El interminable enredo de los Juegos Nacionales

El interminable enredo de los Juegos Nacionales

28 de octubre del 2017

En Colombia es muy común escuchar promesas sobre las mejoras en las condiciones de formación para los deportistas, incluyendo la infraestructura de escenarios. Lo que no es muy común es que éstas se cumplan, como sucedió con los Juegos Nacionales en 2015.

Estas propuestas endulzan los oídos y hasta alcanzan a ilusionar a los deportistas cuando reciben grandes reconocimientos y exigen lo necesario para un mejor rendimiento.

Todo es color de rosa cuando se comienzan las obras y con ello, la idea de albergar eventos nacionales e internacionales y así no tener vacíos los estadios todo el año.

Con la asignación de sede y dinero invertido, comienza la creación y remodelación de escenarios de ensueño en pro del deportista. Sin embargo, muchas ocasiones los que terminan felices y bolsillos llenos de dinero son las constructoras, los  políticos y funcionarios.

Coldeportes en su función de velar por los derechos del deportista y sus diferentes factores, estuvo siempre presente en la elección de Ibagué y  Quibdó como sedes de los XX Juegos Nacionales en 2015.

La expectativa fue alta y para infortunio, la desilusión fue mayor hasta el punto de pedir a otras ciudades como Bogotá, Cali y Ubaté ser subsedes para poder realizar sin tantos ‘percances’ el evento nacional.

En el proceso de licitación, construcción y entrega de obras, hubo demoras y denuncias que cobraron más fuerza cuando la constructora española Typsa junto con el arquitecto y asesores jurídicos abandonaron la obra y sí dejaron un ‘elefante blanco’ a las afueras de Ibagué.

Los deportistas pudieron competir pero no en los escenarios prometidos. El problema siguió latente hasta que la Fiscalía de la ciudad tolimense tomó cartas en el asunto y comenzó a hacer la investigación que terminó en la captura de siete funcionarios y dos condenados por hechos relacionados con el contrato otorgado a la licitación para la elaboración de los diseños de la construcción y remodelación de los escenarios deportivo por un valor superior a $11.500 millones.

La indignación fue total y se especula que no sería la única ciudad con contratos para estos eventos que puede llegar a tener el mismo desenlace. Sin embargo, la investigación no acabó allí y con la nueva gestión de Clara Luz Roldán, Coldeportes deberá rendir cuentas sobre el desfalco al deporte nacional.

La Contraloría en su búsqueda por capturar a más implicados, envío a Coldeportes una serie de incumplimientos para dicho evento, sobre los contratos y su desarrollo en la gestión. Ahora Roldán emprende su carrera para aclararlo todo y seguir con su administración para los Juegos Bolivarianos en Santa Marta.

Entre los incumplimientos que deberá comparecer está el de la anterior gestión. “Los convenios sobre los que deberá dar explicaciones la actual directora de Coldeportes, fueron suscritos por su antecesor, Andrés Botero”  informó la Controlaría en el comunicado.

En su defensa, la institución deportiva difundió una respuesta a la opinión pública en el que explica que ya tiene trabajos con la Sociedad Colombiana de Ingenieros para analizar lo sucedido con las obras y estudiar de qué manera pueden arreglarlas.

Resulta que esto parece ser recurrente en Colombia cuando de recursos públicos y obras se trata. Cada vez se destapan más casos de corrupción, contratos firmados y obras inconclusas que dejan en duda la credibilidad de los funcionarios.

La novela de los Juegos Nacionales aún no termina y continua con las investigaciones pertinentes, y sobre todo con lupa para los próximos eventos en la país, donde se esperan estadios e infraestructuras para fomentar el deporte y no el turismo de los ‘elefantes blancos’ en baldíos auspiciados por la corrupción.