Una biblioteca para construir la paz

Una biblioteca para construir la paz

4 de diciembre del 2014

Pieza fundamental del éxito que ha tenido la Biblioteca Luis Carlos Galán Sarmiento, galardonada con el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas Daniel Samper Ortega, es el Grupo de Amigos de la Biblioteca (GAB), estrategia impulsada por el Ministerio de Cultura.

Por Juan Carlos Millán Guzmán, Grupo de Divulgación y Prensa Ministerio de Cultura

“La verdad no esperábamos que se tuviera en cuenta una biblioteca tan pequeña y ubicada en el extremo sur de Colombia, donde se dice que todo es grave y hay demasiados problemas”, manifiesta Gloria Estella Nupán, quien desde hace más de 20 años se desempeña como bibliotecaria de la Biblioteca Luis Carlos Galán Sarmiento del  Valle del Guamuez (Putumayo), que acaba de ser reconocida con el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas Daniel Samper Ortega.

Ubicada en zona rodeada de árboles donde en las tardes no resulta extraño ver algunos micos merodeando, la biblioteca adelanta un intenso trabajo con los pobladores más pequeños del municipio y sus veredas. Son habituales las lecturas en voz alta, así como el uso de una fonoteca enviada por la Biblioteca Nacional de Colombia, con la firme intención de promover el interés y la pasión por los libros, su lectura y escritura.

“Hubo una época en la que llegamos a atender un público de hasta 200 personas, y debió a que con la llegada del internet se ha disminuido a unas 70, decidimos intensificar la cobertura y llevar los programas de la biblioteca hacia las veredas”, explica la bibliotecaria, quien destaca estrategias como la de Letras libres donde se prestan maletas cargadas de libros para que sean los propios líderes comunitarios quienes las lleven a sus regiones, algunas situadas a una distancia de hasta cinco horas de camino.

“Desde el año pasado prestamos nuestros servicios a un total de 18 veredas, y entre ellas se registran cinco muy activas a las que llevamos libros mes a mes: Guadualito, Malvinas, La Herradura, Los olivos y La Esperanza”, destaca Estella. Luego explica que en cada una de ellas cuentan con un público que en promedio alcanza las 48 personas, quienes habitualmente se reúnen para realizar actividades en torno a los libros y la lectura.

Veinte años atrás la propia Estella había sido designada para ocupar el puesto de bibliotecaria por el alcalde de turno gracias a su gran afición por los cuentos y las novelas de Gabriel García Márquez. Por ejemplo, Crónica de una muerte anunciada, así como María de Jorge Isaacs y buena parte de la obra de los Hermanos Grimm.

“Pulgarcito y La bella y la bestia solían ser pan de todas las noches y recuerdo haberlos leído durante un buen tiempo con mis dos hijos”, recuerda, hace hincapié en que ambos crecieron en la biblioteca. La menor cursa décimo grado y el mayor estudia Ingeniería Agroindustrial en Popayán.

Territorio de paz

“A las bibliotecas por lo general suelen ir las personas porque quieren y además les gusta compartir sus lecturas y hablar sobre libros; o si uno es el que va a las comunidades, allá la gente ve al bibliotecario o a los amigos de la biblioteca como la persona que les lleva el conocimiento. De tal manera que aunque habían lugares a los que se nos decía que no podíamos ir, son las propias comunidades quienes deciden interceder para que se nos mantuvieran abiertas las puertas y nos dejaran pasar”, recuerda Estella de aquellos tiempos aciagos.

“Nuestra idea es esa: que desde la biblioteca se impulse el diálogo y sigamos construyendo la paz a partir de la lectura y el diálogo porque gracias a esas lecturas realizadas desde la infancia es que comienzan a transmitirse esos lazos de solidaridad y de amistad para reconstruir el tejido social”, comenta Estella, subrayando el hecho de haber inculcado la importancia de leer con sus hijos entre las madres (y los padres) de los niños más pequeños.

“Uno puede dialogar con los niños alrededor de cualquier cuento, de manera que aunque a La Hormiga llegan constantemente personas con ánimos de pelea, nosotros les hacemos caer en cuenta respecto a la importancia del respeto por la opinión del otro”, comenta la bibliotecaria a modo de ejemplo.

