Barberos y revolucionarios

21 de mayo del 2015

En este negocio se entiende por qué los peluqueros pueden cambiar el mundo.

Barberos y revolucionarios

“Queremos hacerles ver a los jóvenes que pueden ser y vivir de la manera que quieran, sin tener que seguir las normas de otros”. Con esta frase, cargada de rebeldía y emancipación, se identifica el equipo de 305 Style Barbershop, una barbería que lleva diez años prestando sus servicios y que ahora es también una academia.

Ubicada sobre la AV Caracas, entre calles 48 y 49 de Bogotá, la barbería se distingue por el clásico poste de barbero que adorna su fachada con los colores azul, rojo y blanco, una tradición que data de la Edad Media, cuando los barberos europeos también eran considerados cirujanos de procedimientos menores y dichos colores representaban su día a día: venas, sangre y vendajes.

Sin embargo, 305 Style Barbershop tiene que ver más con las raíces africanas del Nuevo Mundo que con Europa. El dueño del negocio, más conocido como ‘Jesse’, se hizo barbero en Estados Unidos, donde el oficio ha estado muy relacionado con el desarrollo de la comunidad afroamericana desde que se le atribuyó a los esclavos del siglo XIX, convirtiéndose en una de sus pocas fuentes de ingresos.

Más adelante, gracias a los movimientos contraculturales y reivindicatorios afro del siglo XX, en especial al que se dio entre los años 80 y 90 con el hip-hop, el oficio de la barbería tomó distintos caminos, entre ellos, el urbano, debido a la tendencia de los adeptos a rasurarse o hacerse inscripciones en el cabello. Poco después, dicho modelo urbano fue adoptado por inmigrantes, incluyendo latinos. De esta forma, la barbería trascendió en personas como Jesse, quienes extendieron este tipo de negocio a otros lugares del mundo como Colombia.

Hoy, 305 Style Barbershop está ambientada de tal forma que, al entrar, uno se transporta automáticamente a una barbería afroamericana en la que estrellas como el boxeador Muhammad Ali y el músico Stevie Wonder observan desde las paredes cada trabajo que los barberos realizan al ritmo de reggae, rap o dancehall.

No obstante, lo que más llama la atención es que en la barbería no hay distinción de clases o razas. Según Jesse, su negocio cumple un rol social, pues emplea a personas de cualquier etnia o lugar del país que llegan a la ciudad solas, sin amigos y sin conexiones. “Aquí no revisamos tu pasado o si tienes referencias ni nos guiamos por tu apariencia, aquí sólo vemos lo que puedes hacer”.

Así, el equipo 305 está integrado por el también músico ‘Jose MC’ y Wilson, dos cartageneros que por su negritud fueron excluidos laboralmente en su ciudad natal y, por ello, tuvieron que venir a probar suerte en la capital. Además, están Miguel, llegado del Urabá como desplazado por la violencia y Nicolás, un bogotano que se dio a conocer como aprendiz de la barbería y se quedó por su talento.

La academia

Hace tres años, 305 Style Barbershop dejó de ser sólo una barbería para convertirse en academia y en uno de los primeros establecimientos dedicados a la enseñanza del estilo urbano de este oficio, pues según los muchachos, este solía aprenderse únicamente en la calle, empíricamente.

Desde entonces, mediante cursos que duran mes y medio, la barbería ha graduado a cerca de 500 barberos con la esperanza de “desarrollar en ellos una mentalidad empresarial con la que puedan montar un muy buen negocio y mejorar su calidad de vida, haciendo lo que les gusta hacer y siendo de la manera que son”, explica Jesse.

La especialidad de la casa

Cada día, el equipo 305 les da estilo a artistas, extranjeros y personas comunes, entre los que también se cuentan niños y mujeres que “buscan este servicio para cortes bajitos o para obtener un delineado de cejas que no se logra con la cera”.

Pero la especialidad, definitivamente, es la que caracteriza al estilo urbano de la barbería: los diseños. Estos consisten en rasurar ciertas partes del cabello para realizar la forma que el cliente desee, ya sea un nombre, un objeto, una persona o un animal.

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