De esto nos arrepentimos antes de morir

De esto nos arrepentimos antes de morir

27 de noviembre del 2013

Bronnie Ware es una escritora australiana que durante muchos años trabajó en cuidados paliativos para enfermos desahuciados. A los pacientes sólo se les trata el dolor para que estén más cómodos en el poco tiempo que les queda de vida. Durante esta experiencia Ware también se dedicó a hablar con los pacientes sobre sus remordimientos y se encontró con que casi todos ellos describieron los mismos sentimientos frente a la muerte inminente.

Con los testimonios que recopiló escribió un artículo en su blog, que luego terminó por convertirse en un libro: Los 5 principales remordimientos de los moribundos (The Top Five Regrets of the Dying).

“Durante muchos años trabajé en cuidados paliativos. Mis pacientes eran aquellos que se habían ido a sus casas a morir. Compartimos momentos increíblemente especiales. Estuve con ellos durante las últimas 3 a 12 semanas de sus vidas. La gente crece mucho cuando se enfrenta a su propia mortalidad”, dice Ware. “Aprendí a no subestimar la capacidad de nadie para crecer. Algunos cambios fueron fenomenales. Cada uno experimenta una variedad de emociones, como es de suponer: negación, miedo, enojo, remordimiento, más negación y eventualmente aceptación. Cada paciente encontró su paz antes de partir”.

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A todos sus pacientes, quienes fueron enviados a sus casas para morir en un entorno amigable, Ware les preguntó acerca de las cosas que hubieran hecho de modo diferente en sus vidas y siempre surgieron temas comunes. Estos fueron los cinco más recurrentes, en palabras de la escritora:

1- Ojalá hubiera tenido el coraje para vivir una vida en la que fuera honesto conmigo mismo, y no la vida que otros esperaron de mí.

Ese fue el arrepentimiento más común de todos. Cuando la gente se da cuenta que su vida ya casi se termina y comienzan a analizarla con claridad, es fácil darse cuenta de cuántos sueños quedaron sin cumplir. La mayoría de la gente ni siquiera honró la mitad de esos sueños y murieron sabiendo que esto se debió a decisiones que tomaron o dejaron de tomar.

2- Ojalá no hubiera trabajado tanto.

Este testimonio se lo oí a todos los pacientes hombres a los que atendí. Se perdieron la juventud de sus hijos y la compañía de sus compañeras. Las mujeres también hablaron de este arrepentimiento, pero como casi todas eran de una generación mayor, muchas de ellas no eran quienes trabajaban por el pan de cada día. Todos los hombres a los que atendí se arrepentían profundamente de haber pasado tanto tiempo de sus vidas en la rutina de una existencia laboral.

3- Ojalá hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos.

Muchas personas reprimieron sus sentimientos en un intento por mantener la paz con quienes los rodearon en vida. Como resultado de ello, se resignaron a vivir una existencia mediocre y nunca se convirtieron en quien tenían las capacidades para convertirse. Muchos desarrollaron enfermedades directamente relacionadas con la amargura y el resentimiento que cargaron durante sus vidas.

4- Ojalá hubiera permanecido en contacto con mis amigos.

En varias ocasiones no se daban cuenta de los beneficios de los viejos amigos hasta que se encontraban en las semanas de su muerte y entonces no siempre era posible ubicar a estos amigos. Muchos estaban tan concentrados y atrapados por sus propias vidas que abandonaron amistades de largos años que valían oro. Hubo mucho arrepentimiento por no haberle dado a dichas amistades el tiempo y el esfuerzo que se merecían. Todo el mundo extraña a sus amigos cuando se está muriendo.

5- Ojalá me hubiera permitido estar más contento.

Esto es sorprendentemente común. Muchos no se dieron cuenta, hasta el final, de que la felicidad es una opción. Se quedaron atrapados en viejos hábitos y patrones, el llamado “confort” sobre aquello que es familiar rebosó sus emociones así como sus vidas físicas. El miedo al cambio hizo que pretendieran ante otros y ante sí mismos, que estaban contentos, cuando desde lo más profundo solo deseaban reírse con propiedad y volver a tener ridiculez en sus vidas.

Y usted, ¿de qué se va a arrepentir?