La ciudad abandonada que Bogotá ignora

La ciudad abandonada que Bogotá ignora

5 de abril del 2016

A cuatro kilómetros de la vía La Calera-Chingaza se encuentra una peculiar estructura que emite a primera vista una sensación de miedo y soledad.

Abandonada en 1999, la cementera Samper, hoy en día propiedad de Cemex, es uno de los atractivos más apetecidos por los amantes de lo paranormal.

Durante los años 50, este lugar parecía una ciudad en crecimiento. Contaba con una iglesia, escuela y varias casas para los trabajadores de la planta. Hoy en día son solo casas con ventanas rotas que recogen todo el polvo y la basura que hay por el lugar.

Varias personas afirman que de los 200 operarios que vivían allí, 15 tomaron la decisión de no abandonar el lugar, y este, fue su lecho de muerte pero aún siguen allí, dicen algunas personas que habitan los alrededores. 

Cementera Cemex siberia-3-ok

Hoy en día se conoce como la Cementera de Cemex, o la ciudad abandonada, y cuenta con varios puestos de control para evitar que los curiosos entren y hagan de las suyas en estas ruinas olvidadas. La policía hace presencia durante los primeros cinco días de la semana.

Los sábados y domingos la presencia de las autoridades es casi nula, lo único que se ven son algunos ciclistas que pasan por el lugar.

El camino desde el municipio de La Calera es largo, empinado y un poco agotador, ya que son cerca de ocho kilómetros para lograr ver la primera casa abandonada y sentir la sensación de olvido que acoge este lugar.

Paredes cubiertas de grafitis, polvo, moho y el sonido que se hace al caminar crean la sensación de suspenso.

Cerca a la entrada hay tres vacas, algunos roedores y unos cuantos gatos que maúllan al ver gente pasar.   

El punto más alto y accesible son las piscinas, como comúnmente se le conoce a estos gigantes contenedores en los que alguna vez rebosaban de agua, arena y cemento.

Respecto al suelo, es quebradizo y engañoso y la maleza que se ve en el lugar evita que las pisadas sean fuertes.

Al caminar por este suelo de concreto, se tiene la sensación de que se caminara por un gran bloque de icopor. En cualquier momento se puede quebrar y derrumbar todo.

Cementera Cemex siberia-2-ok

El único ruido que se logra escuchar en el lugar, lo emiten las abejas que tienen su panal en lo más alto de las torres. Alborotadas por la presencia de un intruso, se alborotan y obligan a todo aquel que entre a salir de inmediato antes de ser picado. Son miles de insectos.

La superficie de la planta no cambia en lo absoluto, sigue siendo un suelo quebradizo y se ven ratones correr de un lado al otro mientras que las abejas siguen zumbando. Las paredes colapsadas y las ventanas rotas permiten que fluya el viento con un aroma a campo.

Hay personas que viven cerca a la planta. Pese a que están a unos cuantos kilómetros, ignoran la presencia de este monstruo de cemento.

Alvira Restrepo es una mujer que vive a cuatro veredas de allí, cerca de tres kilómetros por un camino destapado y empedrado.

El esposo de esta mujer trabajó en la cementera por 14 años,  después murió en aquel lugar debido a un cáncer pulmonar.

Mijo tiene que creerle a las personas que sienten cosas aquí, los celadores que cuidan esto ven luces en las noches”, afirma con una expresión serena en su cara. 

Las palabras dejan mucho que pensar y abren campo a una pregunta: ¿Existe una actividad paranormal en el lugar? 

Cementera Cemex siberia-1-ok

“Encomiéndese a Dios y verá que no le pasará nada” dice con una voz seca y tranquila al despedirse. Es la hora de entrar al lugar.

El recorrido resulta perturbador. Se siente una energía extraña. Se siente como si las paredes de la vieja iglesia hablaran.  Se escuchan pasos. No son los míos.

Probablemente era una de las vacas que estaba a la entrada, o una de las gallinas que llevaba la señora Alvira. Pero no, resultó ser un guardia de seguridad, el cual preguntaba si tenía autorización para estar en el lugar.

Lo único que tenía en las manos era una cámara y en la espalda el morral con una botella de agua, no tenía por ningún lado un papel que me avalara la entrada al lugar.

Joven, permítame la cámara o borre todo lo que ha tomado” dice con un acento costeño y muy enojado.

Me negué a borrar el trabajo y mucho menos a entregar la cámara. Muy calmado me retiré enseguida, el hombre tenía un arma en el cinturón.  ¿Por qué tiene un arma en su poder?, ¿qué puede ser tan valioso en este lugar para que tenga una de esas?, me pregunté. 

Sin buscar problemas volví a cruzar la cerca, escuchaba el sonido que hacía el radio del hombre y decir: “Un joven en pantaloneta y maleta negra para que esté pendiente”.

Ahora que me vi obligado a salir del lugar, observé varios guardas que desde un inicio no me percaté. El panorama era diferente, ya no se sentía el mismo entusiasmo por ver qué tipo de cosas podía encontrar en el lugar. 

Parece que no hay ningún tipo de actividad paranormal en este lugar, o al menos eso sentí, tal vez porque aún no oscurecía del todo. Quizá su apariencia oscura y desoladora, hace que el cerebro cree escenarios siniestros. 

Me retiro del lugar caminando tranquilamente por las calles de piedra y arena. Ahora que me tenían ‘identificado’ creo que debía abandonar el lugar antes de que me quitaran la cámara o me obligaran a borrar lo que traía en ella.

De igual manera no se debería subestimar las palabras de Alvira, quizá tenga algo de razón.

Sería buena idea volver en la noche, pero para eso tendré que esperar un tiempo a que no exista presencia alguna de celadores o algún tipo de autoridad.

Para ese entonces espero encontrar algo más interesante o incluso perturbador que unos hombres sacándome del lugar, sería bueno salir con un verdadero susto de allí.