Las ‘Aves de paso’ del escritor Eduardo Peláez Vallejo

20 de junio del 2017

El antioqueño que dejó la crianza de caballos de paso por las letras y la literatura.

Las ‘Aves de paso’ del escritor Eduardo Peláez Vallejo

Dos minutos después de habernos sentado a la mesa la entrevista dejó de ser entrevista y se convirtió en una agradable conversación entre dos personas que parecían buenos amigos desde hacía varios años.

Las preguntas tenían como respuestas largas e interesantes anécdotas, propias y extrañas, que describían al hombre dentro del escritor y al escritor dentro del hombre. El entrevistado es Eduardo Peláez Vallejo, un escritor paisa de 62 años que tiene una prosa tan agradable como su charla.

Eduardo no se hizo escritor para ganar dinero, porque sabe y siempre supo que este es un oficio de pasión y no para hacerse millonario. Él solo se convirtió en escrito por amor a las letras y para cumplirle el sueño al escritor que lleva dentro de sí.

Y para ir tras sus sueños tenía algo muy en claro: tenía que estar solo. Por eso después de 9 años de matrimonio, y dos hijas nacidas, tomó la decisión de irse de la casa y dejar de lado los amores familiares para dedicarse de lleno a su otro amor, la literatura, (como lector y luego como escritor). La soledad para él es el camino para llegar a sentirse como persona y esa es la base fundamental de su vida: sentirse.

Después de separarse se fue a vivir solo en a una finca. Sus días pasaban leyendo y haciéndole visita a uno de sus mejores amigos, el escritor Manuel Mejía Vallejo, a quien considera como su padre literario y quien años después lo empujara a escribir.

En el transcurso de su vida trabajó como abogado, profesión que estudió para vivir de algo y años después junto con su hermano Germán montaron una sociedad de textiles con la que económicamente les fue bien. También trabajó en el negocio familiar, crianza de caballos de paso.

Aunque en ingresos no le iba mal, una buena parte del dinero la gastaba en rumba y bohemia. Se considera mal administrador y buen vividor. Con amigos de Medellín tomaba los fines de semana y con Mejía lo hacía los martes.

“Con Manuel nos sentábamos a tomar trago, él ron y yo gauro. No he conocido un mejor conversador que Manuel, todo era literaria hablada”.

Fue precisamente Manuel Mejía quien lo empujó a escribir. Recuerda Eduardo que escribió un retrato sobre Óscar Jaramillo y se lo presentó a Manuel, quien después de leerlo le dijo que era un texto tan bueno, mucho mejor que el de él mismo, el cual iban a publicar en homenaje a Jaramillo.

Desde ahí Manuel siempre le hacía la misma pregunta a Eduardo ¿que hubo haber ‘maestrico’ que no escribes…? Y se murió Manuel y Eduardo nunca escribió, o sí lo hacía, pero escribía solo para él, para su intimidad. Los textos y manuscritos de lo que hacía terminaban en la chimenea, avivando el fuego mientras en la cabeza iban apareciendo más y más líneas.

Lo primero que publicó Eduardo fue un libro de retratos de ilustres antioqueños, en el que estaba indudablemente el de su gran amigo Manuel Mejía. Fue un libro que publicó la Universidad de Antioquia en 2001.

“Luego en 2009 me despertó una frase. A mi papá lo había matado la guerrilla al lado del río San Jorge y escribí la historia de mi padre… un amigo me presentó al editor de Planeta, Juan José Gaviria y hablamos de libro de retratos, en ese momento ya estaba escribiendo Desarraigo, el de mi papá… y con Juan José nos hicimos muy amigos. “¿Cuándo me vas a mostrar tu libro?”, me preguntó, y le dije “cuando tenga algo”.

Esa espera duró dos años. En 2011 Eduardo le presentó su manuscrito a Gaviria, quien no dudo en publicarla con el sello de Planeta; hoy, después de muchas hojas tachadas y vueltas a escribir, Eduardo presenta su cuarta obra: Aves de Paso, que es la historia de sus hermanos Ricardo y Martha Luz, sus padrinos de bautizo, a quienes la muerte en forma de cáncer les llegó jóvenes. Aves de paso es el desarrollo de la vida de estos dos personajes y los hechos que van pasando por el tiempo y quienes después de pasar van muriendo.

Aves de paso, como lo dijo de él Hector Abad Faciolince, está escrito con su estilo de experto en el retrato hablado. Es una novela que nace en la intimidad de su autor que en términos generales no tiene ficción, escrita con ritmos suaves y fáciles y deliciosos para leer.
“A mí me gusta la prosa alegre, sabrosa para leer, que se ve, que se toca y en la que uno huele lo que se está leyendo…”, dice Eduardo cuando se le pregunta por el estilo de su más reciente libro.

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