Cecilia: la chimpancé que deprimió el cautiverio

Cecilia: la chimpancé que deprimió el cautiverio

25 de agosto del 2017

Cecilia ha estado deprimida por mucho tiempo. Y no es para menos: la mayor parte de su vida –20 años– los pasó encerrada en un espacio muy pequeño, sin que le entrara la luz del sol, completamente sola. Inhumano. Cecilia es una chimpancé. Su tristeza se debe al duro cautiverio que tuvo que pasar en el Zoológico de Mendoza, en Argentina.

Un estudio publicado la revista Science explicó que como la mayoría de los mamíferos comparten con los humanos un sistema nervioso central, complejo y estructurado, es muy posible también que haya sensaciones comunes: la depresión es una de ellas.

 Oliver Barton, profesor de neurociencia de la Universidad de Pensilvania explicó que “la depresión se diagnostica en humanos en base a una serie de síntomas de índole subjetiva. Entre los más comunes se encuentran el sentimiento de culpabilidad, ideas sobre la muerte y la falta de interés. Debido a que los animales no pueden comunicarse, aunque tengan estos sentimientos, la respuesta debería ser: no lo sabemos”.

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“Algunos aspectos de la enfermedad pueden ser detectados en animales. Uno de los síntomas de la depresión es la anhedonia, la incapacidad para experimental placer y la pérdida de interés o satisfacción. En animales medimos el interés a partir del alimento que les gusta o su motivación para la actividad sexual. Igualmente, comprobamos cómo interactúan socialmente con otros animales de su grupo, los cambios de conducta en el sueño y las actividades diarias. Otro comportamiento que se suele observar para detectar la depresión en animales es si renuncian cuando se enfrentan a una situación estresante”, explicó el experto.

La batalla de Cecilia

No sólo hay depresión. Cecilia también parece tener traumas psicológicos severos, que se reflejan en sus actos, sus reacciones, su forma de interactuar con otros animales y con los humanos. El daño que ha sufrido la pobre criatura es evidente. Sin embargo, ahora que ha cambiado de ambiente, que está en un lugar mejor, se ve un cambio. Pero ella nunca será lo que pudo ser si no hubiera crecido en tan cruel cautiverio. Está en el Santuario de Grandes Primates de Sorocoba, en Brasil. Llegó en abril. Allá no tendrá gente que la vea como una atracción, ni flashes apuntándole, ni niños arrojándole migajas de nada.

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Se le ve diferente. Salta, corre, interactúa un poco más con los otros primates. Pero falta mucho para que se cure definitivamente. O quizá no lo haga nunca. La batalla que ha dado, y que otros han dado con ella y por ella, ha sido larga y difícil. El caso de Cecilia es, no obstante, uno de los más exitosos referentes judiciales en cuanto al trato a los animales. En un fallo histórico, la justicia argentina reconoció que Cecilia era una “persona no humana”. Reconoció su sufrimiento. Reconoció que sentía. Reconoció que tenía derechos.

Pablo Buompadre es uno de los gestores de la hazaña, junto con la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (Afada). La juez que falló a favor de Cecilia explicó que “sujeto de derecho no humano, específicos en su naturaleza”.

El fallo tiene varios elementos. “En primer lugar, la concesión del hábeas corpus abre un nuevo camino jurídico para la defensa de los animales; en segundo lugar, la calificación de Cecilia como sujeto no humano titular de derecho; y en tercer lugar, la liberación en un santuario específico”, explicó Boumpadre.

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“Sin duda los estudios más convincentes están protagonizados por primates no humanos. Los expertos, al observarlos, pueden afirmar si un mono parece deprimido. Debido a que su comportamiento emocional es similar al nuestro, solamente con observar sus expresiones faciales o su mirada, podemos saber si el animal está triste”, dijo el estudio de Science.

La crueldad sigue siendo una de las marcas propias de la especie humana. U no aprendemos. Con especial dureza nos hemos ensañado contra las criaturas más vulnerables de la creación: los animales. Sin embargo hay quienes son conscientes de ello, del sufrimiento y hacen algo para evitarlo. Luchan. Resisten. Porque pensar en un mundo mejor para todos implica pensar en un mundo mejor también para los animales.