En los pasillos de la casa Gaitán

Foto: Agencia de Noticias/Unimedios

En los pasillos de la casa Gaitán

9 de abril del 2018

Cuando Jorge Eliecer Gaitán cruzó la puerta ese viernes, no sabía que era la última vez que pondría un pie en su casa, un edificio de fachada blanca que aún continúa en pie en el tradicional barrio Santa Teresita, en Bogotá.

En este lugar Gaitán pasó los últimos años de su vida. Allí vivió desde el 22 de diciembre de 1933 hasta aquel infame 9 de abril de 1948. Quince años en los que los pasillos vieron crecer al incipiente líder político hasta convertirse en una de las figuras más importantes de la historia de Colombia.

Setenta años después de ese lejano viernes la casa se mantiene firme, aunque ya no es como antes. Una enfermedad en sus cimientos le terminó amputando dos habitaciones y la cocina.

Resguarda en su interior los secretos más íntimos y las vanidades más excéntricas, no sólo del político sino del hombre, esposo y padre que fue: sus libros, su habitación nupcial, la de su hija, hasta sus documentos personales. Es mantenida siempre en orden y limpia, pero no logra despojarse del embriagante olor a otra época que la inunda y se amalgama perfectamente con su estructura y el crujir del suelo a cada paso.

Cada objeto que allí se ubica perteneció al líder liberal. En estantes, perfectamente ordenados, protegidos ante el inclemente paso del tiempo, se encuentran las reliquias y tesoros más preciados de Gaitán, desde su colección de cerca de 3.000 libros y su micrófono personal hasta una loza del piso en que cayó agonizante el 9 de abril de 1948, donde supuestamente hay restos de su sangre. 

Puerta Gaitán

Foto: Agencia de Noticias/Unimedios

También se encuentra allí su agenda personal, abierta en la página del 9 de abril de 1948, en la que está documentada una cita con el entonces desconocido Fidel Castro y otra con el futuro presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, a las que nunca asistió.

Los principales tesoros de esta casa son el revólver que disparó la bala que acabó con la vida de ‘El Tribuno del Pueblo’, el traje que llevaba puesto ese día (todavía se notan los agujeros dejados por los proyectiles), y la puerta del edificio Agustín Nieto, demolido en los años 70, donde Gaitán tenía su oficina de abogado y lugar donde recibió heridas mortales.

Pero no es su colección de muebles, artículos, libros y olores los que la hacen tan solemne y al tiempo triste; es su condición de mausoleo la que la dotan de un aire ceremonioso para quienes atraviesan sus recovecos. Y es que el cuerpo inerte de Gaitán permaneció cerca de cuarenta años enterrado bajo la sala de su casa. Donde doña Amparo Jaramillo, su esposa, se negó a sacarlo de allí para darle sepultura a menos de que el presidente Mariano Ospina se responsabilizara del magnicidio, cosa que nunca ocurrió. En cambio se declaró a la casa como su tumba personal y reliquia nacional. Desde entonces esta casa dejó de ser un hogar para convertirse en un museo, resguardado hoy por la Universidad Nacional: un lugar que en el trasegar del tiempo sería visitado por muchos pero habitado por nadie.

Fue hasta el año de 1988 cuando fueron sacados sus restos de las profundidades de la sala, en la que todavía se puede apreciar el lugar exacto donde estaban enterrados. No fueron enterrados en un cementerio, en cambio se decidió ‘sembrarlos’ en el jardín de la casa, donde yacen de pie, mirando hacia la Quinta de san Pedro Alejandrino, bajo tierra de cada municipio de Colombia, y regado con agua de los dos océanos y el Río Magdalena.

Setenta años pasaron desde que Gaitán pisó por última vez esta casa. Siete décadas de albergar sus restos, de guardar en el silencio los secretos de un hombre que con su vida y muerte cambió para siempre la historia de Colombia.

Foto: Agencia de Noticias/Unimedios