Este es el plato típico del Bronx de Bogotá

Este es el plato típico del Bronx de Bogotá

9 de Febrero del 2016

La primera vez que Brayan, un joven habitante de calle, intentó comer en el Bronx de Bogotá, su estómago se revolvió y salió corriendo de allí con hambre y con menos de quinientos pesos en el bolsillo. Al cabo de unas horas, la dolorosa necesidad de llenar su estómago lo obligó a volver a la zona y comerse lo menos “desagradable” que vio: unas moronas de pastel.

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La comida del Bronx, el expendio de drogas más grande de Bogotá, no es de las mejores que Brayan Smith haya probado en su vida, pero aclara, con más resignación que agrado, que “si usted tiene hambre todo le parece rico”.

Él, como cientos de hombres y mujeres que deambulan como habitantes de calle, encuentran en El Bronx o en la ‘L’, como también se le conoce, un lugar propio. Un espacio donde a su paso, y con bajo presupuesto, consigue lo poco que necesita para suplir sus necesidades básicas y únicas, como drogarse cada vez que se le dé la gana, dormir, y llenarse el estómago.

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El Bronx de Bogotá, otra vez, es centro de polémica, ahora por las redes de microtráfico que la policía investiga, y dentro de las cuales se cuenta con la participación de efectivos de esa institución. El alcalde Enrique Peñalosa anunció medidas para retomar el lugar. Dijo que es inaceptable que existan dentro de la ciudad repúblicas criminales.

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“Allá uno come a la carta”, dice Brayan Smith, al tiempo que prende un cigarrillo Mustang rojo y lo absorbe con ganas para que el viento no se lo apague.

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El Bronx, al igual que cualquier departamento de la geografía colombiana, tiene su plato típico tradicional y es el famoso ‘combinado’. Comida que llevándola a la mesa de un restaurante en el que almuerza la gran mayoría de trabajadores colombianos, fácilmente se llamaría corrientazo, o si el ‘combinado’ viene revuelto se le confundiría con un suculento calentado.

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El ‘combinado’ de $1.500 lleva arroz, un poquito de principio que puede ser pasta, lenteja o frijol y huevo frito, que es el elemento que no falta en ningún plato, o más bien en ninguna caja de icopor, que es donde se sirve.

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“El de dos ‘lucas’ ($2.000) es más grande, trae arroz, más principio, huevito y un pedacito de carne sudada o pollo. Es perfecto pa’ la melona (hambre)”.

“El Bronx es como un centro comercial, ¿si me entiende?, usted allá puede comprar de todo”, comenta Brayan mientras con la mano empieza a comerse un plato de moronas de ponqué, que otro habitante de calle trajo por encargo.

“Esto es lo que más me gusta –  dice Brayan Smith –  se llama ‘ponqué fresa’”, y señala una fresa arrugada que evidentemente hace varios días perdió su color rojo. “Lo más rico es la fresita”.

“Para comer en la calle hay que dejar la vanidad atrás y más si usted va a comer en el Bronx”, dijo el ‘Payaso’, otro habitante de calle que cuenta que de joven fue actor de televisión y que trabajó junto a Carlos ‘El gordo’ Benjumea en la novela ‘Fuego Verde’ y que también compartió pantalla chica con Teresa Gutiérrez y Natalia Giraldo, en la novela ‘La Abuela’.

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El nombre de pila del ‘Payaso’ es José Álvaro Borda. Lleva en las calles de Bogotá 35 de sus 57 años de vida; y dijo que el tiempo y el hambre son las circunstancias que lo habitúan a la mala comida que se consume en la calle.

El plato de ponqué, explicó Borda, vale 200 pesos. Este plato básicamente son migajas de pasteles que los vendedores consiguen recorriendo panaderías y pastelerías de la ciudad.

El ‘ponqué fresa’ como lo llama Brayan, es uno de los platos del menú Bronx con mayor demanda. “El desayuno de uno es un plato de ponqué y un chocolate y si no hay para el chocolate, que vale 500 pesos, el ponquesito baja bien con agua”.

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Otro ingrediente importante del menú de la calle del Bronx son los gordos fritos y los pedazos de lechona, según el ‘Payaso’. La porción promedio cuesta 500 pesos y los sirven envueltos en papel periódico que queda juagado en la grasa en la que los fritan.

La sopa también hace parte de la carta. En los caspetes de la ‘L’, una especie de casetas, venden platos de sopa en $1.000 o vasos en $500. “Es una sopa espesa que en algunos lugares no da tanto asco comer. Hay que saber también dónde se come porque hay sitios que preparan las comidas con ingredientes muy pichos y eso ya no sabe bien”, aclara el ‘Payaso’.

“Cuando uno está de buenas me puedo comer media hamburguesa de esa finas que compran las personas y que no se acabaron en el restaurante o unas presas de pollo de Kokoriko. Pero casi siempre hay que rebuscarse las ‘lucas’, al menos para el combinadito del día, aunque ¿sabe qué?, la verdad con la traba en la que vivo casi no me da hambre”, dice Brayan, un joven que quiso ser criminalista, “como los de las películas”, mientras se lleva la caja de combinado y los gordos de carne “para la melona de más tarde”.

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