la paz señores. La paz se hace con hechos de paz no con hechos de violencia ni hechos de guerra”.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

La oficina de Navarro es pequeña, mide unos tres metros de ancho por unos cinco de largo. Queda en el segundo piso de una escuela de creativos, en Chapinero. Es sencilla, sin mucho detalle decorativo. El rostro de Cristo, dibujado en un cartón sin marco, reposa al lado derecho de la ventana que queda a su espalda, al otro lado están Don Quijote y su escudero, en otro dibujo. La oficina es prestada.  Allí atiende a quienes desean hablar con él sobre temas políticos y atiende entrevistas, al menos ahí atendió esta.

Su génesis

Nació en 1948, en el seno de una familia de clase media, en Pasto, capital del departamento de Nariño; pero su adolescencia y adultez la vivió en Cali, a donde llegó a los 9 años con su familia (papá, mamá y cinco hermanos) huyendo de la pobreza. Su padre, Rafael Navarro, era bueno para el comercio, pero se metió con un negocio que no conocía: la agricultura. Alquiló tierra, pidió dinero prestado y sembró cebada, pensó que era un negocio redondo y fácil, pero a la cebada la atacó una enfermedad y toda la cosecha se murió. Don Rafael tuvo que vender todo para pagar lo que debía y la familia Navarro Wolf quedó con una mano adelante y la otra atrás.

En Cali rehicieron la vida. Antonio José, el mayor de los seis hermanos, terminó el bachillerato en colegio público. Fue bueno académicamente. Quiso estudiar ingeniería civil pero en Cali no había la carrera, no se quería ir de la ciudad y lo más cercano que encontró fue ingeniería sanitaria en la Universidad del Valle. Fue todo un nerd. Aprendió a programar computadores con Fortran IV y al no haber quién supiera este lenguaje de programación, apenas recibió el diploma de grado fue contratado por la universidad en la que estudió para dictar clase de sistemas.

El haber estudiado el fin del bachillerato y la universidad en instituciones públicas despertó en Navarro Wolff un interés especial por las problemáticas sociales, políticas y económicas del país. La desigualdad con la que se cruzaba todos los días dentro y fuera de las aulas era su mayor inquietud.

El ‘Eme’

Con el robo de las elecciones al general Rojas Pinilla, el 9 de abril de 1970, nace el Movimiento 19 de abril (M-19) una guerrilla nacionalista y socialista democrática que buscaba pelear por la instauración de la democracia en Colombia. Navarro, con 22 años y a punto de terminar la universidad, fue uno de millones de colombianos, que votó  por el exmilitar y exdictador, muy seguro ganador de la presidencia.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

“Yo me dije: si a un general retirado le roban las elecciones a quién se las van a respetar. Si no había soluciones institucionales había que buscar soluciones extrainstitucionales. Me quise meter a un grupo armado pero no me gustaban los que existían, las Farc eran marxistas; el Epl, leninista y el Eln también tenía raíces internacionalistas”, contó Navarro.

El joven ingeniero, ya docente, fue becado por la fundación Rockefeler y por el Consejo Británico. Desilusionado de la política interna y de la burguesía amarrada al poder, aceptó la beca y se fue a estudiar a Inglaterra. Al volver lo nombraron decano de ingeniería sanitaria y era asesor de varias empresas privadas. Profesional y económicamente lo tenía todo.

La triste realidad del país era la misma desde que se fue y empeoraba más en manos de la misma maquinaria política. Las inquietudes sociopolíticas seguían preocupándole, hasta que se dijo: “Aquí hay un mundo que hay que cambiar, que hay que mejorar y hay que hacerlo por métodos extrainstitucionales”. Buscó el único grupo guerrillero con el que se sentía identificado, el M-19, y encontró, gracias a sus años de estudiante revolucionario, contactos para llegar a él.

