Los ‘invisibles’ del Carnaval de Barranquilla

5 de marzo del 2019

Conozca sus historias.

Los ‘invisibles’ del Carnaval de Barranquilla

Desde que tiene uso de razón, Freddy Ramírez recuerda sentir gran pasión por la música. El guajiro que creció escuchando canciones de Diomedes, Rafael Orozco y Joe Arroyo, veía en ellos grandes referentes para lo que podría ser un sueño artístico. Sin embargo, el sueño se le acabó rápido cuando desde temprana edad tuvo que trabajar para ayudar a su mamá con los gastos del hogar.

“Cuando me dijeron que, si podía ayudar con algunos gastos de la casa, no joda yo sentí como si me hubiesen dejado caer de la cuna”, cuenta Freddy, entre risas, a KienyKe.com.

El asumir responsabilidades, le ayudó a mejorar su carácter. Primero empezó haciendo mandados, luego siguió descargando carros, fue allí donde comenzó a ganar masa muscular y vio oportunidad en otro campo: el de la seguridad.

Empacó sus mejores prendas de vestir en un morral y con unos cuantos pesos en el bolsillo, producto de sus ahorros, emprendió rumbo de Urumita a Barranquilla. De aquel día recuerda no saber para dónde iba, solo que debía coger un bus amarillo. Ya en el vehículo, los nervios se apoderaron de él. Describe ese momento como uno de los “más marginales” que ha vivido. El calor era infernal. No había aire acondicionado, y la mezcla de olores era fuerte. Como si fuera poco, al bus le sonaba todo. Aun así, logró llegar a ‘La arenosa’.

Andrés Romero/KienyKe.com

“Tenía mucho miedo. Yo era un pelao de 19 años que nunca había salido de Urumita y solo tenía la indicación de montarme en un bus porque en Barranquilla me iba a recibir un tío que me iba a ayudar con trabajo”.

Cinco años después habla con total orgullo de lo que ha logrado. A sus 24 años, su masa muscular; dice él, que es la de un deportista. Sonríe tímidamente al expresar que fue producto solo de trabajo y uno que otro ejercicio en casa, nada de gimnasio o “proteínas raras”. Trabaja en una importante empresa de logística y seguridad para grandes eventos como el Carnaval de Barranquilla. Además, su empleo le ha permitido estar cerca al mundo de la música, pero desde otro lado.  Ha sido el ángel guardián de varios cantantes, cada vez que es necesario.

Cada día tiene su agite

En eventos como el Carnaval de Barranquilla lo que ven los asistentes es el producto final de largas horas de planeación y ensayo. Los días previos son de poco sueño y muchas reuniones para ultimar detalles. Ya en carnaval, y a pesar de que la hora de ingreso al público para el evento que él cubría era a las 7:00 de la noche, debió estar desde la mañana para estar pendiente.

Sobre el mediodía, le asignaron su posición. La instrucción fue clara: “No puede moverse de aquí”. La costumbre lo ha llevado a no sentir cansancio, pero con el correr de los minutos y los 30 grados de Barranquilla, las fuerzas comenzaron a flaquear.

Si quería agua la debía pedir y esperar a que llegara. En el caso de la comida, es más complejo ya que tiene prohibido comer en público. A pesar de ser un hombre ‘mamador de gallo’ debe poner su rostro más serio, para que la gente lo respete y no se quieran pasar de listos. Sin embargo, cada que puede hacer un chiste entre amigos lo hace.

“Donde yo me la pasara haciendo la cara que hago cuando trabajo, viviría amargado”.

Moverse en el mundo de la logística le ha permitido cuidar artistas de la talla de Bazurto All Stars, Silvestre Dangond, entre otros. Esto más que generarle felicidad, le provoca un sentimiento de frustración ya que no tiene una sola foto con ellos, tampoco un autógrafo porque sencillamente no se puede.

“Es eso o mantener mi trabajo”.

Mientras espera que la jornada termine para poder disfrutar de un buen plato de comida. Lo imagina en su mente y lo expresa con quienes están a su alrededor. Las posibilidades son salchipapa con butifarra o hamburguesa. Sin pensarlo dice que en caso de elegir siempre se inclinaría por las papas con salchicha y butifarra. En cuestión de segundos, su rostro cambia rápidamente. Cuando se acuerda que el supervisor está por ahí, junta las cejas en señal de molestia. Cuando se va sonríe y hace chistes. Pero al ser cuestionado sobre su trabajo, la imagen que refleja es de confusión.

Gracias a la seguridad y la logística, ha logrado esa estabilidad que tanto buscaba. A pesar de que las jornadas son largas, son pocos los que se pueden dar el lujo de decir que han cuidado e ingresado al camerino de Silvestre. Pero en tiempos de redes sociales, lo que importa según él son las pruebas, y él no las tiene.

