El mesías que salva a plantas en vía de extinción

Foto: Gabriela Caballero - Kienyke.com.

El mesías que salva a plantas en vía de extinción

6 de febrero del 2019

Carlos Magdalena es todo lo contrario a un botánico inglés. Mide unos 1.80 cm, tiene melena negra con uno que otro viso blanco hasta los hombros, barba poblada como con la que representan a Jesucristo, aros en las orejas, anteojos con un marco negro grueso y un acelerado acento español que en algunas ocasiones no es tan claro.

Luego de fracasar con un bar que montó a los 18 años, de trabajar como sumiller (experto en licores) en España y sin título universitario, tocó las puertas del Real Jardín Botánico de Kew, el más importante del mundo, ubicado en Londres y le dijo al director estar convencido de que en este lugar lo necesitaban. Así fue. Su labor de salvar cualquier especie vegetal al borde de extinción hace que muchos lo consideren un mesías de las plantas.

La Nymphaea thermarum, la flor más minúscula sobre la faz de la Tierra, o la Ramosmania rodriguesii, la especie más delicada del ecosistema, han sido ‘resucitadas’ por Carlos. Ha dedicado su vida para asegurar la preservación de las plantas más exóticas del planeta.

Llega tarde a esta entrevista. Estaba visitando una zona de vegetación en Cartagena y tomándose fotos con seis mujeres afrodescendientes encargadas del servicio del hotel. Se disculpa por la tardanza, recoge su larga cabellera y se sienta una silla antigua. Cuenta que es su primera vez en Colombia y que está fascinado con la gente y su diversidad.

Foto: KienyKe.com

Desde pequeño era un enamorado de la naturaleza. La señora Edilia, su madre, y la responsable de que Carlos se interesara por la jardinería, le contaba que cada vez que comenzaba a hacer berrinche solo bastaba con darle una hormiga o cualquier otro ‘bichito’ para que se calmara.

De niño, aunque tenía gafas, siempre andaba con una lupa en el bolsillo. “Vivía en una playa al norte de España con un mar agresivo y desde ahí miraba a los pájaros con unos prismáticos, luego buscaba en un libro y sabía que venían del ártico. Me estimulaba mucho mentalmente”, contó.

Mi madre era una apasionada de las plantas. Tenía floristerías, era una especie de jardín botánico privado”, Carlos Magdalena.

Un inicio truncado

Desde pequeño siempre sabía lo que quería ser. Al contrario de los demás niños que soñaban con ser toreros, futbolistas o bomberos él no decía que quería ser biólogo, sino ser Félix Rodríguez de La Fuente, un fascinado del mundo natural que lograba transmitir esa pasión a través de documentales.

Foto: Gabriela Caballero – Kienyke.

“Eso es lo que me gusta hacer, transmitir mi fascinación con la esperanza de que el resto del mundo también se fascine con ello. Aunque no he llegado a ser Félix Rodríguez, sí he logrado mostrar que la botánica va mucho más allá”, contó a KienyKe.com.

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Llegó la hora de entrar a la universidad, pero se chocó con el sistema educativo español. “En ese entonces en la facultad de biología si tu estudiabas hasta cuarto semestre y cambiabas al quinto a medicina te hacías médico. Era una válvula de escape porque había mucha gente, y luego veía a todos los de la carrera en paro. No había futuro”, explicó.

Por eso fue que decidió poner un bar con un amigo. Recuerda que su padre le dijo que iba a ser un desastre y con risas comenta que lo fue. Luego alternó en varios trabajos relacionados con el servicio de bares, pensó que este ritmo de vida iba durar hasta los 25 pero se extendió hasta los 28 cuando decidió viajar a Inglaterra.

“Para mi la vida no tiene sentido si no me podía dedicar al tema de la naturaleza, a veces me salía del bar a las 3:00 a. m. a ver búhos con amigos”, Magdalena.

Finalmente consiguió un trabajo como sommelier en un hotel de Inglaterra que tenía un jardín histórico. Les hablaba a los clientes de uvas, de fermentación, de dónde venía el champagne, etc. En una ocasión pescó una gastroenteritis, no pudo trabajar por casi dos meses y se inscribió al servicio voluntario de jardinería del hotel.

Foto: Gabriela Caballero – Kienyke.

Así se familiarizó con la botánica hasta que aterrizó en el Kew Gardens y sintió que ese era el lugar que estaba buscando desde hacía tiempo. “Llegué y le dije al director: vengo a contarte algo que probablemente no sepas, pero me vas a tener que creer. Necesito este sitio, pero lo más importante para ti… este sitio me necesita. Y se rió”. Ahora es uno de los botánicos más reputados de Reino Unido.

Le ofrecieron trabajar gratis, “si realmente eres tan bueno como dices, alguien te contratará”, dijo el director, y Así fue, en pocos meses era trabajador oficial del Kew Gardens. Mientras trabajaba empezó a profesionalizarse con el prestigioso diploma de tres años en horticultura. Se graduó como horticultor botánico tropical del Real Jardín Botánico de Kew.

Un periódico abandonado en un viaje de regreso a casa en el metro de Londres, luego de salir del jardín botánico, fue el responsable de que Carlos sea considerado como un mesías. El artículo del viejo papel se titulaba ‘La muerta viviente’ y explicaba los intentos fallidos que se hacían en Kew por salvar a una planta de la extinción, la Ramosmania rodriguesii. “Aunque un ejemplar estuviese vivo y se pudiera propagar eternamente por esquejes (fragmentos de las plantas separados con una finalidad reproductiva) la especie estaba muerta, esto me pareció muy triste”, explica Carlos. Fuera como fuera, tenía que tratar esa planta. Carlos hizo el milagro: sacó una semilla de la Ramosmania rodriguesii por primera vez en 28 años.

Foto: Gabriela Caballero – Kienyke.

“Estamos en las puertas del infierno e insistimos en llamar a la puerta”, aseguró el botánico a este medio.

Asegura que a diario hay noticias espeluznantes sobre el medio ambiente pero no se hace nada. “Si no hablamos del muro en México entonces es de Venezuela, vienen y van temas pero lo cierto es que vivimos en una pecera en la que se ha atascado el filtro. La temperatura está subiendo y los peces están diciendo, “bueno no pasa nada”. Esto es muy triste porque es evitable”.

“Los colombianos me dejaron impresionado, paras a cualquiera en la calle y a los 30 segundos ya es tu mejor amigo de toda la vida, ¡es increíble! Y si le sumas que estás en el país mas biodiverso del mundo, creo que voy a estar en el aeropuerto llorando porque voy a llegar a Inglaterra a -15° donde si haces contacto ocular con alguien eres un terrorista”.

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