La cicatriz que el amor dejó en César Augusto Londoño

La cicatriz que el amor dejó en César Augusto Londoño

22 de Septiembre del 2014

Para César Augusto Londoño la vanidad consiste en aplicarse bloqueador todos los días y lavarse el pelo con champú. Pasó 40 años sin usar perfume. Desde hace diez usa uno del que no recuerda el nombre, solo el empaque y es así como lo compra. Londoño también es riguroso con su alimentación y figura. No pasa un día sin comer aguacate, solo una vez al mes consume carne roja, en su dieta siempre está incluida la quinúa y evita todo tipo de azúcares.

A diario se sube a la báscula. “Me peso todos los días porque me gusta jugar golf y si tengo barriga no giro para hacer el swing de golf”, dice. Para sus 1.71 centímetros de estatura debe pesar 67 kilogramos. Ni más ni menos. Solo se sometería a una cirugía para bajar de peso.

Pero César es menos exigente con su pelo y vestimenta. Nunca se peina. “No conozco lo que es una peinilla“, dice. En su closet tiene doce pares de tenis Converse de distintos colores –los más viejos tienen una década– y diez jeans Diesel –su marca favorita– en su mayoría rotos y desgastados. Lo que más compra son calzoncillos porque le gusta renovarlos.

Escasean los zapatos elegantes y las camisas de cuello. Pero abundan las camisetas de colores y las extravagantes. “Me gusta ponerme colores. Para mí el color es la sonrisa del silencio. Uno en la vida tiene que tener una actitud joven para disfrutarla”.

Cesar Augusto Londoño

César decidió posar junto al grupo de trabajadores que pasaban su hora de almuerzo. 

“Así he sido toda la vida. Sé que es importante tener una presencia distinguida. Pero creo que el traje de saco y corbata sirve para disfrazarlo a uno de inteligente. Es absurdo. Si eso fuera cómodo la gente usaba corbata el domingo”, responde.

Las manillas tejidas y los collares complementan su look juvenil. Considera que llevarlos es la mejor manera de sentir y recordar que venimos de los indígenas. La mayoría de las manillas son hechas por la etnia Wayuu. Pero hay unas pocas con un significado especial como la que compró frente a la casa de Amy Winehouse en Londres. Sus collares blancos son de coral y el único rojo que tiene es de dientes de hipopótamo que compró en Sudáfrica a la entidad que protege a estos animales.

Londoño conoció el mundo del deporte gracias a su papá. De niño asistía con frecuencia a partidos de fútbol y competencias de ciclismo. A los cinco años comenzó a competir en carreras de triciclos en el barrio Chipre de Manizales, ciudad donde nació. Creció jugando tenis y fútbol. Al graduarse del colegio estudió arquitectura, carrera que no ejerció de manera juiciosa.

Se hizo periodista, cómplice del humorista político Jaime Garzón y un referente del periodismo deportivo. Trabaja siete días a la semana entre ‘Caracol Radio’ y el canal de televisión ‘Win Sports’. En ocasiones escribe para la revista ‘Soho’ y el periódico ‘El Espectador’. Su vida se resume en: su hijo David, el trabajo y la búsqueda de la felicidad.

A sus 56 años de edad está soltero y no le da miedo envejecer. Asegura que el rumor de su supuesta relación con la actriz porno Isabella Obregón es una calumnia. “Le ayudé a una niña con un texto para la universidad. Ella me agradeció en Twitter con mucho cariño y yo le puse un corazón. ¿Y entonces ya somos novios?”. Dice que la conoció tiempo después cuando la entrevistó para ‘Soho’. Lo cierto es que la mujer de sus fantasías es la actriz y cantante Verónica Orozco.

Cesar Augusto Londoño

La pulsera de su matrimonio. 

“Soy cero conquistador”

-¿Cuál es su estado civil?

-Soy felizmente separado –responde Londoño.

Debajo de sus manillas de colores, César Augusto esconde la cicatriz –evidencia de una herida dolorosa– que le dejó su matrimonio. El día de la ceremonia no se usaron argollas sino pulseras de oro que fueron soldadas al momento de casarse. El rito fue doloroso, le produjo una quemadura que demoró en sanar y le dejó una marca en la piel. “Es linda, me causó sangre y por eso la tengo”, dice.

De su vida marital cuenta que duró 13 años junto a una mujer que define como maravillosa. No se explica por qué se casó por lo católico si es agnóstico. “No creo en un Dios, pero me encanta la gente que cree en él porque esas personas nos llevan una enorme ventaja”.

El periodista deportivo es un enemigo del matrimonio. “Es una injusticia que el matrimonio sea para toda la vida. Además, lo inventó la humanidad para dar una estabilidad a la familia. Pero uno perfectamente puede ser buen tipo y tener hijos sin la necesidad de estar casado”, dice.

“Desafortunadamente no pudimos vivir juntos. Un día me dijo se me acabó el amor y nos separamos. Yo patalié un mes y no pude convencerla. El siguiente año fue terrible”. Londoño pasó por un despecho que lo obligó a trastearse al municipio de Mosquera (Cundinamarca). Confiesa que no le daban ganas de nada y su mejor refugio fue el trabajo. Tiempo después conoció a una “monita espectacular” que lo sacó de la ‘tusa’ y lo interesó de nuevo en el mundo y sus placeres.

Londoño tampoco ha dejado de creer en el amor. Define el sentimiento así: “El estado de complicidad perfecto entre las personas cuando se quitan de encima los egoísmos e individualismos. Nosotros entendemos el amor desde un punto muy egoísta y ahí empieza a aparecer la posesión. El amor tiene que ser libre, amplio, generoso, nómada, aventurero, travieso, ilimitado”.

