La conspiración que acabó con la vida del padre Gallego

15 de junio del 2018

Fue asesinado en Panamá hace 47 años.

La conspiración que acabó con la vida del padre Gallego

Jesús Héctor Gallego Herrera, un sacerdote colombiano que partió hacia Panamá para trabajar con las comunidades campesinas e indígenas fue víctima de múltiples amenazas y atentados que finalmente terminaron con su desaparición y asesinato por parte de las fuerzas de defensa (fuerzas armadas de le época) hace 47 años. Ahora, después de tanto tiempo de búsqueda, por fin se tienen noticias de lo que comenzó la trágica noche del 9 de junio de 1971.

Recientes estudios realizados a los restos óseos hallados hace casi dos décadas corresponden con las pruebas genéticas del misionero. Una historia que parecía nunca acabar.

Los inicios del padre Héctor

Nació el 8 de enero de 1938 en Montebello, un municipio colombiano ubicado al sureste del departamento de Antioquia. Realizó el bachillerato en el seminario diocesano de Jericó, estudió filosofía en el seminario de Santa Rosa de Osos y teología en Medellín.

Tras conocer que la recién creada diócesis de Veraguas, al norte de Panamá, solo contaba con nueve sacerdotes, se ofreció para trabajar allá, propuesta que presentó y fue aceptada por monseñor Marcos McGrathel, primer obispo de Santiago de Veraguas.

Vivió durante seis meses en Panamá como diácono de San Francisco de Veraguas, regresó a Medellín, donde se consagró como sacerdote en la Parroquia del Carmen en 1967.

El obispo encargado de su ordenamiento fue el mismo Monseñor Marcos Gregorio McGrath, quien le facilitó a Gallego su nombramiento como misionero en Panamá por su compromiso con la comunidad campesina.

Con 29 años se radicó en el país centroamericano como primer párroco de la iglesia de San Pedro en Santa Fe de Veraguas; además de prestar sus servicios espirituales a la comunidad también luchó contra las injusticias y abusos a los que eran sometidos los campesinos por terratenientes; organizándolos en cooperativas y denunciando las situaciones de injusticia en los medios de comunicación.

Por los cambios que lideró Héctor en las personas campesinas, los terratenientes se vieron afectados; los trabajadores pensaban más en su calidad de vida y esto hacía que las exigencias y decisiones fueran más fuertes. La mala remuneración y explotación, desnutrición y analfabetismo presentes en estas comunidades, hacían notables las diferencias socio económicas. Situación que lo disgustó mucho.

Gallego contra la corrupción

El 11 de octubre de 1968, un grupo de la guardia nacional de Panamá hizo un golpe de estado al recién posicionado presidente Arnulfo Arias, encabezado por el mayor Boris Martínez y los tenientes coroneles Omar Torrijos Herrera y Jose H. Ramos. Quedando en el poder Omar Turrijos, un santiagueño. Con esta toma de poder, algunos terratenientes se vieron beneficiados por ser familiares de estos militares.

En las elecciones de ese año, el padre Héctor denunció en una misa que oficializaba en la calle, porque no contaba con un templo, la compra de votos en ese sector por parte de los políticos días antes de las elecciones. En medio de su discurso Álvaro Vernaza, primo de Turrijos, se acercó al sacerdote para ofenderle por su posición.

De la quema de la planta eléctrica traída por Álvaro Vernaza durante la época electoral, el padre fue acusado como principal sospechoso. Por este hecho, según un investigador, el religioso no se declaró culpable posibilitando meses después su detención por parte de la Fiscalía bajo el cargo de incendiarismo. Sin embargo, la iglesia intercedió para su libertad.

Para el 29 de junio de 1970, durante la procesión de San Pedro, el párroco ya había concienciado a los campesinos sobre la forma de celebrar ese día como un día santo y no con alcohol ni las costumbres fiesteras a las que estaban acostumbrados. Esto no fue del agrado de los terratenientes por lo que arremetieron contra Gallego golpeándolo y destruyendo parte del rancho donde él vivía; la estatua para la procesión fue arrebatada.

En una ocasión le ofrecieron salario, carro y casa para que dejara sus movimientos guerrilleros comunistas. Al negarse le dijeron que tenía que sufrir las consecuencias, según contó Hermenegildo Mendoza, presidente de la unión indígena campesina y conocido del padre.

El eclesiástico colombiano ya había tenido amenazas. Según Jacinto Peña, la última persona que lo vio con vida, él sabía que lo querían sacar del país: “Omar Turrijo pudo haberlo sacado porque quería algo en Santa Fe, si alguien se lo impedía, lo sacaba”.

“Si yo desaparezco, ustedes no sigan buscándome, sigan luchando”: Padre Héctor

Héctor Gallego conocía que no era bienvenido por quienes tenían mayor cantidad de tierras y poder en la región. Sin embargo, su interés era lograr un lugar más justo para los campesinos e indígenas y hacer de ellos personas partícipes de las situaciones del país y líderes conscientes a través del proceso de evangelización integral.

Durante marzo de 1971 se desempeñó como vocero de los campesinos en los encuentros con el gobierno donde se discutieron los planes de desarrollo de la localidad. Este ilustre personaje se encargó de reunir a los campesinos para conocer las peticiones y puntos de vista de la comunidad y así darlo a conocer en los encuentros con las autoridades gubernamentales.