Amigos de la Biblioteca

Pieza fundamental del éxito que ha tenido la Biblioteca Luis Carlos Galán Sarmiento a lo largo de todos estos años de labores es sin duda el Grupo de Amigos de la Biblioteca (GAB), que tal como explica uno de sus miembros, Andrés Cancimance López, surgió a partir de una nueva estrategia impulsada por el Ministerio de Cultura desde el año 2004, con el fin de que la comunidad se vinculara de manera más activa en todos los procesos desarrollados por la institución.

Fruto de esa labor es la publicación de la revista Katharsis, gracias a una iniciativa que impulsa el GAB, y que además contó con el apoyo de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia entre la segunda y quinta edición, así como con la activa participación de algunos de sus alumnos, como el propio Andrés, quien para ese momento cursaba la carrera de Trabajo Social.

“La edición más reciente, que es la número seis, contó con el apoyo del Ministerio de Educación Nacional, gracias a un concurso que contemplaba su impresión y edición”, puntualiza.

Concebida como un espacio en el que las personas pudieran expresar “cosas que el conflicto armado no les permitía, tales como situaciones dolorosas frente a hechos victimizantes concretos”, Katharsis también incluye secciones de cuentos y poesías escritos por los pobladores del Valle del Guamuez.

“La revista también tiene el firme propósito de aportar respecto a la construcción del departamento y sus saberes distintos a los que usualmente se asocian al Putumayo: como el que se trata de una región violenta y muy relacionada con el cultivo de la coca, en el que hay presencia de guerrilla o paramilitares”, explica Andrés, insistiendo en que uno de los principales propósitos de Katharsis es justamente el de transformar ese imaginario a través de las historias de vida de los diversos pueblos indígenas, así como de mujeres y comunidades Afro.

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La resistencia

De acuerdo con Andrés, pese a que durante el periodo de control paramilitar del Bloque Sur de la Casa Castaño (2000-2005), muchas de las labores desarrolladas por la biblioteca debieron suspenderse y había toda una serie de imposiciones para evitar que los pobladores del Valle del Guamuez adelantar cualquier tipo de pronunciamiento respecto al conflicto, se produjo un cambio en la estrategia de divulgación que tenía la biblioteca con el fin de ganarle espacios a la guerra, bajo la premisa de crear alternativas que permitieran a jóvenes, adultos y adultos mayores acceder a todos los servicios y programas que continuaron prestándose.

“Se trataba de continuar funcionando pese a tener que desenvolvernos en medio de un contexto violento, con el fin de poder aportar a la paz desde una dinámica local que nos permitirá hacerle frente a la violencia a través de estrategias tan sutiles como la de convocar a los niños a ciclos de cine foro; desarrollar tertulias literarias; abrir convocatorias de cuentos en torno a la vida en el municipio; o contar con la posibilidad de tener un programa radial dedicado a la música, el radio teatro o la poesía”, detalla el integrante del GAB.

“Los actores armados no paran muchas bolas a ese tipo de cuestiones ligadas a la literatura o el arte en general, porque consideran que se trata de actividades que en  nada pueden contribuir a cambiar el curso del conflicto”, añade, para luego ejemplificar el alcance que llegó  a tener la biblioteca en esos años tan difíciles, siendo la única institución estatal capaz de acceder a lugares que estaban virtualmente vedados, debido a la fuerte presencia que tenía la guerrilla en zonas rurales.

“Aunque la guerrilla prohibía que cualquier tipo de institución estatal se acercara a estas regiones, la Biblioteca nunca llegó a ser vetada, puesto que tenía una connotación cultural y de hacer llegar el conocimiento a poblaciones muy aparatadas. De tal suerte que nuestra presencia cobró un valor muy significativo entre los campesinos que las habitaban, en la medida que los niños podían contar con un nuevo espacio de esparcimiento alrededor de la lectura y los libros”, prosigue Andrés, recalcando que hasta entonces, en la mayoría de los casos, la presencia del Estado se había limitado al campo estrictamente militar.