Se enlistó como miliciano en 1974 y paralelamente siguió con sus actividades profesionales. El decano de ingeniería de la Universidad del Valle era a la par un guerrillero activo del M-19. Esa doble vida no le duró mucho. Un año después de haber ingresado a las filas insurgentes, recién casado y con un hijo en camino, fue delatado por un guerrillero que capturaron. Tuvo que irse para el monte, empuñar un arma y vivir entre cambios de clima, mosquitos y maleza.

Gracias a su hoja de vida y experiencia fue ascendiendo con rapidez en el grupo y en poco tiempo ya tenía rango de mando. Era jefe, pero su vida como guerrillero no fue fácil, como dice él, mientras suelta una sonrisa bonachona,  “No salió gratis”. En 1980, de camino a Bogotá, donde participaría en una reunión del Eme, fue capturado. Navarro recuerda que los hombres con los que iba se dieron cuenta del operativo en su contra, pudo bajarse del carro y huir hacia Girardot, pero allá lo agarró la policía, que lo entregó al Ejército.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

Durante 21 días, todas las noches, lo torturaron para que contara secretos y ubicación del M-19. No dijo nada. Agradeció el día que lo sacaron de la Escuela de Caballería y lo trasladaron a la cárcel La Picota, la cual, sin palizas nocturnas, encontró hermosa. El país estaba en estado de sitio y por eso, después del consejo de guerra que le hicieron fue condenado a nueve años de prisión, pero dos años después, mientras construía un túnel para escapar, cae el estado de sitio y al quedar vigente el código penal, que le daba solo seis meses de condena por rebelión, salió libre por pena cumplida. Volvió al monte.

Con Belisario Betancur en el poder llegó el primer acercamiento para alcanzar la paz. Navarro fue nombrado jefe negociador. “El proceso iba lento”, según Antonio, “no había espacio político para lograrlo”.

El Atentado

El 23 de mayo de 1985, un jueves, en plenos diálogos, en Cali, un bus del Ejército fue atacado por desconocidos dejando un soldado muerto y nueve heridos. Pasadas las 10 de la mañana, en la misma ciudad, Antonio Navarro Wolff estaba con cinco guerrilleros más del Eme desayunando en una panadería, frente a su casa, y un desconocido lanzó una granada que cayó y explotó junto a su pie izquierdo.

“Casi me matan. Me entraron 136 esquilas en la pierna, el brazo y el cuello, que me puso a hablar así”, cuenta Navarro mientras se toca el cuello y muestra el lugar exacto donde se le clavó la esquirla.

El estallido le destrozó la pierna. “Lo que pasó en el cuello – lo explica él -fue que del centenar de esquirlas una me perforó el nervio hipogloso y por eso quedé hablando a media lengua”. Había información de que a Navarro lo iban a rematar y el gobierno lo sacó escondido para México, donde a los 20 días le quitaron la pierna izquierda, “la cual debe estar en algún basurero de Ciudad de México”, dice, se ríe y remata el chiste diciendo que por eso en México tiene más raíces que un mexicano. Aunque siempre ha sido muy flaco, salió del hospital más flaco, pesaba 37 kilos.

Mientras estuvo por fuera del país salió de la línea de mando del M-19. Se enteró y siguió la toma del Palacio de Justicia y otras actividades del grupo guerrillero por televisión. Regresó a Colombia a finales de 1989 para acompañar a Carlos Pizarro, jefe máximo del M-19, en el segundo intento para lograr la paz, que se firmó el 9 de marzo de 1990 con el presidente Virgilio Barco Vargas. “Fue el primer proceso de paz finalizado con éxito en América Latina”, dice con orgullo. Aunque las guerrillas la Farc, Eln y Epl fueron invitadas a seguir los pasos del Eme, decidieron continuar en el monte mientras criticaban la entrega de armas del Movimiento 19 de Abril.

