La Bogotá del siglo XIX, una obra de arte

20 de marzo del 2019

En el barrio Palermo aún hoy evidencian recursos estéticos como la articulación entre las construcciones y la variedad de planos.

La Bogotá del siglo XIX, una obra de arte

Foto: UniMedios Juan Sánchez

Con acciones urbanísticas que buscaban resolver los problemas de hacinamiento e higiene que trajo consigo el aumento de la densidad poblacional, derivada del desarrollo económico capitalista y de la incipiente industrialización que se adelantó en el país a partir de la década de 1840, Bogotá atravesó por un proceso de crecimiento y de embellecimiento urbano del cual todavía se pueden seguir los rastros.

Así lo asegura Jean Carlo Sánchez Sanabria, magíster en Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien realizó un estudio sobre cómo durante el periodo 1840-1940 la ciudad cambiaría su rostro colonial con una serie de obras y planes de diseño urbano en los que primaron los principios artísticos con influencia europea.

“Este fenómeno de embellecimiento de la ciudad, como acción de contingencia ante los efectos adversos de la industrialización, se dio en todas las regiones del mundo occidental, especialmente liderado por los países más desarrollados en sus principales ciudades, mediante intervenciones urbanas que influenciaron las acciones urbanísticas en muchas ciudades del mundo, entre ellas Bogotá”, afirma el investigador.

Con la revisión de fuentes secundarias, como los libros sobre la ciudad, primarias, como decretos, licencias de construcción y planos, y la observación directa de las obras de este periodo se que mantienen en pie en la capital, el estudio estableció varias fases distintivas de este proceso de embellecimiento arquitectónico.

“En Bogotá lo primero que empezó a pasar fue el montaje de monumentos. Este periodo está marcado por la aparición, en 1846, del monumento a Simón Bolívar, que hoy se encuentra en la Plaza de Bolívar”, señala el magíster y sostiene que ese tipo de obras –que reemplazaron las pilas de agua que antes adornaban el lugar– rompieron paradigmas al incluir representaciones laicas en espacios públicos.

Otro hecho importante es la aparición, hacia 1880, de paseos y parques que pretendían contribuir a mejorar los problemas de higiene de la ciudad con espacios abiertos que integraron vegetación y arborización.

Con la influencia internacional fueron varias las plazas que se convirtieron en parques, entre ellas, la Plaza de Bolívar (entre 1881 y 1883), la Plaza de San Diego (construcción del Parque el Centenario 1882-1883), Plaza de Los Mártires (se remodela el espacio entre 1885 y 1891), y la Plaza Santander (1881-1883).

“Después aparecen obras como la avenida Colón, la avenida de la República –que era la carrera Séptima–, y se canaliza el río San Francisco, para convertirlo en la Avenida Jiménez. Estos son otros elementos que aparecen en la ciudad involucrados en su embellecimiento”, manifiesta el investigador.

El arte llega a los barrios 

Por último se analizan los barrios que en principio –a finales del siglo XIX– aparecieron de manera desordenada en la Sabana, debido a la presión generada por el aumento de la densidad demográfica que llevó a que la ciudad se expandiera más allá de los límites del centro colonial.

Con el objetivo de controlar el crecimiento desordenado aparecen las primeras normativas para regular el desarrollo urbano, como el Acuerdo 10 de 1902, cuyo énfasis estaba en dar parámetros precisos para la construcción de vías y plazas, y que podría ser visto como una estrategia de proveer a la nueva ciudad de un ambiente más higiénico, que permitiera una mejor aireación y aprovechamiento de la luz solar mediante una relación de la altura de las edificaciones y el ancho de la vía.

Todo esto estaba encaminado a que las fachadas de las edificaciones recibieran la radiación solar, pues se consideraba que esta podría erradicar varias enfermedades, según estudios científicos de la época.

Hacia 1890, en barrios como San Victorino se empiezan a construir casas con elementos similares a los de la colonia, pero introduciendo elementos neoclásicos propios de la arquitectura republicana, una década que, según el investigador, ha sido poco estudiada.

También se analizan barrios como Santa Teresita, que aparece hacia 1920 y todavía se conserva como el único vestigio que permanece del plano de Bogotá Futuro, un proyecto urbano que se creía que no se había construido en la ciudad, pero del que este sector refleja varios de los elementos conceptuales que contenía el plano, como las calles en diagonal o calles con interrupción visual en su remate.

Con información de Unimedios.

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