En defensa de la hoja de coca

16 de agosto del 2017

Una planta de tradición indígena que ha sido satanizada por el ‘hombre blanco’ y el narcotráfico.

En defensa de la hoja de coca

La coca es un poderoso elemento con cualidades curativas, alimenticias y ancestrales. La cocaína, por el contrario, es un componente químico que produce una rápida y corta sensación de euforia que potencia los sentidos y agiliza los procesos mentales. Las dos brindan resistencia física, aunque mientras una lo hace por el aporte de proteínas e hidratación, la otra lo genera debido al bloqueo de ciertas proteínas en el cerebro. Además, mientras una de ellas es una planta que llegó a ser más importante que el oro para algunas personas, la otra es el sucio camino para adquirirlo.

La coca se cultiva en medio de la región Andina, en una zona que abarca a Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y el norte de Argentina y Chile, principalmente; casi desde sus inicios, hace más de 5.000 años, ha sido venerada por las comunidades que habitan la zona y se ha convertido en una parte importante y ritual de su vida. Sin embargo, desde hace más de 140 años se extrajo de ella un alcaloíde conocido como cocaína, que después de haber sido utilizado para usos medicinales y científicos durante un siglo se convirtió en una droga recreativa bastante popular, peligrosa y perseguida.

 La mala fama de una ha afectado tanto a la otra que es imposible para muchos distinguirlas, y ha generado una larga y brutal persecución a la planta, considerada por muchos como sagrada, que solía ser más valiosa que el oro y la plata, hasta condenarla y buscar arrastrarla al olvido. Pero la coca todavía se niega a desaparecer.

Las madres y las abuelas aún recuerdan que un té de coca sirve para aliviar los dolores menstruales y los problemas digestivos; recuerdan también que molerla y mezclarla con alcohol sirve para los dolores de piernas y que masticarla lentamente da energía durante una larga jornada.

Debido al rechazo de la planta, ciertas comunidades que han vivido con la coca más que con el nuevo mundo han querido devolverle su dignidad. Entre estas voces se encuentra la empresa Coca Nasa, que nació hace más de 17 años con el claro objetivo de “desatanizar la hoja, preservar su cultura y tradición étnica”.

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Fabiola Piñacué, fundadora de Coca Nasa, tomó la decisión de comenzar el arduo camino de defender esta planta milenaria al llegar a la capital y darse cuenta que la coca, una planta sagrada para la comunidad Nasa que reside en el Cauca, era permanentemente atacada y satanizada. Comenzó con unas cuantas aromáticas que vendía en la universidad, luego fue un termo, luego una caja y luego un negocio que hoy no solo vende aromáticas, sino también pomadas, galletas, aguardiente y ron, entre otros, que se pueden conseguir en tiendas naturistas de Cali, Medellín, Bucaramanga, Manizales y Bogotá.

“Esta no es la mata que mata. Para nosotros es la hoja de la vida”, asegura Fabiola Piñacué.

Sin embargo, David Curtidor, cofundador de Coca Nasa, aseguró para Kienyke.com que los más de 15 años de Coca Nasa no han sido fáciles, ya que han tenido que enfrentarse a la ignorancia, múltiples problemas legales y al narcotráfico.

Corría el año 2000 cuando nació el proyecto en medio de uno de los puntos más críticos de la lucha contra la coca. Comenzaron con 200 pesos, pero con ganas de crecer. Un tiempo después, gracias a ciertos consejos legales, Coca Nasa decidió sacar un registro sanitario desde la comunidad, apoyándose en el marco legal colombiano y la jurisdicción especial indígena y no en el Invima, donde ya se habían presentado para pedir el registro con su producto “Nasa Exs”, el nombre del proyecto en Nasa Yuwe, y no se lo dieron por ser a base de coca. Como era de esperarse, la primera reacción del Invima fue protestar y afirmar que sólo sería legal en los territorios indígenas; empero, luego de algunas negociaciones, aceptó el registro y el proyecto pudo continuar.

Sin embargo, poco después vino otra larga disputa legal por problemas marcarios contra una multinacional dueña de un “agua sucia” muy consumida en el país, como la llama David Curtidor. Era el año 2006 y dicha multinacional protestaba en contra del nombre de “Coca Sek”, una bebida energizante que se ha convertido en el producto emblemático de la empresa, y aseguró que sólo ella podía usar el nombre de “coca”. Luego de una difícil batalla legal, Coca Nasa gana la disputa al defender que la coca es un elemento importante de la cosmovisión y cultura.

Pero allí no terminó todo; de hecho era el comienzo. Tres meses después, y a pesar de que se realizaron una serie de actos administrativos que legitimaban el negocio, el Invima, según los fundadores, comenzó a perseguir el proyecto asegurando que no podían vender fuera de los territorios indígenas. Curtidor afirma que, aunque no tiene pruebas que demuestren sus sospechas, es muy curioso que luego de ganarle la disputa legal al “agua sucia”, el Invima cambiara de opinión.