El evento llega a su fin. Después de 12 horas de trabajo, los asistentes al primer día de carnaval se marchan satisfechos. Pero Freddy aún no acaba. Debe esperar que todos se retiren, levantar algunos pesados elementos de seguridad y luego sostener una reunión con los jefes para analizar lo que pasó y ver si hay algo para mejorar.

Esta vez, la anhelada foto tampoco llegó. J Balvin pasó por su lado y ni siquiera lo pudo saludar. Pero “nadie le quita lo bailado”. Conoció de frente al artista colombiano del momento, un lujo que pocos se pueden dar sin importar que no haya pruebas.

“Quizás la próxima vez me anime a pedir la foto”, dice entre risas.

El oficio de escobita

El que dice que en la Costa no se madruga, es porque no ha estado en carnavales. Contrario a la imagen predominante que apunta a que son días de ‘flojera’ y fiesta (que también lo son), hay un amplio sector que vive la otra cara del Carnaval de Barranquilla, aquellos que su labor puede ser invisible para muchos, pero que en realidad hacen un trabajo valioso para mostrar la mejor cara de ‘La arenosa’.

Miles de personas deambulan por las calles de Barranquilla con el fin de buscar la mejor ubicación para disfrutar ‘La batalla de flores’. Los 32 grados de temperatura sumados a la sensación de humedad, hacen de las sombras un lugar privilegiado para los descansos cortos.

Disfraces, flores, harina, espuma, licor y abanicos, son algunos de los elementos que predominan en las calles, los mismos que cuando se vuelven molestos para disfrutar el carnaval, son arrojados al suelo sin pudor alguno. Locales y turistas gozan lo mejor del carnaval, él con un enterizo azul oscuro que lo cubre de pies a cabeza, va de un lado a otro recogiendo la basura que otros tiran.

Andrés Romero/KienyKe.com

Unas cuantas gotas de sudor caen de su frente. Sus manos demuestran el desgaste de llevar más de 10 años como barredor de calles. Sin embargo, Hernando es feliz, porque a su manera y en la medida de las posibilidades, se está gozando el carnaval.

“El carnaval es la fiesta más importante de Barranquilla e incluso de Colombia. Los barranquilleros nos sentimos orgullosos de esta ciudad, su gente, sus fiestas e historia. Cada uno aporta su granito de arena para que todo salga bien. Decoramos las casas, ponemos música, brindamos comida y yo recojo todo ese reguero que queda en las calles (risas)”.

Al hablar de su trabajo dice que es como cualquier otra labor honesta. Empieza a las 7:00 de la mañana. Recoge la basura que quedó de la noche anterior y se alista para lo que será un día de trabajo complejo.

A sus 52 años es padre de tres hijos, a quienes sacó adelante a punta del rebusque. Dos de los tres son profesionales. El otro está terminando el bachillerato.

“Ellos dicen que no tengo necesidad de seguir barriendo calles. Pero yo no me veo sentado en la casa haciendo nada”.

Mientras observa la fila de ingreso a los palcos, deposita en una bolsa los desechos. En un día de carnaval, puede llegar a recoger más de 10 bolsas de basura grandes. Sus principales armas son: guantes, escoba, recogedor y las bolsas. Además de su entereza y amor por la ciudad.

Va de un lado a otro de forma rápida. Su estafo físico es envidiable. No parece cansado. Al contrario, en ocasiones en vez de correr, cruza las calles bailando. El día transcurre con normalidad. Ve como los demás caen en excesos, mientras trata que la ciudad siga mostrando su rostro más amable.

Intenta que su traje luzca lo más limpio posible. Igual que la imagen que quiere mostrar de la ciudad. Se lee fácil, pero en realidad es bastante complejo ya que las calles aquellos que disfrutan del carnaval riegan harina y espuma a los transeúntes que lucen impecables. Pero él sabe como moverse, los detecta a metros de distancia y los evita.

El día transcurre con total normalidad. El rostro de Freddy expresa cansancio. Las puntas de su bigote están mojadas. Las seca con una pequeña balletilla roja y dice con total certeza “es uno de los carnavales con más gente que he visto”. Guarda sus instrumentos de trabajo y se prepara para lo que será una noche intensa de rumba y baile.

“Mañana también trabajo y no me importa. Las fiestas de carnaval no me las pierdo”.

Freddy y Hernando pertenecen a las miles de personas que con su trabajo además de llevar un sustento para su hogar, quiere mostrar la mejor imagen de Barranquilla. Aún no olvidan sus sueños, pero son felices con lo que hacen.

Por: Andrés Romero Cuesta

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