“Paredes de la vergüenza” propone Carlos Holmes Trujillo

“Paredes de la vergüenza” propone Carlos Holmes Trujillo

14 de marzo del 2017

Por: Édgar Artunduaga

Carlos Holmes Trujillo García es considerado el más ecuánime y ponderado pre-candidato por el uribismo a la presidencia de la República, virtud que no siempre es reconocida como la más exitosa para hacerse notar en la vida política. Sin embargo, es innegable su carácter recio y afirmativo a la hora de fijar posiciones.

En el tema de la corrupción, por ejemplo, considera que si no se combate eficazmente “ese cáncer va a devorarlo todo”.

“Hay que tomar medidas internas efectivas y actuar internacionalmente porque el soborno trasnacional tiene dimensiones aterradoras”Carlos Hollmes Trujillo

Esta es su propuesta:

-Internamente deben organizarse buzones físicos y electrónicos para que los ciudadanos presenten denuncias, crear las paredes de la vergüenza en las que figuren los nombres de los condenados por corrupción, crear salas especiales en los tribunales dedicadas a la investigación y juzgamiento de esos casos e impedir que a través del derecho de herencia los bienes y recursos de los corruptos puedan ser heredados por sus descendientes.

Internacionalmente, Colombia debe liderar en el marco de la ONU la celebración de una sesión especial sobre el problema de la corrupción de la que salga el mandato de crear una Corte Anticorrupción Internacional.

Así como se le dio vida a la Corte Penal Internacional es hora de que nazca una corte hermana para combatir el soborno de las multinacionales.

carlos holmes trujillo

El gobierno, el sastre de las Farc

Nadie puede desconocer –dice Trujillo García, en esta entrevista de fondo con KienyKe.com – que la desaparición de las Farc como fuerza armada ilegal, y la dejación de las armas en poder de la ONU es una buena noticia para Colombia.

Naturalmente, el proceso de desmovilización, desarme y reincorporación de sus miembros tiene que rodearse de las garantías de seguridad física, jurídica y económica necesarias.

Pero, es inaceptable que para conseguirlo el Gobierno se haya convertido en el sastre de las Farc, haya negociado políticas públicas con esa organización, acepte la incorporación de la totalidad del acuerdo en la Constitución, le parezca bien que los culpables de los delitos más graves no paguen un solo día de cárcel, puedan ser elegidos inmediatamente y que el delito de narcotráfico sea considerado como conexo al político.

El legado que el acuerdo Santos-Timochenko le dejará a Colombia es una democracia castrada y una inseguridad jurídica amenazante.

Democracia castrada –explica- porque se pretende que lo acordado no se pueda modificar durante las próximas tres administraciones, e inseguridad jurídica por cuanto con la incorporación del acuerdo a la Constitución no se sabe cuál será la Carta vigente en Colombia. Esto afectará la inversión y la vida diaria de los ciudadanos.

La Jurisdicción Especial, un adefesio catastrófico

En opinión de Carlos Holmes Trujillo, la Jurisdicción Especial para la Paz es un adefesio que puede tener consecuencias catastróficas.

Arrasa con el principio del juez natural, de legalidad, con la no retroactividad en materia penal, le otorga competencias intemporales al Tribunal para la Paz, así como facultades para conocer conductas con relevancia penal cuya definición no se precisa.

Por ejemplo, se dice que tiene competencia para conocer de la autoría indirecta de delitos cometidos con ocasión del conflicto y no se dice qué es eso.

Cómo será de grande el error que el Fiscal y las Altas Cortes han pedido que se los escuche, sin éxito. No hay derecho a que no se haya pedido su opinión antes de crear una jurisdicción nueva en acuerdo con las Farc.

Acuerdo Santos y Timochenko

Existe, además, el peligro de que esa jurisdicción se convierta en un tribunal político revanchista. Sin desconocer que las negociaciones de paz requieren medidas judiciales especiales y creativas, resulta inaceptable que, en éste caso, se haya aceptado el concepto de justicia de las Farc, como si la revolución hubiera triunfado.

En Colombia lo que pasó fue que la sociedad, con mucho esfuerzo, impidió el triunfo del terrorismo y ha demostrado, otra vez, que tiene generosidad para abrir las puertas de la reconciliación. Pero eso no es, no puede ser, sinónimo de entrega y claudicación por parte del Estado.

Son varios los aspectos del acuerdo con las Farc que tienen que ser corregidos, razón por la cual las elecciones del 2018 pueden convertirse en el nuevo plebiscito que se le raponeó a los colombianos después de la victoria del NO.

La situación general del país

Sobre el momento que está viviendo el país, reflexiona Trujillo García:

En Colombia se está viviendo una etapa similar a la que vivió Venezuela antes de la aparición de Chávez. El poder legislativo, el ejecutivo y el judicial están todos desprestigiados.

Los niveles de credibilidad en ellos son muy bajos y los porcentajes de rechazo e incredulidad altísimos.

A semejante debacle contribuyen los constantes escándalos de corrupción, que alimentan la ira de los ciudadanos.

De otro lado, los viejos partidos están en vía de desaparición. Participan en las elecciones y consiguen elegir autoridades con su marca, pero el número de afiliados disminuye constantemente al igual que las cifras de respaldo.

