Un día de entrenamiento como cadete

Un día de entrenamiento como cadete

22 de abril del 2018

La vocación de prestar un servicio a la comunidad, es una pasión y un don que se refuerza con dedicación, sacrificio y en algunos casos, con voz fuerte y orden militar. Este último está en la balanza del orgullo por hacer patria y en otro, por el desconocimiento de cómo es la vida de quienes arriesgan su integridad por brindar seguridad, y que se puede juzgar además de caer en el error de demeritarlo.

Juzgar desde una posición diferente es una de las causas de la división de opiniones y pensamientos acerca de vidas y pasiones, que aunque no siempre se comparten se deben respetar. Una de ellas, es la vida militar por convicción, amor y gloria por defender al país. La empatía y vivir en carne propia situaciones que jamás estuvieron en planes fueron el origen de seis horas en el día de entrenamiento de un cadete.

El cadete aspira a hacer carrera militar con la dedicación y amor hacia el servicio del país. El esfuerzo comienza con el día 1, cuando sabe que una vez dentro de la escuela militar ya tiene órdenes, objetivos y la meta de llegar a ser teniente suboficial en las diferentes ramas que tiene el ejército.

El día comienza con la diana a las 5:00 a.m y en tiempo récord se debe organizar la cama, lucir el uniforme con el mayor orgullo y que todo este en perfecto orden. La realidad es diferente para quienes se aventuran a un día de entrenamiento. Este comienza a las 8:00 a.m con la bienvenida del general de la Escuela Militar José María Cordova, el ‘alma máter’. Un apretón de manos y voz de mando, llaman a lista y hacen entrega de una camiseta negra y el casco que reconoce a los hombres y mujeres dispuestos a proteger.

El Mayor Jhon Chaves Mejía, alto y con expresiones serias, explica que se hará entrega de pinturas para la cara. -Se mimetizan con los tres colores, para un solo sentido y rápido-, la orden clara y precisa fue seguida por atalajarse (organizarse por estatura, de menor a mayor).

‘A su derecha siempre verá a su lanza, debe estar y así se organizarán hoy’. Un consejo básico para comenzar a entender los saludos, alineamiento de las manos, estar a discreción y en atención para las órdenes con voz fuerte y un cantadito que es tradicional.

Con un grito de guerra y una lluvia ligera el Mayor Chaves dio la orden de hacer un trote, luego una marcha con un movimiento de brazos y un canto para coordinar las piernas, “izquierda, derecha, izquierda”, una y otra vez hasta conocer las diferentes alas que tiene la institución.

A las 10:00 a.m y en orden de entrada de menor a mayor, el Alférez Murcia explicó cómo armar y desarmar el fusil 5.56 mm ace 23. La explicación fue rápida pero el acompañamiento para hacer el ejercicio fue complementario para conocer que los combatientes tiene solo 30 segundos para armarla, y otros 30 para desarmarla. Tiempo récord y necesario en situaciones de enfrentar al enemigo.

La fotografía con un ademán para tomar el arma dio por terminada la actividad para un refrigerio. Nada exclusivo, lo mismo que tienen los 200 cadetes que en el 2018 hicieron la incorporación en enero.

Con la misma marcha y movimiento de brazos, el Mayor Chaves condujo al grupo a un edificio diferente. Platinado y con unos parches negros. dividieron el grupo y unos se fueron a un simulador con plantas y objetivos para aprender a disparar y otros a un salón grande y una proyección de tiro al blanco.

La explicación fue con la paciencia suficiente y el consejo “Nunca pregunten si un arma está cargada o no. Usted lo puede hacer manualmente. Quita el seguro y hala la corredera y ahí se da cuenta si hay balas”. La visión es fundamental para dar con el blanco y tener la fuerza necesaria para tener bien el arma. “Respire profundo y dispare seguro”, fue una de las recomendaciones de los alférez que en su último año también hicieron parte del ejercicio.

La actividad fue pasar por un recorrido un arma con un sensor que con un láser hacía caer el objetivo. Nueve objetivos caídos de 14, nada mal para los generales que estuvieron pendientes de cada movimiento y sonido. Finalizada la actividad los grupos intercambiaron, y  el segundo ejercicio fue mayor. Polígono virtual con una distancia de 75 metros.

El Mayor Chaves llamó a hacer filas para comenzar otro ejercicio. Esta vez la fuerza y resistencia marcarían el ritmo del medio día y comienzo de la tarde que ya dejó la lluvia y frío.

“Serán ejercicios de un minuto de duración pero la intensidad será igual a la exigencia de los cadetes en sus primeros días”, informó el profesor de acondicionamiento físico, en uno de los que sería el mejor gimnasio en Bogotá, con máquinas y un espacio amplio para al menos 300 personas.

Con la creación de pequeños grupos de cuatro personas, comenzaron los ejercicios que parecían fáciles pero con la intensidad y los gritos de ánimo y agilidad,  hicieron comprender que la resistencia puede ser más grande y la exigencia mayor.

Respirar profundo y animar a sus propios compañeros fue la dinámica para ejercicios cada vez más pesados en fuerza para brazos y espalda. El tiempo corriendo y la música a todo volumen fue el ambiente para medir la resistencia de personas que están alejados del mundo militar y que ese día se pusieron en los zapatos de un cadete que aspira a carrera militar.

Caras rojas y una satisfacción de haber logrado los ejercicios, llegó la hora del almuerzo atrasado con relación al orden del día. Antes de sentarse en la mesa, los cascos se dejaron en orden para luego sí disfrutar de la comida. El tiempo es importante en todo momento y el haber almorzado frío significó que en una de las actividades la duración fue mayor y por consiguiente se retrasó todo. Consecuencias que se pueden encontrar en estilos de vida estrictos y cronometrados.

De vuelta a una reunión con el Director de la Escuela Militar, las palabras y ahora la experiencia de haber estado en la posición de un cadete y entender todo el esfuerzo que hay detrás de un uniforme, mirada seria y entonación fuerte de ordenes y cantos que ensanchan el corazón, tenían un sentido.

Palabras de agradecimiento y reconocimientos por la disposición para hacer todos los ejercicios, fueron el triunfo de seis horas con una lluvia que cambió los planes, para luego confesar que no se hizo ni el 50 % de lo que hace un cadete en un día normal, sin contar las horas de estudio académico y ciencia militar.

La entrega de cascos y un apretón de manos fue la finalización de manera oficial del día que significó ponerse en el papel de personas que tiene vocación por servir al país, con orgullo y amor por la patria y los valores.

Después de las 2:00 p.m la salida de la Escuela fue un privilegio para quienes se alejan de su familia por su sueño y regresar a su casa con la convicción de servir en otros lugares del país. El mundo militar tiene una dinámica en función de valores y objetivos que tienen un alineamiento, ordenes y estrategias que buscan la victoria y protección.