La nariz más afinada del Gloria

La nariz más afinada del Gloria

12 de Mayo del 2014

Perla Negra se acostumbró a que el viento le traiga siempre el olor salado del mar. Esta labradora de dos años de edad, una avezada perra antinarcóticos, fue escogida el año pasado como nueva ocupante del Buque Escuela Gloria. Es, sin, duda, la nariz más aguzada del barco colombiano.

Con su nombramiento, Perla Negra sumó su nombre al de varios perros que a través de los años han vivido largas temporadas en el Gloria. El más famoso de todos fue Chicote, quien figura en el Libro Guinness como el perro que más ha navegado en la historia y prestó sus servicios hasta comienzos del siglo XXI.

Perla Negra sustituyó a Astro, quien murió luego de una cirugía de displasia de cadera. Por su nariz, húmeda e infalible, deben pasar todos los paquetes que ingresen al Gloria.

En su primer viaje recorrió 24.634 millas náuticas.  Fueron 161 días en el mar en los que visitó Singapur, Bangkok, Tokio, San Francisco, San Diego, entre otros puertos. No fue fácil. La perra, como ocurre con los hombres novatos en el mar, perdió el apetito y vomitó varias veces. Llegó a Hong Kong, Singapur, Tokio, San Francisco, San Diego. Al llegar, saltó a la tierra, loca de alegría.

Perla Negra

Su cuidador, el infante de marina profesional Sandoval Granados, es su compañero inseparable. Con él ha llegado a Mar del Plata, Punta del Este, Ushuaia, Manta… Sandoval afirma que Perla, a secas, como él suele llamarle, es el más noble de los animales. “Obedece siempre y jamás se queja. Nunca aúlla y es muy raro verla ladrar”.

En medio del monótono vaivén del barco, pocas cosas la emocionan más que hallar un pájaro que, luego de estrellar contra las velas, haya caído en la cubierta. En cuanto lo ve, levanta sus orejas, abre sus ojos color caramelo y sale disparada a atraparlo. Por lo general, los pájaros, aturdidos, vuelven a alzar el vuelo antes de que Perla los aprese. También ha tenido encuentros con delfines, lobos marinos y leones marinos. Uno de estos últimos le dio un gran susto en Mar del Plata.

El infante Sandoval suele jugar con Perla en las mañanas. Le lanza objetos que luego ella atrapa. Todos en el barco la miman y ella responde con húmedas lamidas el cariño. Este barco, de 77 metros de largo, será su casa hasta que muera.

Sandoval reconoce que cuando Perla llega a tierra, se emociona como nunca. Se revuelva en la tierra, pega su nariz en el pasto y hacia todos los lados con la felicidad de quien ha vuelto a casa después de un largo peregrinar. Pero el destino le deparó vivir en un buque a merced del mar, persiguiendo aves marinas y en medio del vaivén de las olas.

Perla Negra