La historia de una bebé de once centímetros que derrotó la muerte

La historia de una bebé de once centímetros que derrotó la muerte

7 de septiembre del 2013

Frieda nació cuando su mamá tenía 21 semanas y 5 días de embarazo. Pesaba 460 gramos y medía 11 centímetros. Fue catalogada como la bebé más prematura del mundo. Sus pulmones, corazón y cerebro no estaban totalmente desarrollados. Estuvo durante cinco meses y medio en un ambiente completamente estéril, con respiración asistida y fue alimentada a través de su ombligo. Fue un milagro. Kilian, su hermano gemelo, murió 22 días después del nacimiento por complicaciones intestinales y del corazón.

La pareja de alemanes Yvonne y Johannes Halter siempre quisieron ser papás de una niña. Soñaban con cultivar hortalizas en su jardín, ver crecer a sus hijos y pasar tardes con otras familias. Pero tenían problemas de fertilidad.

Luego de buscar un embarazo durante tres años acudieron a una fecundación artificial. Catorce días después, el 5 de julio de 2010, una prueba de sangre definiría su futuro. “Nuestra vida es muy diferente ahora, Johannes,” dijo Yvonne  a través del teléfono. “Vas a ser papá”, concluyó.

Bebé prematura, Kienyke

Frieda junto a sus papás casi tres años después de su nacimiento. 

Durante la primera ecografía, el ginecólogo les confirmó que iban a tener gemelos. Celebraron la noticia pero les preocupaba cómo iban a lograr sacar adelante a sus dos hijos. Poco después, la barriga de Yvonne comenzó a crecer, su cuerpo se transformó y los bebés empezaron a moverse.

Los problemas llegaron cuando el estado de salud de Yvonne desmejoró. Tuvo fiebre de 39,5 grados centígrados y un resfriado que se convirtió en sinusitis crónica. De inmediato acudió al médico. Tenía miedo por sus hijos. Estuvo hospitalizada por varios días porque el saco amniótico donde nadaban sus gemelos podía estallarse en cualquier momento.

Los calambres y fuertes latidos del corazón indicaron que Yvonne estaba en trabajo de parto. Kilian nació el 7 de noviembre de 2010. Pesó 469 gramos y medía casi lo mismo que una hoja de papel tamaño carta. Tenía los ojos cerrados y sus huesos brillaban a través de la piel roja que estaba repleta de moretones. Frieda llegó siete horas después. Estaba en una especie de burbuja que la protegía.

Bebé prematuro, Kienyke

Frieda y Kilian han sido llamados los bebés más prematuros del mundo. 

Por esos días Reinald Repp, director de la clínica pediátrica, dijo a los medios de comunicación: “No hay indicios de que no puedan ser saludables”. En la historia de la medicina no habían antecedes de bebés tan prematuros.

Mientras que Frieda dormía la mayor parte del día, Kilian permanecía con los ojos abiertos. Le habían diagnosticado una hemorragia en el cerebro, una enfermedad común en los bebés prematuros. El estómago del pequeño dejó de funcionar y murió 22 días después de su nacimiento. Sus papás conservan una caja de madera con algunos recuerdos como unas medias de lana que nunca usó.

Aunque Frieda también tuvo problemas intestinales, los superó. El cuatro de enero de 2011 logró respirar por sí sola. Un mes después fue llevada a su casa en una incubadora especial.

Bebé prematura, Kienyke

La caja con los recuerdos de Kilian. Frieda juega con un oso de peluche.

Más de dos años después, el libro Patient Meines Lebens (El paciente de mi vida) del autor Bernhard Albrecht fue publicado en Alemania. En sus páginas se narra la historia de la bebé más prematura del mundo y su familia. Se describe a Frieda como una niña de ojos azules que casi nunca llora o grita. Es mucho más pequeña que los niños de su misma edad: mide 79 centímetros y pesa 8,3 kilogramos. Allí también sus papás confiesan que quieren tener un tercer hijo. Kilian siempre hará parte de su familia.