Para defenderse, Coca Nasa presentó un fallo de la Corte Constitucional y un derecho de petición y ambos fueron negados por el Invima; entonces realizaron una demanda ante el Consejo de Estado y la institución lanzó una alerta sanitaria.

Solo hasta 2015 el Consejo de Estado dio respuesta al fallo y reconoció el derecho al uso, consumo y comercialización de la coca por las comunidades indígenas y exigieron que se retirara la alerta sanitaria. Sin embargo, hasta hace un par de semanas, la alerta sanitaria en su contra todavía existe. El Invima sigue afirmando que comercializar productos de coca está prohibido.

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Esta larga persecución no sólo ha afectado la producción y ventas de la empresa, sino también han permitido que se favorezcan las empresas piratas, que, sin registro, han aprovechado el inexplorado mercado de la hoja de coca en Colombia.

“La mata que mata”

“El Gobierno, con su política prohibicionista, extirpó la cultura”, manifestó una vez Fabiola en una entrevista, “ahora solo los abuelos mambean (mascan hoja de coca). El uso de la hoja de coca fue desapareciendo junto a la erradicación de la planta”.

Los cronistas españoles describieron a la coca como una planta que los indígenas apreciaban más que al oro y su uso está registrado desde hace miles de años en la región andina y amazónica. Para el pueblo Nasa y muchas otras comunidades indígenas, la coca es la planta de la vida y está en sus mitos de creación. Para muchos otros es el don de la palabra, porque permite que el pensamiento fluya y se exprese.

Científicamente la coca tiene más de 14 alcaloídes y sólo uno de esos sirve para hacer cocaína. Entre los elementos que tiene la hoja se encuentran la egnomina, que tiene propiedades de metabolizar grasas, glúcidos y carbohidratos; la piridina, que acelera la formación y funcionamiento del cerebro; la papaína, que fomenta la digestión; la globulina, que regula la carencia de oxígeno en el ambiente y evita el soroche (mal de altura); y la inulina que mejora el funcionamiento del hígado y ayuda a eliminar las sustancias tóxicas no fisiológicas.

Además, la coca estimula las glándulas salivarias y permite que una persona esté hidratada. De igual forma, tiene más calcio que la leche, más hierro que la espinaca y más fósforo que el pescado. La coca también ayuda a quitar el hambre, y con su gran contenido en vitaminas y proteínas es un gran complemento nutritivo de la dieta diaria.

Para los indígenas nasa la coca armoniza, alivia, cura y ayuda con la vida. Es una planta que los acompaña en sus actividades diarias.

Se le atribuyen usos analgésicos, digestivos, energizantes y antidepresivos. En Perú, algunos odontólogos lo usan para disminuir las hemorragias; en Bolivia se diseñaron unos dulces para calmar la ansiedad de otros opiáceos. En el Cauca se ha tomado para el dolor de muela. Uno de sus usos más comunes es para curar el mal de altura o para aliviar los dolores estomacales.

“El consumo de coca es ilegal”

“Estamos en un momento muy interesante, con la despenalización de la marihuana en Uruguay otros cambios. Yo lo llamaría el cambio del epistema, está mostrando que hay otra ruta, que es posible y tiene beneficios múltiples. Beneficios económicos, por los impuestos; en la reducción de la criminalidad”, David Curtidor.

La persecución a la hoja de coca relacionándola exclusivamente con la cocaína tiene dos orígenes: el narcotráfico y la Convención Única de 1961 sobre estupefacientes. Según Dora Troyano, lo más perjudicial para esta plata milenaria ha sido este último. La Convención de 1961 fue auspiciada por la ONU para prevenir y combatir el uso y tráfico de estupefacientes, por lo que incluyó la hoja de coca dentro de la lista de sustancias prohibidas para su fabricación y posesión. Asimismo, estableció que las sustancias prohibidas debían erradicarse en un plazo de 25 años. De esta forma comenzó la muy perjucidial asociación de coca-cocaína.

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La mala imagen se da por la convención del 61, que genera la diabolización de la coca, la marihuana y la amapola. Antes del 61 los cultivos de coca se daban esporádicamente y solo en territorios tradicionales, pero después se justifica intervencionismo, la americanización de los territorios, el atropello de los derechos humanos”, asegura Dora Troyano.

Por su parte, en la Constitución colombiana y la ley 30 de 1986 se establece que se debe respetar los usos tradicionales de la hoja de coca y estos artículos re reiteraron en contra de lo establecido por la convención y retificado 20 años después. Sin embargo, el daño, la persecución y la estigmatización ya estaba hecho.