48 días después, el 26 de abril, dentro de un avión en vuelo, que iba para Barranquilla desde Bogotá, Pizarro, candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19, fue asesinado. Gerardo Gutiérrez Uribe, alias ‘Jerry’, desenfundó el cargador de una metralleta contra el líder de Izquierda, tercer candidato a la presidencia asesinado para la época.

Foto: Daniel Eduardo Rojas Sánchez

“En ese se momento me tocó tomar la decisión más difícil de mi vida. ¿Qué hacer?, si nos devolvíamos para el monte o no y pese a los riesgos y a las amenazas nos quedamos cumpliendo la palabra empeñada, la palabra de paz, la palabra que firmamos”, dice Navarro, mientras se acomoda el blazer y mira una vez más directo a la cámara que graba esta entrevista.

Navarro, segundo al mando del Eme, se inscribe como candidato presidencial. Para que no lo maten se guarda en una casa durante 46 días, custodiado por escoltas. No salió ni a la esquina. Su campaña política la hizo solo por mensajes que se emitían a través de la televisión. “Algo similar tuvieron que hacer los otros candidatos: César Gaviria, Álvaro Gómez y César Lloreda”, menciona el político.

Gana Gaviria, quien al igual que Navarro Wolff, sostenía las banderas de su líder político asesinado: Luis Carlos Galán Sarmiento, de quien se decía era el seguro el ganador de la contienda. El nuevo presidente nombra a Antonio Navarro como ministro de Salud, quien a partir de ahí inicia una ascendente carrera política que al sol de hoy no se ha detenido.

La carrera política

Con el 28% de los votos, y como representante de la tercera fuerza política, fue co-presidente de la Asamblea Nacional Constituyente que modificó la Constitución de 1986 y creó la de 1991, que actualmente rige al país. Se va para su ciudad natal y con una amplia diferencia de su rival, se convierte en alcalde de Pasto. Gana el premio a mejor alcalde del país. Se devuelve para Bogotá y es elegido Representante a la Cámara. Luego es Senador. Vuelve a Pasto, se postula y gana la gobernación de Nariño. Regresa a Bogotá y trabaja en la alcaldía de Gustavo Petro como secretario de gobierno, se retira antes de que se acabe el mandato y vuelve al Senado, donde estuvo hasta el pasado 20 de julio de 2018, porque quiere, como lo dice, ‘echarse bien el último polvito’ y ser alcalde de Bogotá, antes de retirarse por completo de la escena política.

Se ha casado dos veces, la segunda en 1994 con la filóloga y exmodelo profesional Marcela Bustamante. Sus matrimonios no funcionan y al paso de los años se separa. Tenía tres hijos: uno del primer matrimonio, que vive en Cali, y dos bogotanos del segundo; pero el 28 de enero de 2005 Gabriel Navarro, de 19 años, hijo de Antonio y Marcela, se quita la vida. La muerte de su hijo es de lo único que Navarro no responde pregunta alguna. Se incomoda con el tema. Se desubica y lo único que dice al respecto es que tiene un pacto con Marcela, la mamá de Gabriel, de “no hablar ni pío” sobre eso, pero reitera con rostro adusto que ese, sin duda alguna, es, ha sido y será el peor momento de su vida.

Si es elegido alcalde, Bogotá no tendrá primera dama. Desde que se separó de Marcela Bustamente, hace unos 15 años, no se ha vuelto casar. Navarro dice que es feo y se burla de sí mismo, pero dicen que es coqueto y enamoradizo. Es buen charlador y punta de carreta, así sea a media lengua, ha enamorado a las mujeres, “porque si fuera por pinta no hubiese podido”, lo dice él. Y sus dotes de coqueto salen a relucir cuando se le pregunta por su estado sentimental actual: una vez más mira fijamente a la cámara y lanza una propuesta al aire: “si alguna señora quiere hacer pareja conmigo estoy disponible” y reitera que “aún tiene pólvora en los calzoncillos”.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO