Codependientes: los adictos al amor

Cortesía Armando Martí.

Codependientes: los adictos al amor

17 de diciembre del 2018

Por muchos años he admirado la metódica exploración hacia la mente consciente, subconsciente e inconsciente realizada por el genial médico psiquiatra austriaco de origen judío Sigmund Freud (1856-1939). Sin embargo, con el pasar de los años, me di cuenta que el fondo más terapéutico y esclarecedor de estos trabajos, fue la de escuchar las historias que sus pacientes le narraban mientras reposaban en su famoso diván.

Cada uno de nosotros tiene su propia historia, pero no todos descubren su propia voz para contarla. Lo que en las consultas escucho como Logoterapeuta y Coach de vida, son una especie de colcha de retazos en donde se relatan lo que los otros “piensan de mí” o “esperan de mí”. Por eso, muchas horas son necesarias para que por medio de una Catarsis, la persona descubra quién es y lo que en realidad quiere.

¿Qué es la catarsis?

Cortesía Armando Martí.

La Catarsis o el Método Catártico es una técnica utilizada en el psicoanálisis, que consiste en provocar un efecto sanador a través de la liberación y descarga de emociones negativas asociadas a eventos traumáticos, por medio de su evocación y expresión a través de la voz de lo que internamente ocultamos. De ese modo, es una experiencia que “purga” los conflictos inconscientes purificando las emociones humanas. La técnica fue creada por el también médico, y además fisiólogo y psicólogo austriaco Joseph Breuer (1842 – 1925) y desarrollada en colaboración con Sigmund Freud a finales del siglo XIX en Viena. Esta expresión se deriva del término clásico griego katharsis  (καθάρσις), utilizado por el filosofo Platón y que significa “purificación”.

Escuchando mi historia

En mis asesorías terapéuticas prefiero escuchar que aconsejar, de esta manera, la persona tiene la oportunidad de oír su historia a través de su propia narrativa y como no encuentra un “crítico” o “juez”, siente que tiene más libertad para autodescubrirse. Tomando atenta nota y sobre todo concentrado en estas historias sin interrupciones externas (especialmente la del celular e incluso de mis problemas), logro hacerle algunas preguntas muy puntuales que al contestarlas por sí mismo, habilita en algunas sesiones el encuentro personal: la pieza clave para armar su rompecabezas emocional y desbloquear algunas áreas afectadas de su vida.

El trauma mayor

Cortesía Armando Martí.

Al parecer nuestro mayor trauma como seres humanos, es el del nacimiento. Desde la neurociencia, los efectos neurobiológicos derivados de la adaptación a una nueva vida extrauterina (respirar, soportar frío, calor, hambre, dolor, etc.), nos obligan a sobrevivir a través de unos mecanismos psíquicos anti traumáticos, basados en la experiencia del sufrimiento emocional. La interacción humana es la base de la recuperación y rehabilitación integral de estos traumas.

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Para revertir dichos mecanismos que casi siempre desembocan en las enfermedades psicosomáticas, se hace necesaria la intervención psicoterapéutica sistémica – familiar (hijo-madre-padre-hermanos). Recordemos que el cerebro posee una facultad denominada: neuroplasticidad, que no es otra cosa que la capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y funcionamiento a lo largo de nuestra vida, como reacción y protección frente a las diferentes demandas del ambiente exterior y del proceso interior que se genera en la interpretación de estos hechos, que deben asimilarse también por medio de la capacidad de adaptación.

El principio del fin

Cortesía Armando Martí.

Cuando uno o varios de estos mecanismos psico adaptativos, está ausente, falla o no se desarrolla adecuadamente, bien sea por abandono del padre, de la madre o por unas pautas de crianza disfuncionales (padre ausente, madre codependiente/sobreprotectora y padre alcohólico/adicto), nos convertimos en codependientes o adictos.

El tema de los alcohólicos y adictos ya ha sido tratado en otras entregas, por lo que me enfocaré en el tema de uno de los más terribles padecimientos que nos encadenan y confinan no solamente a oscuras cárceles emocionales, sino también causan dolencias, malestares físicos y hasta mortales enfermedades. Me refiero a la Codependencia Afectiva. Este estado psicológico, se manifiesta especialmente en las relaciones interpersonales y familiares. Son vínculos adictivos, pues se repite una y otra vez el mismo patrón, especialmente en las relaciones de pareja, las cuales al principio comienzan cargadas de “ilusiones y amor idealizado” y poco a poco se van transformando en destructivas, inestables, agresivas, rencorosas, vengativas y marcadas por un fuerte desequilibrio en la interacción funcional donde el codependiente (sin rehabilitación ni programa de Doce Pasos), se somete, obsesiona y engrandece al otro.

Como sus expectativas son sobre exageradas, nunca estará conforme con su pareja y pretenderá cambiarla “a cualquier costo”, pero al no conseguir su objetivo, ya que, “nadie puede cambiar a nadie”, el dependiente afectivo (quien desde su fondo inconsciente carece de autoestima), terminará por detestarse a sí mismo proyectando ese insano sentimiento al adicto, quien fue elegido previamente para ser culpado “de todos sus problemas”. Esta extraña dinámica entre adicto y codependiente, es una forma de ocultar los dolores emocionales, causados por las heridas de infancia que dejaron en la vida de ambos grandes vacíos existenciales. Es por esta razón, que este tipo de parejas poco saludables y altamente tóxicas sin rehabilitación, repito, jamás serán funcionales.

Génesis de la codependencia

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La codependencia emocional generalmente se gesta dentro de una familia disfuncional, es decir, aquella en donde uno o varios miembros sufren de miedo, ira, dolor y vergüenza, las cuales son ignoradas o negadas como consecuencia de alguna de las siguientes pautas: adicciones de un familiar a las drogas, el alcohol, las relaciones, el trabajo, la comida o el juego, entre otras; y la existencia de un abuso físico, emocional o sexual.

Las familias disfuncionales no reconocen que existen problemas; no hablan de ellos ni los confrontan. Como consecuencia, aprenden a reprimir las emociones e ignorar sus propias necesidades, deseos y sentido íntimo, convirtiéndose en “sobrevivientes”. Por eso, incentivan conductas que ayudan a evitar emociones difíciles para desprenderse de sí mismos, de ahí que no hablan y evaden la confrontación. Ellos muchas veces no sienten, son frívolos ante las circunstancias y les cuesta confiar.

Un vacío difícil de llenar

Por eso, los codependientes tienen una baja autoestima y buscan cualquier cosa fuera de ellos mismos para sentirse mejor, desarrollando comportamientos compulsivos como la adicción al trabajo, al juego o la actividad sexual desbordada. Generalmente, tienen buenas intenciones que los motivan a tratar de cuidar a una persona que está experimentando dificultades, acaparando toda la atención. Los codependientes a menudo asumen el papel de mártir y se convierten en “salvadores” de un individuo necesitado; por ejemplo, una esposa puede cubrir a su esposo alcohólico; una madre puede poner excusas para un niño ausente; o un padre puede “tirar de algunas cuerdas” para evitar que su hijo sufra las consecuencias de una conducta delictiva.

La trampa del cazador

El problema es que estos intentos repetidos de rescate permiten que el individuo necesitado continúe en su curso destructivo, volviéndose aún más dependiente de los cuidados no saludables del “salvador”. A medida que aumenta la confianza, el codependiente estimula un sentido de recompensa y satisfacción al sentirse “indispensable”. Cuando el cuidado se vuelve compulsivo, el codependiente se siente sin elección e indefenso en la relación, pero es incapaz de romper con el ciclo de comportamiento que lo causa, adoptando el papel de víctima.

¿Soy un codependiente afectivo?

Cortesía Armando Martí.

