César Augusto Londoño, el hombre del país de mierda

19 de agosto del 2018

“Hasta aquí los deportes… país de mierda”. Esta célebre frase de César Augusto Londoño, luego del asesinato de Jaime Garzón, se ha posicionado como una de las anécdotas más recordadas de uno de los periodistas deportivos con mayor reconocimiento en Colombia. Los años no lo consumen y su sonrisa, pícara y suspicaz, refleja el esfuerzo […]

César Augusto Londoño, el hombre del país de mierda

“Hasta aquí los deportes… país de mierda”. Esta célebre frase de César Augusto Londoño, luego del asesinato de Jaime Garzón, se ha posicionado como una de las anécdotas más recordadas de uno de los periodistas deportivos con mayor reconocimiento en Colombia. Los años no lo consumen y su sonrisa, pícara y suspicaz, refleja el esfuerzo de un hombre que entregó su vida al oficio del periodismo. Admite que el amor y la pasión diaria solo se pierden cuando “los gusanos vengan a terminar con el cuerpo”.

El comunicador, con una agenda copada, decidió abrir las puertas de su casa un lunes en la noche a KienyKe.com. La temperatura era baja en Bogotá y los conjuntos residenciales poco dejaban ver el horizonte en el norte de la capital. Un apartamento con más 100 metros cuadrados, estantes de libros -que con facilidad podrían superar los 5.000 volúmenes- y una decoración con estilo bohemio demuestran que a César lo único que le importa es ser feliz. Vive solo, pero no se siente en soledad. En su hogar encuentra tranquilidad y paz. Devora libros y las letras de los textos parecieran quedar tatuadas en sus pupilas. Como suele suceder con los lectores voraces.

Tener un trajín diario y múltiples empleos han hecho de él una persona nómada. Su trabajo lo obliga a viajar más de tres veces al año. Esa fue una de las razones por las que decidió dejar el Carrusel de Caracol Radio para descansar los domingos. El periodista sabe que hay otros talentos detrás de él y prefiere tener un poco más de tiempo libre para vivir nuevas experiencias.

“Llevo trabajando casi toda mi vida. 35 años en televisión sin parar, radio, prensa, todo. Era la oportunidad de cambiar un poco y lo decidí luego del Mundial de Rusia”, dijo Londoño a este medio, en la sala de su hogar, rodeada de muebles acolchonados, piezas de ejercicio e instrumentos musicales como tambores.

No se desvela por ser “uno de los periodistas más importantes de Colombia”. Él, con la franqueza que lo caracteriza, dice que es un comunicador común: “Famosos Martín Caparrós y otros tantos. Yo no”.

Y es que la fama criolla no se le subió a la cabeza. Anda por las calles de Bogotá con jean, camiseta y tenis. Solo utiliza el traje cuando debe salir en televisión. Sentirse cómodo es primordial, ser pretencioso es un adjetivo que le deja a otros. Con la sencillez se nace.

Es de levantarse temprano -a las cinco de la mañana- para iniciar su día en Caracol Radio. Hace parte de la mesa del programa 6 A.M. de Darío Arizmendi, a quien cataloga como uno de los gigantes del periodismo colombiano junto a Yamid Amat, su exjefe en el Canal Uno.

“De los dos aprendí mucho. Construí productos con Yamid y con Darío tengo la oportunidad de opinar con libertad. Siento felicidad por haber estado con los más grandes. Fueron maestros y ahora son amigos”, puntualizó de nuevo con su sonrisa pícara.

Video César Augusto Londoño

¿Y después?

Desde niño ha leído. Ese es el legado que ha mantenido por años y que mantendrá hasta el último de sus días. A su hijo David, quien reside en México y trabaja en Zebra Estudio, le dejó la herencia de la literatura y los viajes. “La felicidad de los hijos es la de los padres”.

Ese amor desenfrenado por las letras lo obliga a pensar en grande. Ya escribió su primer libro junto a Guillermo Ruiz sobre la historia de la Selección Colombia con más de 7.000 ejemplares vendidos. Ahora el reto es continuar. Al menos quedan tres proyectos por delante.

Tiene en mente un libro con su trayectoria e historia de vida, otro con René Higuita y uno más que falta confirmar pero que está cerca de concretar.

El mundo da vueltas y a César la vida lo pondría en un proyecto junto a Higuita, el mítico portero de Nacional y Colombia que lo puñeteó en el Aeropuerto de Medellín. Hasta el día de hoy el periodista desconoce el motivo.

“¿Usted por qué me pegó”, le preguntó al exjugador que con una sonrisa le respondió: “La verdad que no sé”. El hecho sucedió cuando iniciaban los años 90, en medio de un país agobiado por el narcotráfico y la violencia. “Era difícil vivir y ser tolerante ante tanta sugestión”, expresa Londoño como hipotética tesis de ese episodio que marcó la vida de estos dos hombres.

No tiene rencor por nadie, ni vive de envidia. Considera que dejar sentimientos negativos solo harán de su alma un elemento más vulnerable. Confiesa que a la vida se le disfruta y se le goza. No hay manera de soñar despierto si no es con una sonrisa en el rostro.

Seguirá con el día a día en sus diferentes trabajos en Caracol, la Universidad Sergio Arboleda y Win Sports. Llegará a casa en las noches a cenar y sentarse en su hogar a leer y ver partidos en televisión. Es un reportero poco común, porque ve en el universo deportivo otras disciplinas diferentes al fútbol y se embriaga de información de todo tipo. Le gusta opinar de economía, política, cultura y hasta arquitectura, profesión que estudió Manizales.

En cuanto a dónde va el periodismo, refleja preocupación. “Ahora los muchachos no leen y no quieren hacer periodismo por fuera de un computador. Creen en los horarios de oficina. Sin pasión no hay nada”, señaló.

Londoño por eso, y tal vez por su inmensa necesidad de aprender y enseñar, tiene un gusto por la docencia. Quiere que otros vean al oficio como un amor que se adueña de la piel y corre por las venas.

En un futuro, cuando las arrugas y las canas se hayan apoderado de su cuerpo, tendrá satisfacción por el deber cumplido. Pasó su vida haciendo lo que creía correcto, sin pasar por encima de nadie ni menos preciar a los demás. Eso lo dicen muchos de sus colegas como Darío Arizmendi, Iván Mejía y Diego Rueda.

Su alma viajera no se detendrá para ser el escritor que siempre ha deseado. Irá a los lugares que ya conoció -porque conoce los cinco continentes gracias a los cubrimientos de eventos deportivos- y visitará nuevos territorios para encontrar historias que pueda palpar con sus propias manos. César será un reportero de mundo, de no temer, de no esconderse y de algún día morir para que los gusanos, como él dice, consuman un organismo que en la tierra plasmó alegría y locura. Locura de la buena.

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