“Si tenemos tierra, tenemos la posibilidad de intervenir, influir en políticas públicas y le podemos inculcar a la gente con estas plantas que definitivamente no son tan malas como lo dice la convención”, Dora Troyano.

En junio de 2004, Julio César Aldana, entonces director del Invima, autorizó a la Asociación Juan Tama la producción de alimentos a base de coca “respetando las restricciones legales sobre cultivo de plantas de coca” y poco después se publicaron los registros sanitarios especiales para los demás alimentos. Aún así, la persecución continúa.

“La coca es cocaína”

Según la tradición de Manco Kapac, de la cultura Inca, el escogido del dios del Sol trajo la coca a los hombres del altiplano y sus hojas se utilizaban como ofrendas a los dioses de las naturaleza.

Es innegable que la coca es la base de la cocaína. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, la coca tiene otros 13 alcaloides y una gran cantidad de vitaminas que han sido inexploradas.

En general, las hojas de coca tienen tres usos para las comunidades: el mítico-religioso, el recreativo-alimenticio y el medicinal.

En algunas culturas, como la Nasa, tenían por costumbre el intercambio de coca.

El mítico-religioso es realizado por los médicos tradicionales de las comunidades; en el pueblo Nasa, este es un vehículo de comunicación con lo espíritus de la tierra. El uso alimenticio, usualmente estaba relacionado con el mambeo, después de la comida o durante largas jornadas de trabajo. Incluso, en la costa, a los bebés que no podían ser amamantados se les alimentaba con agua de coca. Los usos medicinales también son variados, para atender dolor de muela, de estómago, dolores menstruales y demás.

Además, la coca puede ser usada en aromáticas, galletas, pasteles, pomadas, cremas, ron o aguardiente, bebidas energizantes, productos analgésicos, abono o alternativas para el consumo de opiáceos.

Aunque la estigmatización de la hoja de coca ha afectado su consumo, todavía quedan algunas prácticas en el país y el modernizarlo fue una de las metas de Coca Nasa, quien también aclara que estos usos contemporáneos promovidos se distancian de los rituales o culturales.

“La hoja de coca es fuente de vida, aroma y sabor de nuestros ancestros, cualidades que promocionan su uso como una planta medicinal que, en el caso colombiano, es comercializada a través de una gran variedad de productos consumibles sin riesgos”, aseguró Rigoberto Sánchez, propietario de Nasa Tul Coca Café.

Además del mambeo, uno de los usos más comunes de la hoja de coca es en infusiones (por sus cualidades digestivas, antiestres y oxigenantes) y pomadas (gracias a sus propiedades antiinflamatorias). De igual forma, Dora Troyano, ecóloga e instructora del Sena quien lidera un proyecto de transformación de la hoja de coca en el corregimiento de Lerma, aseguró para kienyke.com que esta planta funciona muy bien dentro de la panificación dulce, entre los que se encuentra una línea para galletas, turrones, postas y otras. Además, se están explorando usos como enriquecedores de suelo; es decir, como abonos líquidos y sólidos, gracias a su gran cantidad de nutrientes.

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Los usos contemporáneos de la coca no son un debate menor. Algunos miembros de las comunidades indígenas aseguran que el uso de la hoja de coca debe limitarse exclusivamente a los indígenas, al ser una planta ancestral para ellos; sin embargo, otras personas aseguran que es un derecho de todos pues se debe aprovechar los productos que el territorio da. Más allá de esto, el objetivo es el mismo, dignificar la coca.

Sin embargo, todavía hay mucho territorio inexplorado. Para Dora Troyano, se puede dar también el uso como estimulante, como una alternativa que ayude a los dependientes de sustancias psicoactivas a disminuir el consumo de las mismas.

Todos estos usos conocidos y inexplorados convierten a la planta de coca en un mercado virgen, como lo propuso Coca Nasa al alto consejero para el Posconflicto, Rafael Pardo. Según Curtidor, 188.000 hectáreas sembradas es demasiada coca. por lo que, si bien es necesaria la sustitución de esta planta, también se pueden considerar los usos alternativos como un instrumento de sustitución del riesgo en las comunidades. Un riesgo que el narcotráfico trajo con los poderes no controlados que creó en la comunidad, y que ahora un grupo completamente distinto de personas buscan disminuir con la hoja de coca. 

Como afirma David Curtidor, “la coca es una apuesta de paz de los pueblos indígenas para Colombia”, una apuesta para la sociedad y sus ciudadanos para la construcción de un país donde todos podamos convivir, tener oportunidades y crecer. Esa pequeña hoja, tan mal comparada y confundida, con un reconocimiento y uso adecuado puede no solo ser una hoja tradicional, sino también parte de la cara de una Colombia sin violencia. 

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