Estas son algunas características de las personas codependientes: un sentido exagerado de responsabilidad por las acciones de los demás, al igual que una tendencia a confundir el amor y la compasión con la idea de “amar” a las personas que pueden rescatar, haciendo más de lo que les corresponde todo el tiempo y aferrándose a una relación para evitar la sensación de abandono.

Asimismo, experimentan una necesidad extrema de aprobación, reconocimiento y control sobre el otro, acompañado de una falta de confianza que les dificulta identificar sus propios sentimientos. De igual manera, suelen ser rígidos a la hora de adaptarse al cambio, lo que conlleva a experimentar serios problemas de intimidad,  enojo crónico, reactividad, mentiras, comunicaciones deficientes, dificultad para tomar decisiones y aprender a decir que no. En el fondo, la obsesión y el control del codependiente, le da una ilusión de poder sobre la vida y sus acontecimientos, incluso llegando a ver la preocupación como un logro.

Etapas de la codependencia

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1. Primera fase: aparentemente no hay síntomas notables y el entrometerse en la vida de los demás es visto como un rasgo maravilloso de solidaridad y compasión.

2. Fase intermedia: los comportamientos codependientes empiezan aparecer, pues cada vez es más recurrente el uso de la manipulación y la mentira para controlar a las personas a su alrededor, sintiendo un alivio disfrazado de angustia debido a hipersensibilidad.

3. Fase Tardía: Exageración, rabia y obsesión constantes, convirtiendo la vida en blanco o en negro. Aparecen las amenazas y la exageración de las emociones, llegando incluso a poner en riesgo la vida propia y la del ser amado. Se asume el rol permanente de “cuidador” e intenta controlar el amor, la atención, la aprobación o el sexo de otros con enojo, culpa, violencia, crítica, irritación, rectitud, necesidad, contacto invasivo, conversaciones incesantes y drama emocional.

Es importante resaltar que la misma sociedad, se encarga a su vez de fomentar conductas codependientes, reforzando valores que no son saludables para las personas, como por ejemplo:

– Materialismo: la sociedad se centra en factores externos, como el dinero y las posesiones asociados con el valor de una persona, creyendo que son dignas por lo que tienen y no por lo que realmente son. En consecuencia, cuando una persona codependiente experimenta problemas, puede buscar una solución externa (como una sustancia química o un comportamiento destructivo) para resolver sus problemas internos.

– La perfección: la búsqueda de perfección es un anhelo que se intenta alcanzar en todas las áreas de la vida desde el trabajo hasta el rendimiento académico, como también en los estándares de belleza y por supuesto en las relaciones afectivas. Esto hace propenso al codependiente de fracasar, pues tiene dificultades para aceptarse a sí mismo, sintiéndose “imperfecto”, “incapaz” e “insuficiente”.

– Separación del sentimiento y del pensamiento racional: Se alienta a los individuos a “pensar” y no a “sentir”, como si estos procesos fueran separados y distintos. La negación de los sentimientos es extremadamente dañina para los codependientes, ya que, pierden el contacto consigo mismos y se vuelven incapaces de buscar la autorrealización en las cosas simples de la vida.

El proceso de la sanación interior

Para recuperarse y volver a un estado saludable, el codependiente debe pasar de un enfoque externo (otras personas, relaciones, trabajo y poder) a un enfoque interno (sus propios sentimientos, necesidades, metas y deseos). El codependiente aprende que el comportamiento saludable y la realización personal se pueden lograr conociendo, aceptando y confiando en sí mismo como una persona independiente y no haciéndose responsable de algo o de alguien más.

¿Cómo tratar la codependencia?

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Existe una comunidad terapéutica conocida como Al – Anon, que lleva más de 67 años transmitiendo en alrededor de 130 países del mundo el mensaje de compromiso hacia los codependientes, pues es una hermandad de parientes y amigos de alcohólicos que comparten sus experiencias, fortalezas y esperanza, con el fin de encontrarle solución a su problema común. Asimismo, en Al – Anon se cree que el alcoholismo es una enfermedad de familia, y que un cambio de actitud puede ayudar a la recuperación. Al – Anon no está aliada con ninguna secta ni religión, entidad política, organización ni institución; no toma parte en controversias; no apoya ni combate ninguna causa.

