Cómo esta mujer estafó a John Fran Pinchao

Cómo esta mujer estafó a John Fran Pinchao

9 de Agosto del 2012

John Fran Pinchao aparece por uno de los corredores de un reconocido centro comercial del norte de Bogotá. Lleva puesto un traje de paño color azul oscuro, camisa blanca y corbata rosada. Hace dos días no usa el uniforme de la Policía porque luego de 20 años de servicio, incluidos los 8 años de cautiverio, se retira como pensionado en el grado de subcomisario. Pinchao ahora se dedicará a dictar conferencias sobre su fuga del secuestro en 2007. Los más de 120 libros que leyó de manera frenética durante su secuestro, entre los ­­­­que recuerda varios títulos de Germán Castro Caycedo y Gabriel García Márquez, le ayudaron a darle forma a su relato. Mientras camina erguido, Pinchao dice que lo único que conservará de la institución es el corte de pelo estilo militar porque es la única manera de estar peinado.

Luego de atravesar el centro comercial, Pinchao se acomoda en la mesa esquinera de un café. Nadie lo reconoce. Parece que los 30 kilos de más en su peso le han devuelto el anonimato. Bebe agua rápidamente y se dispone a compartir una historia que no está relacionada con su fuga. Es un capítulo desconocido de su vida: la estafa que le hizo una colombiana por más de 15 mil dólares.

Cada mes que Pinchado estuvo secuestrado y durmió con una cadena en el cuello –objeto que todavía conserva junto a una maleta y planea donar al Museo de la Policía–, el 25 por ciento de su sueldo era retenido por la Policía. El resto era destinado a su familia. John recuerda que pocos meses después de su fuga recibió el dinero y fue llevado a trabajar a la agregaduría policial de la embajada colombiana en Chile durante un año. Burlándose de él mismo dice que su cargo era: “ayudante del ayudador”.

Yoli Venegas
Yoli Venegas montó un negocio en una lujosa zona de Santiago con el dinero que nunca le pagó a Pinchao.

En medio del secuestro, Pinchao construyó un sueño: prestar dinero a personas que no lo tuvieran para desarrollar sus proyectos. Fue en Chile donde comenzó a cumplirlo. Allí, conoció a una chilena que conducía un taxi, un hecho impresionante para él. La mujer era madre cabeza de familia y había vendido lo poco que tenía para comprarse un carro. Sin embargo, estaba en medio de un problema. En poco tiempo tenía que comprar otro porque el modelo de éste iba a cumplir cinco años de antigüedad y por ley no podía transitar. Fue así que Pinchao se ofreció a prestarle el dinero para comprar un taxi Toyota Yaris. El préstamo se hizo y la mujer le pagóen menos de un año.

Una tarde, mientras tomaba café en una tienda de Juan Valdéz, Pinchao conoció a la siguiente mujer a quien estaba dispuesto ayudar. Se trataba de Yoli Venegas, una diseñadora de modas nacida en Pereira. Después de una corta conversación, intercambiaron teléfonos y comenzaron a verse en algunas reuniones en la embajada colombiana. Meses después, Pinchao le ofreció su dinero a Venegas para comprar un taxi y mejorara así la situación económica porque recién se había divorciado. Sin embargo, Venegas dijo que prefería abrir un consultorio odontológico. Pinchao invirtió todo cuanto tenía en aquel local. El compromiso de pago quedó firmado en un papel donde se acordó el valor de las cuotas. Pero Venegas solo pagó la primera.

Pinchao terminó su misión en Chile y regresó a Colombia. Desde aquel momento, Yoli no le volvió a contestar el teléfono, ni los mensajes de correo electrónico. Aunque le había jurado por sus dos hijos que le iba a cancelar la deuda.

John esculca los bolsillos de su chaqueta y saca una hoja cuadriculada donde tiene escrita la página web www.yolivenegas.cl, la dirección electrónica de la tienda de ropa que Yoli Venegas abrió con la venta del consultorio odontológico. Se bebe el último sorbo de agua y dice que después del secuestro aprendió a no apegarse al dinero porque en medio de la selva estaba escasamente apegado a su vida. Repite: “solo estoy decepcionado de la gente”.

John Fran Pinchao
Luego de escapar del secuestro, John Fran Pinchao vivió en París durante dos años. Allí aprendió francés y estudió Ciencias Políticas.

A través del teléfono, Yoli Venegas no quiere hablar del tema y cuelga de manera apresurada la llamada. Según su página web, la tienda de ropa que lleva su nombre está ubicada en uno de los lugares más lujosos de Santiago de Chile y entre sus clientes está Juan Valdez en ese país.

El John Fran Pinchao de hoy está lejos del imaginario que los medios de comunicación ayudaron a construir en 2007. Habla francés de manera fluida, está orgulloso de haber estudiado en la misma universidad donde se formó Ingrid Betancourt y Nicolás Sarkozy y sonríe con frecuencia. Tal vez es reflejo de su tranquilidad. Ha dedicado los últimos años a pedir las vacaciones que tenía acumuladas, algo más de 300 días. Recorrió el norte y centro del país en compañía de su familia. En su tiempo libre monta bicicleta y aunque es muy malo para nadar procura practicar natación dos horas a la semana. No coleccionada nada, pero le gusta comprar y vender casas.

Pinchao entra a una librería, saluda y algunas personas lo reconocen. “Estoy buscando mi libro”, dice. Pero el vendedor le responde: “está agotado”. Mi fuga hacía la libertad ha sido editado 13 veces, está disponible en español y francés y hasta la fecha se han vendido más de 60 mil copias. John Fran Pinchao sale del centro comercial, un par de mujeres lo saludan emocionadas. Sonríe para un par de fotografías, comenta que va a tener una hija que llamará María José y se pierde en medio de filas de carros junto a un escolta que lo acompaña.

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