Casi pierde su rostro por inyectarse biopolímeros

Casi pierde su rostro por inyectarse biopolímeros

3 de Marzo del 2016

A finales de 2014 Jersson Andrés Trujillo intentó olvidar sus problemas emocionales y personales pensando un poco más en él. Para esa fecha se miró al espejo y observó unas líneas de su rostro con las que no estaba a gusto. Buscó la manera de eliminarlas.

Jersson estaba en Cali, su ciudad natal, y allá una esteticista sin nombre ni reconocimiento, “amiga de unos amigos”, le ofreció una salida barata para que eliminar sus líneas de expresión.

“Me dijeron que ella ya había hecho algunos trabajos y que era buena esteticista”, recuerda Jersson.

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La mujer, según el joven, le dijo que la solución era un tratamiento rejuvenecedor de plasma (inyecciones de sangre en el rostro sustraída de otra parte del cuerpo). Pero él quería resultados más duraderos y ella le brindó otra solución: inyecciones de vitaminas.

La mujer le aplicó a Jersson un aceite en el rostro y le aseguró que con ese método podría perfeccionar sus rasgos y mejorar sus líneas de expresión. Pero lo que realmente esta le inyectó en la cara al peluquero de profesión fueron biopolímeros. Esto lo confirmaron meses después médicos del hospital El Tunal de Bogotá.

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Tres meses después del procedimiento estético, Jersson empezó a sentir que el producto que le habían aplicado empezaba a tener resultados adversos.

“Mi cara ardía mucho, se enrojeció, se hinchó  y los poros empezaron a romperse. Mi cara se deformó”, le contó Jersson a KienyKe.com.

Hombre se implanto polimeros-02

La mujer que le aplicó los biopolímeros a Jersson intentó tranquilizarlo diciéndole que esas reacciones eran normales dentro del tratamiento que él estaba siguiendo. Le recetó una crema para controlar la hinchazón y el ardor. Pero con el paso de los días todo empeoró. Volvió a llamarla pero la mujer desapareció sin dar explicaciones.

“No quise demandarla. No tenía fuerzas para hacerlo: estaba devastado, destruido y en el fondo pensaba que esas demandas no llevan a ningún lado. Ahora, que estoy un poco mejor, creo que iniciaré una pelea judicial con ella”.

Cuando los médicos en Bogotá, donde ha estado radicado por muchos años, le confirmaron que su caso era “realmente grave”, la depresión, el miedo y la vergüenza atraparon al estilista que tenía 25 años para el momento del incidente.

Sin dinero para costear el tratamiento quirúrgico que le ayudaría a salvar su cara, Jersson se encerró durante seis meses en la habitación donde vivía solo en Bogotá, lejos de su familia. Escasamente salía a la calle, cubriendo su deformidad, para comprar algo de comer. Consumiéndose más de 50 pastillas intentó ponerle fin a su vida.

Algunos de sus pocos amigos le ayudaron a conseguir ayuda psicológica y psiquiátrica. Jersson dice que su mente superó el hecho de verse con el rostro como lo hoy lo tiene; pero lucha constantemente para volver a ser el joven que era antes de noviembre 2014.

Es un joven humilde. No gana mucho dinero como estilista y por eso la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica le está ayudando gratuitamente con los tratamientos quirúrgicos.

La semana pasada fue su primera intervención, pero hoy necesita con urgencia una prótesis llamada expansor de piel y no tiene la plata para comprarla.

Jersson es consciente de que tomó una mala decisión. Él sabe que tal vez su rostro no va a quedar igual. Quiso mejorar algo pequeño y terminó poniendo su vida en peligro cuando su vanidad le dio la espalda y le jugó una mala pasada.