Y los nuevos nacen con los mismos vicios de los viejos o están, como Centro Democrático, en una difícil etapa de crecimiento. Tanto es así, que cuando se le pregunta a la gente a cuál partido pertenece cerca del 80 por ciento dice que es independiente.

Este porcentaje, la incredulidad en todos los poderes públicos, y el cáncer de la corrupción dan lugar al clima prechavizta que nos puede conducir a una tragedia institucional.

Tenemos que evitar semejante desastre integrando en el próximo Gobierno, porque el actual no tiene autoridad para nada, una comisión pluralista de reajuste institucional y convocando una Constituyente que aboque la tarea  de reconstruir la institucionalidad.

Hoy hay que decir: reconstrucción o tragedia.

La pobre economía

La economía colombiana no ha cambiado de siglo. Sigue como en el XIX y el XX, dependiendo de un solo producto. En el pasado, dependía del precio del café y ahora del petróleo, razona Trujillo García.

La cosa es más grave hoy, agrega, porque en la cancha del café éramos jugadores de talla mundial, y lo que hiciéramos o dejáramos de hacer determinaba la cotización internacional del grano.

En el escenario global del petróleo el país es irrelevante, toda vez que carece de capacidad para incidir en el precio del crudo.

Teniendo en cuenta la importancia del sector minero energético en la economía nacional, la prioridad tiene que ser la diversificación de la producción para que nuestra suerte no siga dependiendo exclusivamente de las decisiones que tomen otros.

Pero no solamente eso. El principal objetivo debe ser que la economía crezca rápidamente, es decir, entre el 7 y el 10%.

Yo me rebelo contra la complacencia de los analistas a los que se les hace agua la boca expresando su satisfacción con un crecimiento del 3.5 o 4%.

Esos porcentajes son buenos para las economías maduras, pero mediocres para un país que tiene la urgencia de desarrollarse a pasos acelerados.

No dilapidar los recursos

El Gobierno tiene que crear condiciones que favorezcan la inversión y la creación de empresas, dice Holmes Trujillo.

Debe facilitar, no entorpecer, acabar con la tramitomanía innecesaria, bajar los impuestos, no subirlos, disminuir el tamaño del Estado, dejar de dilapidar recursos escasos en propaganda oficial, ponerle fin a los cupos indicativos, fomentar el emprendimiento, y poner en marcha una diplomacia para el crecimiento.

La reforma tributaria que presente el próximo Gobierno debe ser para disminuir la carga tributaria a las personas naturales y jurídicas porque lo que hizo este Gobierno afecta la inversión, la producción y el consumo, es decir, frena aún más la economía.

La situación interna del Centro Democrático

Admite Trujillo García que su partido, el Centro Democrático, tiene hoy los problemas propios de la etapa del crecimiento, “pero le toca ayudarse porque ellos no se arreglan solos. Y menos en un momento en el que la inmensa mayoría rechaza todo lo que sepa a partidos y política”.

Por lo pronto –en su opinión- tiene que hacer bien hecho el ejercicio de elegir su candidato presidencial.

-A mi no me cabe duda alguna acerca de que lo conveniente para un Partido que fue bautizado por su fundador y líder natural, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, como de Centro y Democrático es un mecanismo democrático, una consulta popular para escoger su vocero en la lucha por la Presidencia.

Tengo el mayor respeto por todos los compañeros que han manifestado su deseo de participar en este tiempo de precandidaturas.

Lo importante, sin embargo, no es cuántos son los precandidatos sino las reglas para escoger el candidato.

No veo ninguna razón para demorar más esa definición, que permitirá que los que ya expresamos nuestra aspiración sigamos trabajando y las o los que quieran hacer el ejercicio sepan a qué atenerse.

Las especulaciones sobre el mecanismo hacen daño, desconciertan y dan lugar a teorías escritas con veneno.

Ese es, adicionalmente, el paso inicial indispensable para avanzar en la construcción de coaliciones después.

Eso de hablar de entendimientos, que son necesarios, antes de arreglar primero la casa, es como ofrecerse en una subasta.

“Comprometidos con Colombia”

A la pregunta sobre cómo está haciendo su campaña, Carlos Holmes Trujillo dice que está en la calle trabajando desde hace varios meses y seguirá haciéndolo, seguro de que esta no es una carrera de 100 metros sino una maratón.

-Lo que me interesa es hablar con la gente y plantear propuestas desafiantes pero responsables e innovadoras pero viables.

En esa dirección ya está haciendo una gran tarea “Comprometidos con Colombia” que es un grupo de  especialistas en distintas áreas del más alto nivel.

Esas ideas las discutiré en encuentros de “Comprometidos con Colombia” en todo el país, con el fin de definir el “Programa para Colombia”, que se ejecutará gracias al triunfo de la “Coalición por Colombia”.

Mi prioridad es lograr que la economía crezca rápidamente, convertir a Colombia en una nación de emprendedores, bilingüe, con altas coberturas y calidad en materia de salud y educación, transparente y caracterizado por el diálogo afectuoso y respetuoso del Gobierno con los ciudadanos.

Tenemos que reconstruir el país para impedir que caiga en manos del populismo irresponsable.