Cesar Augusto Londoño

César junto a su hijo David. 

Confiesa que se ha enamorado muchas veces y de manera fugaz, pero hace énfasis en que no solo lo hace de las mujeres sino también de las plantas –que adornan su casa– y animales. Antes era un poco tímido pero ahora es más directo. “Si me gusta le pido el teléfono de una, la invito a salir y le digo que me encanta. Pero el hecho de que me guste no quiere decir que la quiera como mi novia, puede que sea solo mi amiga”.

César señala su ropa de arriba abajo y dice: “Soy cero conquistador. Uno para ser conquistador se tiene que poner una máscara de Don Juan, de galán. Esa máscara conlleva a una buena pinta que yo no tengo. Tengo un jean roto, tenis que la gente critica y uso camisetas. Así como me visto hoy, me he vestido toda la vida. La gente protesta y dice que me visto como un pelao de 15 años y estoy viejo. Soy un viejo, pero la vieja es la cédula. Uno cuando nace todos los días no envejece y yo nazco todos los días”.

Pero sin duda, el mejor regalo de su matrimonio es su hijo David, de 23 años, un joven apasionado del cine. Su mejor amigo y compañía. Han ido juntos a cinco mundiales de fútbol y comparten a diario la hora del almuerzo.

Arquitectura vs. Periodismo

César Augusto se hizo arquitecto en la Universidad Nacional de Manizales. Mientras estudió tuvo una pequeña empresa junto a un ingeniero, dos arquitectos y un dibujante. “Hacíamos pequeñas remodelaciones y trabajos. Después nos repartíamos la plata”.

Cesar Augusto Londoño

Pero su trabajo como arquitecto, un tanto silencioso, pasará a la historia del arte colombiana. Hace cuatro años, Londoño le diseñó el estudio al pintor colombiano David Manzur, su amigo cercano. “El lugar –la casa donde César vivió luego de su divorcio que luego vendió al pintor– necesitaba unas especificaciones concretas de espacio, iluminación y  forma. Se construyó un estudio que al mismo tiempo era teatro y cuarto de fotografía para los cuadros grandes de Manzur”. La obra se terminó tras un año de trabajo.

El periodismo llegó mientras estaba en tercer semestre arquitectura. Su primer trabajo fue un reemplazo en el periódico ‘La Patria’ de Manizales. La propuesta llegó en medio de un partido de fútbol en la finca del periodista Gabriel Giraldo, director de deportes en Todelar y de ‘La Patria’. Un periodista había renunciando y César pidió la oportunidad para ocupar el puesto mientras llegaba uno nuevo.

Seis meses después hizo su  primera transmisión de radio en un partido de fútbol. Pero César pensó que ese era su debut y despedida en la radio. Debía estar presente en los camerinos del Once Caldas. Eduardo Luján Manera, técnico del equipo y su amigo, estaba peleado con la prensa y especialmente con Javier Giraldo Neira, quien le había dado esta oportunidad en la radio a César Augusto. Pero finalmente el técnico argentino accedió a la entrevista.

“Luego del saludo, el hombre cogió el micrófono y comenzó a rajar de Neira. Ocho minutos hablando mal. Yo dije, me echaron”. Pero no fue así, durante dos años y medio César trabajó gratis para Todelar y luego llegó a ‘Caracol Radio’. Alcanzó a tener cuatro trabajos al mismo tiempo: director de deportes de ‘Caracol’, jefe de redacción del periódico ‘Nuevo Estadio’, redactor en ‘La Patria’ y secretario general de la Sociedad Colombiana de Arquitectos. Con los años se consolidó como uno de los mejores periodistas deportivos del país.

Cesar Augusto Londoño

Londoño tiene una colección de más de mil libros de fútbol en su biblioteca. 

Lo que sucedió detrás de “país de mierda”

César Augusto se hizo amigo de Jaime Garzón en ‘Radionet’. Fue cómplice del humorista y alcahueta de sus locuras. Compartieron largas tertulias y debates sobre la situación del país. “Cuando terminaba el programa de radio nos íbamos a la oficina de deportes de ‘CM&’ y nos reuníamos hasta las 6.00 de la tarde. Siempre nos decía: ‘Me van a matar’. Pero nosotros no le parábamos bolas. El día antes del asesinato estábamos en la oficina y repitió lo mismo: ‘Me van a matar’”, recuerda.

Al día siguiente, César Augusto llegó a ‘Radionet’ muy temprano, faltando quince minutos para las seis de la mañana, cuando al pasar por la avenida la esperanza con 42 vio el carro de Jaime estrellado contra un poste y a él sobre la cabrilla muerto. “Eso fue terrible. Pero nos fuimos a dar la noticia”.

Todas las noches, Londoño cerraba el Noticiero de CM& con una frase que está en la memoria de los colombianos: hasta aquí los deportes, disfruten la vida. “Pero el día de la muerte de Garzón dije: ‘En un momento les tendremos las mejores entrevistas de Heriberto de La Calle y hasta aquí los deportes, país de mierda’. Lo dije con un dolor terrible y pensé que me iban a echar. El director de noticias era Rafael Pardo y se sentía la tensión en el noticiero”.

Pero Patricia, la recepcionista del noticiero, extrañamente ese día se quedó hasta el final de la emisión. “Ella grabó las 200 llamadas que recibí en apoyo por lo que había dicho”. César no perdió su trabajo.