La historia del Carnaval de Negros y Blancos

Foto: Corpocarnaval @carnavladenegrosyblancospasto

La historia del Carnaval de Negros y Blancos

2 de enero del 2018

El Carnaval de Negros y Blancos en Pasto es una de las fiestas más emblemáticas de Colombia. Se celebra entre el 2 y el 7 de enero. En 2009 la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural e inmaterial de la humanidad (PCI).

De acuerdo a la Unesco, el PCI está “conformado por los usos, prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos, espacios culturales y naturales que le son inherentes–, así como por las tradiciones y expresiones orales, incluidas las lenguas, artes del espectáculo, usos sociales, rituales y actos festivos, conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo, y técnicas artesanales, que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos, reconocen como parte integrante de su patrimonio cultural. El PCI se transmite de generación en generación y es recreado constantemente por las comunidades en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana”.

La historia del Carnaval de Negros y Blancos 

La mejor forma de ver el Carnaval es como una mezcla de las tradiciones de los Andes, el Pacífico y la Amazonia. Recogen identidades ancestrales indígenas, afros y campesinas. Incluso se dice que la fecha en que se realiza corresponde a la celebración de la Luna, antiguo ritual de los Indígenas Pastos y Quisquillas, que con múltiples ceremonias pedían protección para sus cosechas. Eso data del año 1546.

Sin embargo un origen más reciente del Carnaval de Negros y Blancos está en que, en 1607 un grupo de esclavos se levantó contra sus dueños en Remedios, Antioquia. Influenciados por sus hermanos, en el siglo XVII los negros de Popayán solicitaron un día para ser libres, así que la corona española, temerosa de algún levantamiento, les dio el 5 de enero. Cuando supieron la noticia, llenos de felicidad salieron a festejar a la calle, pintando con tizne a los blancos. Esa costumbre llegó después a Pasto. Así nació el día de los negros.

El día de los blancos, por otro lado, es producto de una noche de copas. Empezó la madruga del día de reyes de 1912. Dos hombres, Ángel María López y Máximo Erazo, que estaban en una popular casa de citas de la ciudad, tomaron los polvos con los que las chicas se maquillaban y los esparcieron entre los que estaban en el lugar. Gritaban ¡Viva los blanquitos!

Salieron del estanco, ebrios de felicidad, rumbo a la plaza de Nariño, y en su camino iban llenando a todos de polvo blanco. Así nació el día de los bancos.

Y entonces en carnaval se convirtió en una fiesta de gente de todo color.

Con los años se fueron anexando nuevas costumbres al Carnaval, como el de la familia Castañeda, por ejemplo, que celebra el infortunio de un grupo de campesinos que, luego de volver de una colonización fallida en el Putumayo, terminaron en Pasto, cuando empezaba la cabalgata para dar inicio al Día de los Negros. Dos de los organizadores, Alfredo Torres Arellano y Carlos Martínez Madroñero, les abrieron paso entre los caballos para que hagan parte de la fiesta. El grito era ¡Viva la familia Castañeda!

Desde mediados del siglo XX el Carnaval de Negros y Blancos empezó a tomar la forma descomunal que tiene hoy. De incluyó el magnífico desfile de carrozas y la llegada de artistas internacionales que con su música amenizaban la unión de las razas que bailaban y cantaban en un grito común de alegría y cultura.

El punto definitivo que celebra el esfuerzo de nariñenses y foráneos se dio en el 2001 con la declaración de Patrimonio Inmaterial de la humanidad. Eso significa, sin exagerar, que es una de las fiestas más importantes del mundo. Y por eso Pasto ya está listo para llenarse de gente sin raza ni color, con el único objetivo se festejar y tratar de ser feliz. Eso significa, al final de cuentas un Carnaval de Negros y Blancos: felicidad.  

¡Y qué viva Pasto carajo!