Los artistas detrás del café más premiado de Colombia

4 de agosto del 2019

Café San Alberto se ha convertido en un referente del país en el mundo

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Foto: Diego Contreras

Una tragedia lo empezó todo. En diciembre de 1971 Gustavo Leyva perdió a su hijo Gustavo Alberto en un accidente aéreo, un dolor que lo acompañó toda su vida. La aerolínea decidió indemnizar a las familias de quienes murieron en dicho vuelo. Dinero que decidió invertir en la compra de una finca cafetera en el Quindío a la que nombró, para conmemorar a su hijo, Hacienda San Alberto.

La propiedad finalmente pasó a ser el refugió de la familia y lo que se gestaba en su tierra era un grano de café que años después tendría la calidad como para darse a conocer en todo el mundo. En ese pedacito de montaña ubicada en el municipio de Buenavista Gustavo encontró una tarea campesina de la cual se enamoró y se dedicó a ella hasta su último aliento.

Hoy es una herencia campesina liderada por dos hermanos modernos Gustavo y Juan Pablo Villota Leyva; uno experto en productos de lujo, y el otro en licores de selección premium.

Gustavo Leyva fallece cuando regresaba de la Hacienda en 1985. Melva, su esposa, toma la administración de la finca. Años después su nietos Gustavo y Juan Pablo Villota. Foto: Diego Contreras

Una de las mentes detrás del éxito de este café de lujo es Gustavo Villota, que cargando el mismo nombre de su abuelo fundador de la hacienda hace 47 años, decidió contar su historia a KienyKe.com y narrar cómo, junto a su hermano, se convirtieron los artistas detrás del cultivo y consumo de la bebida de lujo más distintiva de Colombia.

De niños, tanto Gustavo como Juan Pablo, disfrutaban de sus vacaciones en la finca de su amado abuelo que desde esos años ya era reconocida por la calidad en la región. Eso los empujó a tenerle un cariño invaluable al lugar que albergaba a su familia y a su niñez, además de regalarle los mejores recuerdos de su infancia.

Cuenta Gustavo que la Federación de Cafeteros cuando tenían que llevar algunos extranjeros a conocer los cultivos de la región, su finca siempre era teida en cuenta y desde esa época ya contaba con reconocimiento, pues el talante y la rigurosidad de su abuelo llevaron a plantar importantes oportunidades en el negocio del café.

Y agregó que: “Cuando entró mi papá se empezaron hacer unos cambios que le dieron más visibilidad a la finca que facilitó que nosotros en el 2007 junto con mi hermano entramos a el proyecto de crear una marca de café de la mano de la finca que ya contaba con credenciales“.

Gustavo Villota no es un amante a tomar café. Prefiere degustar la bebida y brindarle al mundo distintivos sabores que se desprenden del grano de sus cultivos. Foto: Diego Contreras

La pareja de hermanos no querían seguir con una finca cafetera tradicional, querían agregar sus conocimientos, agregar un estatus de premium. “Buscamos proveer privilegios a través del café. Hemos sido unas personas privilegiadas que a través de nuestro padre veíamos en el vino por ejemplo, una fuente de historia, de exploración y éramos de aquellas familias que hacíamos turismo al rededor del vino, así que queríamos hacer lo mismo con el café”, contó Gustavo.

El origen del café de lujo

Mientras Juan Pablo quiso entrar al mundo de los licores y estando ahí desarrolla una sensibilidad gustativa peculiar, Gustavo se fue por el lado de la perfumería y demás productos de lujo. Ambos mundos terminaron cruzándose con la tradición familiar cuando decidieron apostarle a un nuevo espacio para los amantes del café.

“Creemos que la realeza del café tiene que venir de Colombia”, Gustavo Villota.

Para Gustavo, “en cierto momento de nuestra vida nos vemos en la disyuntiva de como seguir en la evolución de esas carreras y entonces nos dimos a la tarea de crear el lujo del café, y esa es la visión de San Alberto, crear un privilegio de café para el mundo”.

Y precisamente el origen es uno de los tres pilares en los que se basa esta dupla emprendedora. Afirmar que Colombia tiene los mejores cafetales del mundo no es exagerar, pues el clima y las propiedades de la tierra crean un ambiente ideal para que los cafetos surjan y den un grano con muchas propiedades que entregan calidad.

Como sucede en la Hacienda San Alberto la cual Gustavo dice posee una tierra con bastante acidez, esto sumando a unos cambios de temperatura entre día y noche. Aire cálido que proviene en las mañanas del Valle del Quindío y el frío que se trepa en las noches que viene de la Cordillera Central.

Un rincón de la tienda ubicada en Bogotá, muestra cómo la tradición y la familia van de la mano con lo moderno y autentico. Foto: Diego Contreras

El segundo pilar se basa en la técnica. “Implementamos lo que llamamos el proceso de la ‘quíntuple selección’, cinco selecciones adicionales a las tradicionales en busca de sabor y consistencia”, dice el bogotano. Un proceso que han perfeccionado con los años y con ayuda de ciertas herramientas para lograr diferentes bebidas excepcionales.

