Yuliana Samboní: una historia que no tiene fin

Yuliana Samboní: una historia que no tiene fin

7 de junio del 2019

El 4 de diciembre de 2016 cambió la historia no solo de las Familias Samboní Muñoz y Uribe Noguera sino también la de millones de colombianos que siguieron y sintieron como cercano el terrible caso en el que la pequeña Yuliana, de siete años, abusada y asesinada por Rafael Uribe, un prestante arquitecto de 38 años.

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Hace ya casi dos años que el victimario fue sentenciado a 58 años de prisión. La familia de Yuliana Samboní, una niña de raíces indígenas, que buscaba un mejor futuro en la capital del país, se devolvió para su natal Cauca, con el fin de dejar todo atrás y vivir siempre junto al cuerpo su amada Yuliana.

Los padres de la inocente víctima hoy viven, junto a su hijo, que nació tres meses después del asesinato de Yuliana, en El Tambo, una apartada vereda del municipio de Bolívar.

Pudieron haber sido millonarios, porque la condena al asesino de su hija lo obligaba a pagarles como indemnización más de mil millones de pesos, pero ellos, por su honor, y apegados a las tradiciones culturales indígenas, rechazaron cualquier tipo de dinero, porque eso hubiese sido vender a Yuliana.

Los Samboní Muñoz viven en medio de la pobreza y quieren olvidar no a su hija, pero sí lo que rodea su muerte. Pero no han podido, porque el caso no se ha cerrado del todo y menos cuando el desarrollo de las informaciones en los medios recuerdan lo ocurrido.

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Para la Fiscalía General de la Nación aún falta condenar a los hermanos del asesino, Francisco y Catalina Uribe Noguera, por encubrir al criminal y manipular pruebas y la escena del delito.

Los hermanos Uribe se declaran inocentes, para el ente investigador ellos deben pagar por sus acciones. Rafael, el confeso feminicida, declaró hace un par de días en el juicio que se le sigue a sus hermanos.

Desde la cárcel de máxima seguridad La Tramacua, en Valledupar, Rafael declaró en favor de sus hermanos, dijo que ellos, el día del homicidio, no sabían de su paradero ni el de la niña y que a ellos él les mintió constantemente con la intención de desviarlos de lo ocurrido.

Este viernes el turno de declarar le correspondió a los hermanos acusados de encubrimiento. Francisco lo hizo en horas de la mañana y Catalina en horas de la tarde.

Francisco y su relato

El abogado Francisco Uribe Noguera empezó diciendo que estando en el colegio Gimnasio Moderno, en un bazar estudiantil, su esposa recibió una llamada del Gaula en el que le dijeron que su carro estaba involucrado en el rapto de una menor de edad.

Luego dice que tras conocer lo que estaba pasando, después de encontrarse con agentes de la policía, va al apartamento de su Rafael, donde estaba la camioneta de su esposa.

Narró haber subido por un balcón hasta llegar al apartamento de su hermano porque él no abría la puerta y encuentra a Rafael en el otro balcón.

En medio de la declaración dice que abre la puerta y que agarra a Rafael de los brazos y que luego lo empuja con fuerza y le empieza a gritar que es un hijueputa. Cuenta que le pregunta el paradero de Yuliana y le dice que en el carro hay un zapatico. También dice que que lo amenaza con matarlo.

“Me entra una ira absoluta, sobre todo porque la niña que estaban buscando tenía la edad de mi hija mayor”, dice Francisco, quien argumenta: “Me doy cuenta que ese no era Rafael, tenía los ojos vidriosos, casi como si tuvieran una tela en los ojos”.

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Francisco dijo que en el apartamento había rastros de polvo blanco, que tal vez sería cocaína, ya que Rafael le dijo que allí la había consumido, y que por indicaciones de un abogado al que llamó, se llevan a Rafael hacia la clínica, sin saber en ese momento que el cadáver de la niña estaba dentro del apartamento.

Ya de camino en un taxi, Según Francisco, su hermano le aseguró que la niña se había bajado en la calle 65 con Circunvalar y que en ese momento se le había caído zapato dentro de la camioneta.

Notablemente afectado por su testimonio y con lágrimas en el rostro, Francisco dice ante el juez que al recibir una llamada de la policía e informarles que iba con Rafael para una clínica, su hermano le confiesa el asesinato de Yuliana y que él en ese momento le dice que lo odia, que es un ‘hijueputa’ y que se va a pudrir en la cárcel. El abogado dice que su hermano solo le responde que él sabe ese destino.

Francisco también contó que le preguntó a su hermanos sobre el cómo mató a Yuliana y que este le dijo

-“la niña estaba gritando muchísimo en el carro. Yo le tapé la boca y la niña se murió.

-¿Usted le hizo algo más?’,

-No, pero le quité la ropa’.

Catalina y su relato

Catalina Uribe Noguera, también estaba ese 4 de diciembre con su hermano Francisco, en la misma actividad, cuando recibieron la llamada del Gaula.

Dijo que después de llamar decenas de veces a Rafael este le contesta y le dice estar en casa de una amiga y que le asegura no saber nada sobre el rapto de una menor.

La hermana del confeso asesino indicó en la audiencia que fue al edificio pero que el vigilante le aseguró que la camioneta no estaba allí y que Rafael había salido.

La mujer contó que en horas de la tarde regresó a buscar a Rafael al mismo edificio y que logró entrar pero que su hermano nunca abrió la puerta.

Es en ese momento que Francisco entra por el balcón al apartamento y que ella desde afuera escucha gritar a Francisco.

Según su relato, cuando ella ingresó al apartamento ve todo el piso lleno de aceite y de colillas de cigarrillo. Dijo que el Rafael que vio en ese momento no era su hermano: estaba descalzo, sucio, pálido, sudoroso.

Catalina declara que Francisco le preguntaba a Rafael por la niña y que él solo le decía que sí la cogió, pero que del susto la bajó del carro, que la tiró de la camioneta.

Dijo que busco alguna pista sobre la niña dentro del apartamento pero no vio nada y que Francisco, que es abogado, le decía que no tocara nada.

Al igual que su hermano, aseguró que se llevaron a Rafael para el hospital, pero que ella se bajó en el camino se baja, con rumbo hacia la casa de sus padres.

Catalina cuenta que llegó sobre las 9 de la noche a la clínica y que allí el médico le dice que su hermano está infartado por sobredosis de cocaína y que también le dice que si lo hubieran llevado 30 minutos después, Rafael no habría vivido.

Hasta ese momento, según ella, no sabía nada de la muerte de Yuliana y que es allí donde un policía del Gaula le dice que encontraron a la menor pero que lamentablemente la encontraron sin vida.

“Ahí el mundo se me vino encima”, dijo Catalina al enterarse del desenlace de aquel 4 de diciembre de 2016.

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