“Nosotros sabíamos que íbamos a estar frente a los actores armados, porque se trataba de zonas que ellos dominaban territorialmente; pero el apoyo de las comunidades resultó muy significativo, puesto que a pesar de tratarse de personas confinadas por ciertos poderes, también fueron capaces de levantarse y hacer frente a guerrilleros o paramilitares para expresarles la importancia de nuestros proyectos y exigir que pudiéramos entrar a desarrollarlos. Y en ese sentido  destaco por ejemplo el valor que tuvo la labor desarrollada por los presidentes de las Juntas de Acción Comunal, cuya participación fue particularmente importante”, asegura Andrés.

Construir la paz

Y si, como al igual que en el resto del país, los ojos de esta comunidad del Valle del Guamuez también están pendientes de lo que pueda ocurrir en Cuba con los Diálogos de Paz que adelanta el Gobierno con la guerrilla, son muy conscientes respecto al hecho de que la construcción de la paz debe pasar también por una lógica local y regional, en la que espacios como la Biblioteca adquieren un carácter de primer orden para hacer ese sueño realidad.

En tal sentido, el haber sido reconocidos con el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas Daniel Samper Ortega, resulta especialmente significativo tanto para la Biblioteca Luis Carlos Galán Sarmiento como para su Grupo de Amigos y la comunidad del Valle del Guamuez en general, debido a que les permitirá fortalecer una serie de estrategias que sin duda alguna tendrán un destacado papel en un escenario de postconflicto.

“El Premio va a permitirnos llegar a muchas más regiones, además de involucrar en los diferentes proyectos y programas a muchas más personas”, explica Andrés, no obstante insistir en que a su juicio, las bibliotecas tendrán jugarán un rol muy importante como escenarios de reflexión en torno a la reconciliación como sociedad, entendida como un proceso más bien emocional y no necesariamente ligado al hecho de un espacio de encuentro entre víctimas y victimarios.

Ligia Díaz y Andrés Palacios son también integrantes del Grupo de Amigos, y algo les decía que tras la visita de la Directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, y la persona a cargo de las tareas de divulgación de la institución, Sergio Zapata, al Valle del Guamuez, había gran posibilidad de ser firmes candidatos a ganar la primera versión del Premio Nacional de Bibliotecas, debido en gran medida al conjunto de procesos que se adelantan, así como a lo que se podría hacer en un futuro con la bolsa de $ 50.000.0000 de pesos.

“Nuestro municipio es muy complejo y tiene unas características particulares gracias a que la mayoría de sus habitantes viven en zonas rurales apartadas con todas las dificultades y necesidades básicas insatisfechas que ello implica”, afirma Andrés, cuya exposición durante la visita estuvo marcada por una especial vehemencia a la hora de destacar el trabajo que ha desarrollado la biblioteca a lo largo de años.

“Ellos querían devolverse en horas de la tarde, pero se les sugirió aplazar el regreso por las difíciles condiciones de seguridad de la zona. Sin ir más lejos, la voladura del oleoducto volvía a ser pan de cada día. De tal manera que los invitamos a hacer parte de una de las tertulias literarias que habitualmente organiza Ligia”, recuerda. La charla giró en torno al actual conflicto que se vive en Medio Oriente y su relación con nuestro propio conflicto armado y la reanudación del Proceso de Paz en La Habana (Cuba).

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Un premio que hace los sueños realidad

“Estella, yo creo que ha habido una energía muy bonita en este espacio, y aunque no quiero ser osado, me atrevo a afirmar que ese premio es para nosotros”, le confesó Andrés a la bibliotecaria una vez que la Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia hubo partido en compañía de del encargado de Divulgación, así que, una vez se les pidió el plan de inversión en caso de resultar seleccionados entre los tres  finalistas, pusieron manos a la obra.

Poco importaba que debieran hacerlo a la luz de las velas, debido a la voladura de dos torres de energía por parte de la guerrilla: “la voluntad permanecía inquebrantable y decidimos irnos a trabajar a mi casa”, acota Andrés, quien contaba con la experiencia de las tertulias organizadas por Estella y Ligia en 2003 a instancias de Fundalectura.

