Carreras de cerdos, avestruces y bulteros divierten pero no llegan a los Olímpicos

Carreras de cerdos, avestruces y bulteros divierten pero no llegan a los Olímpicos

29 de Julio del 2012

Las competencias populares no requieren horas de entrenamiento, dietas estrictas o entrenadores. Surgen de los trabajos o de las tradiciones, y por lo general van acompañadas de varios litros de cerveza y platos típicos generosos en carbohidratos.

Quizá el deporte más conocido es el tejo o turmequé jugado en Boyacá y Cundinamarca, aunque se pueden encontrar algunas canchas regadas en todo el territorio nacional. Los jugadores, en su mayoría, son grandes consumidores de cerveza y apuestan esa bebida en las partidas. La finalidad de este juego es lanzar desde una distancia de 12 metros un disco metálico para que caiga en el centro de un colchón de arcilla o reventar las mechas de pólvora que rodean ese centro. Cada vez que se logra encajar el disco, se festeja con un brindis de cerveza. En los torneos oficiales los jugadores deben sacrificar el licor.

Tejo

En Boyacá esta práctica es tan extendida que los habitantes del municipio de Turmequé erigieron la estatua de un indígena lanzando un disco metálico, y escribieron una oración para invocar a Dios antes de las partidas: “…Padre celestial, concédeme las energías necesarias para que mi cerebro elabore la biodinámica de las mejores jugadas”.

Otro juego parecido al tejo es la Rana. Aunque es una herencia española, los colombianos la acuñaron a su cultura, y son varias las tiendas que entre su mobiliario tienen esas cajitas llenas de agujeros con dos ranitas de cobre, una grande y otra más pequeña. Al igual que el tejo, esta práctica también se realiza bajo el efecto placentero de la cerveza. Aunque no requiere entrenamiento, es un mérito meter las argollas metálicas en la boca de algunos de los anfibios dorados. Ese es el mayor logro.

Rana

Hay otras competencias donde los animales no son de bronce sino reales. En Villa de Leyva existe una carrera de avestruces. Los competidores se montan en ese prototipo de pollo gigante, y con las manos en el cuello del animal intentan cruzar la pista de cien metros. Intentan, porque la mayoría caen. Estos animales son originarios de África y son menos de cinco los criaderos en el país de esta ave que alcanza los dos metros de altura y una velocidad de 30 kilómetros por hora con jinete a bordo.

Carrera de avestruces

Los cargadores de bultos que trabajan en Corabastos, también tienen la oportunidad de demostrar sus atributos físicos mediante una carrera. Allí los concursantes levantan cargas pesadas y se desplazan por una pista informal mientras son apoyados por sus compañeros de trabajo. De los deportes criollos este es casi único que requiere entrenamiento, pues los competidores todos los días, desde las 3:00 a.m. descargan bultos de los camiones fortaleciendo los brazos, las piernas y los pectorales.

Cargadores de bultos

En Samacá, Boyacá, los conductores de tractomulas demuestran sus destrezas en el concurso de manejo en reversa de estos vehículos. Si es difícil conducir estos gigantes de las carreteras, el reto es mayor cuando se trata de manejarlos en reversa. Este evento lleva 20 años, y es el mayor mérito para los conductores.

Carrera de tractomulas

El deporte más antiguo y propio de la cultura indígena latinoamericana es el ‘Tlachli’ o ‘Chaza’. Se asemeja al tenis, pero los inicios de este deporte es anterior a la conquista europea. En Colombia, Pasto es meca de este deporte, y sus habitantes son orgullosos de practicarlo. Se juega con una especie de raqueta cuadrada y una pelota liviana. A diferencia del tenis no tiene red.

Chaza

Estos deportes no aparecen en los registros olímpicos, pero son los que divierten y ejercitan a los colombianos.