Estos animales necesitan ayuda

Estos animales necesitan ayuda

14 de octubre del 2017

Milton Esquin tenía muchos problemas. Pensó en envenenar sus perros y luego suicidarse. La situación no daba para más ¿Quién sería capaz de hacerle daño a 21 animalitos que no tenían la culpa de nada? Milton recapacitó y se arrepintió. Pero los problemas seguían. Y seguirán.

Por varios años, Milton ha dedicado su vida a servir a las criaturas más vulnerables del mundo: los perros abandonados. No es algo que se arriesgue a hacer cualquiera. Pero, dijo Milton “yo no desisto porque fue una meta de vida que me puse”. Que mejor que dedicar la vida a salvar a otros.

Alimento, medicinas, elementos para el cercado, un “fondo para gastos”: eso es lo que los perros de Milton necesitan.

Milton y su ‘manada’

La vida de Milton no ha sido fácil, como fácil no ha sido la vida de nadie. La desilusión y la indiferencia lo llevaron a contemplar la muerte como única salida. Pero los animales lo han mantenido a flote. Puede que para todos sea él, Milton, quien salva y ayuda perros, pero son, en realidad –y como en la mayoría de casos parecidos– los perros los que salvan a la gente. Salvar en muchos sentidos.

“Toqué tantas puertas –nos contó–, dimos todo, perdimos todo, vendimos las cosas por tenerlos a ellos, por darles una buena vida y que no les pasara nada. Mucha gente terminó criticando, señalando. Entonces muchos conceptos se me metieron en la cabeza: pues sí, ‘ser bueno no paga’; y a veces uno piensa en morirse y envenenarlos a ellos con tal de que ya no sufran y no dependan de nadie”.

 

Prácticamente, Milton se crió solo. Por eso, en un punto sintió que su vida era “un vacío total”. Fue la primera vez que intentó hacerse daño. Igual tiene adentro una fuerza sobrehumana, propia de los valientes que se dedican a servir, y no se rindió. Trabajó en Tunja, en Bogotá, viajó, aprendió, conoció. Fue en su estadía en la capital donde empezó a rescatar perros de la calle. El dolor de ellos, Milton lo sentía como si fuera propio.

‘La mona’ es una de las perritas que salvó en esos días. “Ya está viejita pero aquí sigue”, dijo Milton. Una patrulla la atropelló y le rompió una de sus patas. Haciendo mucho esfuerzo, y con la ayuda de otros animalistas, Milton logró salvarla. Esa y otras experiencias le permitieron tomar conciencia de que quería dedicar el resto de su vida a eso. Entonces se mudó al campo porque allá sería más fácil encontrar un espacio para ellos.

“Un señor tenía una finca y dijo que necesitaba quién la cuidara. Dijo que se podía pagar el arriendo con lo que se pudiera sacar; sin no salía nada, pues pagar el arriendo normal”.  

‘Dana’ vivía en el barrio San Bernardo, en Bogotá. Era una “consumidora pasiva” de drogas porque todo el tiempo estaba rodeada de gente metiendo vasco, fumando marihuana. Eso hizo que tuviera problemas respiratorios. Además, por vivir entre la basura desarrolló dermatitis canina. Milton, sin embargo, logró salvarla. Ahora está con él en su finca: es uno de los animales que más corren.

Milton ha tenido que valerse de mucho para sobrevivir y para mantener a sus perros. Las donaciones ayudan, pero desafortunadamente no alcanza. Y no es por mala fe de los donadores: es porque no alcanza y punto. Pero ayuda; y eso es lo importante. Entonces, para mantenerse Milton fabrica unas “Camándulas de San Bentito” que vende a $20 mil.

“De lo que vendo yo saco casi el 80% para ellos. Yo mismo las fabrico. Hago en promedio 40; luego viajo a Bogotá y allá voy a diferentes parroquias, iglesias, hablo con los sacerdotes y se las vendo directamente a ellos. Y todo lo reinvierto en el refugio: trayendo concentrado, harina, menudencias”.  

‘Giyo’ es un Beagle que rescataron en un potrero. Pasó varios días bajo la lluvia en plan ola invernal. No ladraba; no se podía mover. Cuando lo encontraron estaba desnutrido y tenía problemas en la piel. Con los esfuerzos de siempre, Milton logró salvarlo. Como no podía ni masticar, duró dos días sin comer. Lo alimentaban con unos “calditos” que Milton le preparaba. Giyo se recuperó. Ahora es uno de los perritos más juguetones del refugio.

‘Balín’ parece un Dóberman. Fue rescatada en el Tercer Milenio. Cuando la encontraron estaba en los huesos; “el viento la tumbaba”. “A ella le empezamos a dar comida de a poquitos. Duró prácticamente tres días durmiendo. Gracias a Dios ya se recuperó bastante.

Y como la de ‘La mona’, ‘Dana’, ‘Giyo’ y ‘Balín’ hay más historias. Y está también, por supuesto, la historia de Milton Yesid Esquin Mendez. Todos necesitan ayuda urgente; ayuda que tiene que ir más allá de los likes. Hacen falta la malla (45 mts más o menos) para hacerles un encierro y que no tengan problemas con los vecinos; hacen falta medicinas y comida. Hace falta dinero. Hacen falta los materiales para seguir haciendo las camándulas.

La fundación de Milton queda en una vereda, a 15 km de Duitama, Boyacá. Si quiere y puede ayudar, lo puede hacer aquí. O escribiendo a [email protected].