Con el tiempo, Héctor ganó muchos amigos, pero sobre todo enemigos. En mayo de 1971, Saul Ruíz, otro terrateniente, intentó apoderarse del terreno ocupado por la casa de Juana González, una campesina. Tanto el padre como los demás campesinos se opusieron a esta arbitraria acción. Una semana después, 23 de mayo en la noche, le prendieron fuego a la casa de Gallego con él adentro y dormido.

Jacinto Peña le ofreció su casa. Allí se alojó durante varios días. Mientras tanto el G2 (fuerza de defensa nacional) investigó sobre sus posiciones: ¿Dónde dormía? ¿Dónde comía? ¿Dónde vivía?

En la noche del 9 de junio de 1971, dos hombres aparecieron afuera de la casa de Jacinto para hablar con el religioso. Los agentes, al parecer del grupo ‘Macho de monte’ (que también hacía parte de las fuerzas armadas), después de una corta conversación se lo llevaron. La comunidad creyó que había sido retenido y por eso se organizaron en una manifestación en Santiago para pedir su libertad pero al llegar a los calabozos, Héctor Gallego Herrera no estaba en el cuartel.

Peña afirmó que la comunidad estaba segura de que esa noche se lo llevaron, no lo sacaron del país porque él ya les había expresado que si eso pasaba, volvería.

“Me pueden sacar del país, pero si me sacan, yo entro a Panamá de nuevo por la vía ilegal”: Héctor Gallego.

Flickr/ Ken mayer

¿Qué pasó con Héctor Gallego?

Con la desaparición del párroco se generaron múltiples hipótesis a cerca de lo sucedido. Lo único cierto es que después de subir a una camioneta color verde, aproximadamente a las 12 de la noche, se perdió su rastro.

Muchas fueron las especulaciones sobre los hechos del 9 de junio que marcaron una comunidad panameña y una familia colombiana.

Se decía que el estado mayor dio la orden de sacarlo del país porque un familiar de Torrijo así lo había pedido al verse afectado por las cooperativas y el movimiento que generaba el sacerdote en Santa Fe de Veraguas.

Otra, que el sacerdote secuestrado por personas de la Guardia Nacional y el Departamento de Investigación Nacional (Deni) fue llevado a la ciudad capital tenido en confinamiento solitario en una cárcel.

Por estas declaraciones, 22 años después de la desaparición, el teniente coronel Nivaldo Madriñan, último jefe de la Policía del régimen Noriega; el subteniente Melbourne Walker y el capitán Eugenio Magallón, fueron acusados culpables por un juez de consciencia del Tribunal de Penonomé, Panamá, y condenados a 15 años de prisión. Magallón fue condenado en calidad de prófugo. Los militares fueron quienes hacían presencia en Veraguas.

Melbourne Walker, al pasar unos meses de la condena, envió una carta al padre Fernando Guardia en la que confesaba haber investigado sobre Héctor pero negaba su participación en la desaparición. Declaró que recibió ordenes de Manuel Antonio Noriega y que esa recopilación de información fue puesta en conocimiento de Edilberto del Cid, jefe del escuadrón ‘Macho de monte’.

Según el diario La Prensa, un informe clasificado de la CIA fechado el 21 de junio de 1971, demostraba el conocimiento de EE.UU sobre el caso Gallego. En este se estableció que el padre fue golpeado faltalmente en la cabeza por un oficial de apellido Magallón.

Edilma Gallego, hermana de Héctor, llegó a Panamá en 1999 para conocer el proceso de investigación sobre la desaparición de su hermano y las pruebas de ADN de un grupo de restos óseos encontrados ese año. En su búsqueda formó una lista de los posibles responsables. Habló con Madriñán y Walked, ambos apuntaban a Noruega, aunque en sus versiones le dejaron más dudas porque “unos le tiraban la pelota a los otros”.

El laboratorio Reliagene Technologies, Inc. y el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos revelaron que la osamenta pertenecía al desaparecido dirigente simpatizante del izquierdista del Movimiento de Unidad Revolucionaria, Heliodoro Portugal.

El 18 de enero de 2001 nació la Comisión de la verdad, una organización que investigó los crímenes cometidos durante la dictadura militar de 1968 a 1989. Esta comisión pidió la realización de nuevos análisis a los huesos encontrados que dio como resultado que no eran los de Portugal.

En 2015, Edilma habló con Noriega en dos ocasiones mientras estaba preso. En la segunda reunión éste le confesó que a su hermano sí lo mataron pero no por orden suya sino del estado mayor: una fuerte golpiza que le propinaron en la cabeza e incontables golpes en el resto del cuerpo le ocasionaron fractura de cráneo y en una de las costillas, esta a su vez se incrustó en el pulmón. Tres días después, alguien le dio ‘el tiro de gracia’.

“Lo desparecieron para no mostrar esos golpes”, le aseguró Noriega. En la conversación le contó que los restos de su hermano estaban en Tocumen, Motor Pool, donde habían encontrado supuestamente los de Heliodoro.

Tres años después de la reunión, con Noruega fallecido y Magallón aún prófugo, la familia Gallego Herrera espera que las osamentas encontradas en 1999 en el antiguo cuartel de los Pumas de Tocumen, pertenezcan oficialmente al ‘mártir del Concilio Vaticano II’, como lo nombró el comité de la conferencia episcopal panameña.

En este caso, la iglesia católica panameña tiene previsto iniciar la beatificación para declararlo siervo de Dios y que pueda ser ‘mártir de la iglesia’; aspirando a su canonización y declaración como santo por su obra con las comunidades tal y como lo dice en la biblia.

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