Por último, cuenta que al arista del sabor es uno de los ingredientes fundamentales, en este caso su hermano Juan Pablo que con su talento desarrollado en el paladar ha logrado captar la esencia de San Alberto.

“Es un capricho de sabor guiado por el gusto de Juan Pablo. Entonces él escoge los sabores cultivados en la finca y dice me gusta este o el otro. Como pasa en los licores, cada sabor que sale del grano cultivado en esa tierra de Buenavista pasa por las papilas de mi hermano“, explicó Gustavo mientras delicadamente sorbe cada muestra que ofrece de su café.

Artefactos en vidrio decoran al ‘Templo’. Foto: Diego Contreras

Artistas por excelencia

La mayoría de los colombianos lo primero que hace al levantarse es preparar café. Una bebida que no solo representa un gran mercado económico sino que además es parte de la idiosincrasia. Un buen “tintico” en la onces que no tiene mayor ciencia preparar, pero que para Gustavo y Juan Pablo es magia la que esconde preparar un buen café de calidad.

No se trata de solo verter agua caliente en el café molido. Va más allá, es técnica, sabor y saber utilizar el agua con diferentes filtros y aparatos que parecen salidos de un taller alquimista, en el que artistas juegan a transformar un grano, una materia prima, en diferentes bebidas cada una con tonos y sabores diversos.

Se habla de artistas, porque para Gustavo preparar un café de lujo requiere destreza y delicadez, un equilibrio que se antepone a la mística que genera entrar a una de las tiendas que tienen en Usaquén, Bogotá, al que llaman ‘Templo’.

“No hay una bebida más cotidiana que el café y parece que el lujo riñe con lo cotidiano. Entonces queríamos que en Colombia hubiera un exponente de lujo y creemos que lo que pasa en la finca con tanta tradición merecía culto y con capricho personal. Es un producto para algunos pues no tenemos el suficiente café para satisfacer al mundo entero”, manifestó Gustavo.

Foto: Diego Contreras

‘Templo’ de reconocimientos internacionales

En apenas diez años esta dupla de hermanos ha conseguido varios reconocimientos nacionales e internacionales, 18 para ser exactos. Gustavo, mientras camina por el ‘Templo’, la tienda ubicada en el norte de Bogotá que parece estar escondida entre cuadras como queriendo que alguien se tropiece accidentalmente con ella, recuerda ese primer premio que ganaron.

“Fue en la Feria de Moscú que conseguimos el primer honor, después de eso llegaron otros escenarios donde destacamos en Francia, Bélgica, Corea y otros países”. Pero mientras hablaba se interrumpe él mismo para contar el premio que más recuerda y que parece irónico es de Colombia para Colombia.

“Fue en el 2017 que ganamos como el café exótico de Colombia en un concurso que hizo la Federación Nacional de Cafeteros que se llamó ‘Tierra de Diversidad’. Diferentes lotes de café del país que se evaluaron en distintos aspectos y el ganador de todo fuimos nosotros“, y agregó que además de ganar fueron el café subastado con el mayor precio.

Indiscutiblemente es un producto que da pasos de gigante. Una pequeña hacienda del Quindío que apenas ha comprado otras tierras que hoy día suman 40 hectáreas y de las cuales el 25% de los arboles entran renovación cada año y con el proceso de la ‘quíntuple selección’ más la cosecha que puede llegar a descartar el catador de café Juan Pablo, deja una conclusión, solo hay café suficiente para quienes salen a buscarlo.

Café San Alberto es el producto de este tipo más premiado en el mundo. Foto: Diego Contreras

Pero también es cierto que tienen sueños de crecer y expandir su negocio pero sin dejar el legado de ser casi la marca exclusiva de Colombia.

“San Alberto se ve con el desafío de poder contar su diferencia al mundo, entonces nos permitimos abrir una tienda de café en la hacienda, luego otra en Cartagena, luego otra aquí en Bogotá, pero para nosotros no son tiendas, son templos donde se le rinde culto a nuestro arte, a nuestro producto“, reveló Gustavo.

Son colombianos, por ende llevan los sueños y las metas amarrados en una pita intentado que el viento las eleve lo más alto que se pueda. Quieren un Templo del Café San Alberto en las mejores calles del mundo. Una puerta con aroma a Colombia que se abra cada mañana en la Quinta Avenida de Nueva York o en los Campos Elíseos de Paris.

De Colombia para el mundo, Café San Alberto. Foto: Diego Contreras

Gustavo Villota tiene el ojo puesto en elevar cada vez más el estatus de la marca mientras que Juan Pablo de mover fibras sensoriales con cada sabor que alguien le dé a una de sus preparaciones. Hay cafés que llegan a tomar sabores a durazno, chocolate, anís pero sin llevar una sola pizca de esos productos. Es como magia que de la pepa tostada que todos conocemos salga impulsado tanto sabor que hace palpitar el corazón de cualquier compatriota.

Por: Richard Stevens Ladino

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