Chavita, la señora de los tintos que se atrevió a demandar a la Presidencia

Isabel Lozano Ramírez

Chavita, la señora de los tintos que se atrevió a demandar a la Presidencia

13 de agosto del 2012

El 2 de abril de 2002, Isabel Lozano Ramírez, como era costumbre, llegó a trabajar al Palacio de Nariño antes de las 6.00 de la mañana. Subía y bajaba las escaleras con bandejas repletas de tintos para los funcionarios del lugar. Era la encargada de la cafetería. ‘Chavita’, como es conocida, vestía el uniforme de vestido azul y delantal blanco que usó durante 7 años. El mismo que se ve en las fotografías, guardadas como tesoros en su bolso, junto a los ex presidentes Ernesto Samper y Andrés Pastrana.

Aquel día, cerca de las 10.30 de la mañana, ‘Chavita’ rodó por las escaleras del tercer piso del edificio Galán. Llevaba varias bandejas en sus manos. Recuerda, con lágrimas en sus ojos, que no podía moverse y respiraba con dificultad. “‘Chava’, vieja verde, ¿qué hace ahí mostrándome los calzones?”, dijo Carlos Briñez Gómez, miembro del Ejército encargado de vigilancia del Palacio de Nariño y quien la levantó del piso y llevó a la cafetería. Allí, Briñez comenzó a soplarla con la tapa de una olla mientras las piernas de ‘Chavita’ se adormecían.

Aunque poco después retomó sus responsabilidades, un fuerte dolor en su espalda no la dejaba trabajar. Por esta razón se hizo examinar por el médico de Palacio, Jaime Rucinque Camelo, a quien le contó lo sucedido. Según ella, Rucinque le inyectó Dipirona y Tramadol. Pero en el documento de registro el médico no notificó el accidente. En cambio dice que la paciente estaba en perfecto estado de salud. ‘Chavita’ se negó a firmar aquel papel.

Isabel Lozano Ramírez
‘Chavita’ llegó al Palacio de Nariño en 1995 luego de trabajar en la campaña presidencial del ex presidente Samper.

Al salir del consultorio, ‘Chavita’ se acercó a la oficina de personal a pasar el reporte del accidente. Allí, el jefe de personal le dijo que fuera al médico y le avisaría al encargado. Luego de ir a urgencias por su EPS fue incapacitada unos cuantos días. Su estado de salud desmejoró, y las visitas al médico y las incapacidades se volvieron frecuentes. Seis meses después fue despedida por la restructuración que hizo el ex presidente Álvaro Uribe.

Desde hace más de ocho años, ‘Chavita’ inició un proceso legal en contra de Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, la EPS Cruz Blanca y el Fondo de Pensiones del Instituto de Seguros Sociales. Su accidente nunca fue registrado en la oficina de recursos humanos por un olvido. La caída, según la Junta Regional de Calificación de Invalidez de Bogotá, le dejó una fractura de vértebra lumbar y un trastorno de disco lumbar. Sus piernas no tienen fuerza y soporta dolores en su cintura que solo se calman tomando Tramadol. ‘Chavita’, de 63 años y quien dedicó parte de su vida a la política nacional, todavía no entiende la razón de su despido. Recuerda con precisión el nombre de cada época y nombre exacto de las personas a quienes les ayudó a conseguir votos. Solo desea obtener una pensión pues luego de aquel accidente no pudo volver a trabajar.

‘Chavita’ conoció la política en la vereda Valle Grande Bajo del municipio de Tenza (Boyacá). Allí, donde creció en medio del campo, vio cómo la pasión por los partidos políticos acababa con la vida de sus habitantes. Recuerda que su tío Ramón solía gritar, en medio de las fiestas del pueblo o en épocas electorales: “¡Qué viva el Partido Liberal!”. Frase que lo llevó en varias ocasiones a la cárcel porque Tenza se distinguía por ser un pueblo conservador.

Isabel Lozano Ramírez
‘Chavita’ espera desde hace ocho años un fallo que le otorge una pensión.

