El pelado alemán que construye casas para los pobres en Bogotá

El pelado alemán que construye casas para los pobres en Bogotá

28 de Septiembre del 2015

En varias oportunidades Marius Wagner interrumpió esta entrevista para buscar en su computador portátil una palabra en español o la traducción en alemán de alguna que escuchaba y no entendía. Sin embargo, es de admirar que en los seis meses que lleva en Bogotá, a través de un intercambio, habla y escribe en un 70 por ciento el español y ha adoptado varias costumbres latinas.

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Más aún causa sorpresa que a su corta edad, 19 años, haya escogido Colombia para tener una experiencia fuera de su país, y haya querido colaborar con una fundación para construir casas prefabricadas y entregarlas a las familias más pobres que residen entre los límites de Bogotá con Soacha.

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Desde que se vinculó a la fundación Catalina Muñoz, a través de la agencia de intercambios AFS, Marius ha ayudado a construir siete casas en altos de Cazucá. Un grupo de varios voluntarios se reúnen los sábados y domingos, trabajan desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde, tiempo en el alcanzan a darle vida a una casa prefabricada.

“Soy practicante pero me dan labores importantes como un análisis del proyecto de ecotechos, y les presento soluciones a inconvenientes que se presenten. La casa está constituida por placas, y al final la última la pone la familia que la va a habitar. Cuando entregamos la casa a una familia es el momento más maravilloso y mágico, normalmente todos lloran cuando se les entregan las llaves de la casa”.

La fundación Catalina Muñoz ha construido 2.500 casas en los últimos diez años.

Marius es de los que más se motiva en la entrega de las casas, los sentimientos de agradecimientos de las familias beneficiadas, la felicidad, sonrisas, son emociones que no muchas veces había visto en su natal Frankfurt.

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“Acá en Colombia la gente es más feliz, más amable, y cuando uno va a un supermercado en Alemania la gente se concentra en la rapidez del servicio y no les da tiempo para regalar una sonrisa”.

De todas maneras, Marius también señaló otra de las barreras que separan a los latinos de los europeos. “Una diferencia muy grande de la cultura de donde vengo a la colombiana es la educación. Cuando voy a las zonas más pobres por ejemplo me preguntan cuántos días en carro necesito para llegar a Alemania”.

Y es que al hablar con Marius se nota su particular percepción de la vida. Al llegar a Bogotá se volvió vegetariano, pues no soportaba las grandes raciones de animales que consumen en Colombia, aprovecha al máximo los derivados de la hoja de coca, ya leyó un libro completo sobre la historia de Colombia, y hasta le encontró explicación al atraco del que fue ya objeto en Bogotá, en el que le robaron su billetera y bicicleta.

“La delincuencia se da por falta de oportunidades. Bogotá está un poco desorganizada, las personas se quejan constantemente de esta situación, pero lo importante es reconocer que todos hacemos parte del caos, no culpar a los demás, y pensar qué podemos hacer nosotros para mejorar la situación. Por ejemplo, a través de una aplicación se podría regular el número de pasajeros que van en cada carro, y restringir que una sola persona vaya en un vehículo. Así se descongestionarían las vías.

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(…) Acá en Colombia me volví vegetariano, aunque suene controversial pues aquí se consume mucha carne. De hecho, eso fue lo que hizo cambiar mis hábitos, el exagerado consumo de animales, y a pesar que acá la tierra es muy fértil y se cultivan gran cantidad de alimentos, en los platos sólo se ve arroz y pollo.Pero me encantan las frutas, sobre todo el plátano, que no se consigue en Alemania o es muy costoso. Y qué maravillosa es la hoja de coca, que es una planta muy nutritiva, pero no estoy hablando de cocaína, también consumo la quinua y el amaranto. Tomo té de coca, mastico las hojas.

(…) Hace poco leí un libro sobre historia de Colombia, para tratar de entender la realidad de lo que pasa hoy día, aunque me falta aprender un poco más español para leer a Gabriel García Márquez. También practico yoga y si me queda tiempo, me gusta salir a rodearme de naturaleza”.

El joven de 19 años señaló que el mejor valor de la humanidad es la curiosidad. “Desde mi punto de vista el capital más importante que tenemos como humanos es la curiosidad, porque de ahí nacen las ideas, la creatividad”.

Aunque no ha salido mucho de Bogotá, Marius ya tiene su lugar preferido en la geografía colombiana. “Me enamoré del desierto de la Tatacoa, ha sido el sitio más bonito en el que he estado. Cuando me vaya lo que más voy a extrañar es la naturaleza, la biodiversidad”.

Sin embargo, Wagner no fue ajeno a los prejuicios y fama que tiene el país no sólo en Alemania, sino en Europa, incluso reveló que su madre se preocupó cuando supo que iba a viajar a Colombia

“Sobre Colombia había escuchado prejuicios de algunas personas, pero traté de no crear una imagen preconcebida antes de llegar para no desilusionarme.  Eso lo decían personas que nunca habían venido a Colombia, por lo que no les puse cuidado, aunque eso sí allá lo ven como algo exótico, pero la realidad estando en Colombia es muy distinta a lo que me decían”, señaló.

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