Por eso su principal propósito es ayudar a los familiares y amigos de alcohólicos, practicando los Doce pasos, dando la bienvenida y consuelo a los familiares de los alcohólicos, comprendiéndolos y animándolos en el camino de la recuperación.

Los Doce Pasos

Los Doce Pasos tuvieron su origen en Alcohólicos Anónimos y son un grupo de principios espirituales, que si se practican como una forma de vida, pueden ayudar a sobrellevar la obsesión bien sea de beber o controlar, permitiendo que la persona afectada tenga la posibilidad de encontrar una solución saludable a sus problemas, accediendo al derecho natural de vivir una vida plena y feliz, mientras aprende a navegar en los pormenores de la enfermedad.

Cuando Bill W (1895 – 1971) y el Dr. Bob (1879 – 1950) se conocieron y comenzaron a construir una base para recuperar a los alcohólicos, fue Annie, la esposa del Dr. Bob, quien consoló a una mujer afectada por el dolor cuando dijo: “Ven querida, ahora estás con amigos, amigos que entienden”. En 1939, las familias y los amigos asistían a A.A, mientras las familias compartían entre sí, descubriendo los beneficios de vivir los Doce Pasos y cómo estos mejoraron sus relaciones, que a menudo seguían siendo difíciles incluso después de que el alcohólico se volviera sobrio. Con el tiempo, los familiares y amigos comenzaron a reunirse por su cuenta. En 1950, después de visitar A.A. En todos los Estados Unidos y Canadá, Bill informó que se habían formado muchos grupos familiares y le sugirió a su esposa Lois W, que abriera una oficina para brindar servicio a estos grupos.

Durante el cierre de la Conferencia de Servicios Generales de A.A en 1951, Lois invitó a las esposas de los delegados a almorzar en su casa junto con los miembros del grupo familiar local. Entonces decidió abrir una oficina allí, con una amiga cercana y vecina: Anne B. En mayo de 1951, enviaron un cuestionario con la intención de unificar a los grupos familiares y como resultado se eligió el nombre de Al-Anon Family Groups. Asimismo, con el respectivo permiso de A.A se adoptaron los Doce Pasos, y luego las Doce Tradiciones, como principios rectores.

A medida que crecía el movimiento de grupos familiares, A.A. ofreció a Lois y Anne el uso de un estudio en la calle 24 en la ciudad de Nueva York. Se llamaron a sí mismos Comité del Centro de Intercambio de Información y se reclutó a voluntarios de grupos locales. Pronto el movimiento llegó a la atención pública. En marzo de 1952, se pidió a los grupos que apoyaran voluntariamente una oficina de servicio mundial.

Finalmente, como lo expuse en el capítulo Amor Integral de mi más reciente libro “Viajero Interior: Un Camino Simple hacia la Serenidad Personal” es importante recordar que: “El amor es la base de las relaciones de parejas sanas. El miedo y la ira son los componentes de las parejas tóxicas. Una relación de pareja auténtica comienza desnudando el alma, mostrando la luz y la oscuridad que habitan en cada uno. El peor de los pecados es no ser feliz, por eso hay que conectarse desde el corazón y seguir los instintos naturales para gozar el regalo de Dios, es decir nuestra libertad sin prejuicios. Por eso, los invito a dejar de ser espectadores de las historias de amor de los demás. Construyan y vivan sus historias sin miedo. El amor es algo que sucede, no se analiza. ¡Busquen la luz! Concentren sus esfuerzos en no cambiar al otro y por el contrario comprenderlo, pues él también tiene su propia historia. Vivir de instante en instante, gozando del amor y aprendiendo del desamor. Esta es una de las claves para dejar de ser analfabetos emocionales.”