“Era la primera vez que en La Hormiga se oía hablar de tertulias”, evoca Ligia, quien pasó a ser identificada con la actividad que desarrolla desde entonces a modo de remoquete. “¿Cómo estás tertulia?, me decían todos en el pueblo”, comenta para agregar que el primer libro que comentaron fue Más allá de la noche, del escritor Germán Castro Caycedo, cuyo relato impactó a todos debido a que se trataba de una obra que hablaba de la situación y los temores que padecían y padecen a diario los noveles contertulios. “Más de uno lloró leyendo apartes del libro”, recuerda.

Siguieron los poetas Nicolás Guillén, Julio Flórez y Carlos Castro Saavedra, con cuya obra renació la esperanza en el auditorio. “De bajones muy fuertes pasamos a tener alegrías muy grandes gracias a la literatura”, explica Ligia; de tal manera que una cosa llevó a la otra y terminaron armando la revista.

“El horario no importaba y pasábamos días enteros que nos quedamos hasta la media noche en la Biblioteca haciendo una cosa y otra, porque gracias a las tertulias terminaron invitándonos a Bogotá, gracias a un promotor de Fundalectura que no dejó decaer nuestro entusiasmo, y aunque era muy severo en sus críticas –esta carátula no corresponde al Putumayo, aquí los párrafos se ven muy largos-, nos ayudó mucho, porque solía tener mucha razón”.

Luego vino un concurso de cuento auspiciado por la Universidad Javeriana –Andrés se ocupó de corregirlo y enviarlo-, que valió una mención para Ligia y fue además un nuevo estímulo para el grupo, que no ve la hora para poner en marcha sus nuevos proyectos:

Desarrollar un concurso municipal de cuento corto para las categorías de Primera Infancia, Infancia, Adolescencia, Juventud y Adulto Mayor; publicar la sexta edición de Catarsis; realizar un encuentro taller para fortalecer los procesos de lectura en zona rural y urbana en las inspecciones de El Tigre, El Placer, San Antonio, Jordán Güisia, Guadualito y La Hormiga; así como darle curso al proyecto Arroz con leche, te quiero contar con el fin de promocionar los servicios de la Biblioteca.

“En una población donde hay reclutamiento de menores y muchos de ellos desertan de las instituciones educativas, por falta de espacios para hacer cosas constructivas. Aparte de las escuelas y colegios, no hay un museo, y la única alternativa que queda a la calle, burdeles o bares es la Biblioteca”, puntualiza Ligia, insistiendo en la urgente necesidad de que niños y jóvenes dejen de ver la lectura como un deber, de tal manera que comiencen a soñar con la posibilidad de adelantar estudios profesionales, y, al igual que varios de los miembros del GAB, regresen con la firme intención de sacar al pueblo adelante.

“Gracias a estímulos como el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas mucha gente ahora nos pregunta sobre el Grupo de Amigos de la Biblioteca y la manera de vincularse al proyecto, de manera que ojalá muchos de ellos se vinculen”, insiste Ligia, a la par de subrayar junto con Andrés el destacado papel que ha tenido Estella en la conformación del grupo y llevar a buen puerto todos sus proyectos.

Bibliotecas para todos los colombianos

Gracias a una inversión equivalente al 35% del presupuesto del Ministerio de Cultura, los colombianos tienen acceso a más y mejores libros, además de contar con mejores bibliotecas para  poder disfrutar de la lectura.

Concebida como una estrategia integral para promover la lectura y la escritura entre la población haciendo especial énfasis en la Primera Infancia, el Plan Nacional de Lectura y Escritura Leer es mi Cuento ha implementado una estrategia sin precedentes en la que se han invertido hasta la fecha $ 355.000 millones de pesos, entre los que destacan $ 33.083 millones para uso y apropiación e nuevas tecnologías como parte del convenio suscrito con la Fundación Bill & Melinda Gates, y $ 25.000 millones adicionales que serán invertidos de manera permanente en las 1.404 biblioteca con que cuenta la Red Nacional de Bibliotecas Públicas a lo largo y ancho de todo el país.

“La Ley 1379 (que definió la política de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas) es pionera en Latinoamérica y busca  garantizar que el ciento por ciento de municipios del país cuente con una biblioteca pública. Hoy en día el 99% de los municipios del país cuentan con biblioteca pública”, ha destacado la Ministra de Cultura, Mariana Garcés Córdoba.