No recuerda si fue por llamar la atención de sus papás o por rebeldía, pero ‘Chavita’ comenzó a repetir la frase que metió en problemas a su tío. Sus papás, dos campesinos conservadores, no dudaron en pegarle y castigarla. Pero ni siquiera los golpes lograron cambiar su preferencia por el Partido Liberal. En 1974 comenzó a trabajar de lleno en campañas políticas. Fue así como se convirtió en colaboradora del candidato presidencial de la época y finalmente elegido, Alfonso López Michelsen.

Asegura que años después se dedicó a buscarle apoyo al senador liberal Carlos Holmes Trujillo Miranda, padre de Carlos Holmes Jr. y José Renán, en la ciudad de Cali, exactamente, en el barrio San Nicolás. Fue así que llegó a trabajar en la cafetería del Ministerio de Educación gracias a Carlos Holmes Trujillo García, ministro del ex presidente César Gaviria y a quien fue a buscar personalmente para pedirle un empleo luego de escuchar su nombre en la radio. ‘Chavita’ estuvo vinculada al Ministerio durante once meses.

Pero su político favorito y a quien más admira es a el ex presidente Ernesto Samper Pizano. “Yo amo a mi presidente Samper”, dice ‘Chavita’, emocionada. Le dice con confianza mi ‘Cachetón’. Según cuenta lo conoció en plena campaña electoral. Luego de ofrecerle su ayuda para que la gente conociera su proyecto político, le llegaron a su casa paquetes con camisetas y afiches que se dedicó a repartir en el sur de Bogotá. Dice que de su dinero compró maicena y escobas para pegar los afiches en las paredes.

‘Chavita’ llegó al Palacio de Nariño en octubre de 1995, catorce meses después de que Samper se posicionara como presidente de Colombia. Aunque le ofrecieron trabajo en una oficina, prefirió la cafetería porque según ella no le gustan los papeles y solo cursó hasta quinto de primaria. En lo siete años que sirvió tintos, ‘Chavita’ atendió a los encargados de la seguridad del presidente Samper, oficinas administrativas y la oficina de prensa de presidencia. Muchos periodistas que tuvieron que cubrían esa fuente la recuerdan.

‘Chavita’ asegura que el año pasado se encontró a Samper a la salida de la Casa de Nariño. Allí, en un encuentro fugaz le contó su historia. Samper le dijo que sacara una cita con su secretaria para que le diera más detalles. Dice que Agustín Parra, escolta de Samper, fue testigo. Pero ella llamó tantas veces a la oficina del ex presidente que se aprendió el número telefónico de memoria. La secretaria nunca le creyó y no le dio la cita con el ex presidente.

Pero ‘Chavita’ lleva casi una década buscando ayuda. En 2003 le escribió una carta a Lina Moreno, esposa de Álvaro Uribe. Pero no tuvo ninguna respuesta, el papel dice en una de sus esquinas: “¿qué se puede hacer?”. Hace poco le envío otra carta al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Dice que no le envía nada al presidente Santos porque “qué va a saber él de mí”.

En el proceso legal, el testimonio de Briñez es tal vez la única prueba a su favor. Según su abogada de oficio, Diana Jiménez, es un proceso difícil que ahora se encuentra en segunda instancia. Las mayores dificultades están en que el accidente no se reportó a la Administradora de Riesgos Profesionales y el porcentaje de invalidez es 21, 11 por ciento, cifra que no la clasifica como invalidez laboral.

Cada vez que ‘Chavita’ hace una averiguación en el juzgado, aprovecha para sentarse en una de las esquinas del Palacio de Nariño. Allí, espera a que pasen sus antiguos compañeros para saludarlos. En ocasiones muchos le colaboran. Por ejemplo, los 5000 mil pesos que tiene en el bolsillo se los regaló uno de ellos. “No tenían por qué sacarme. Yo entré alentada a trabajar y tengo las pruebas. Yo me accidenté”, dice llorando. La enfermedad en su espalda hizo que le creciera una  joroba que la obliga a caminar despacio, calculando cada paso que da. ‘Chavita’ ha perdido toda su vigorosidad.