En este colegio las diferencias se quedan en la puerta

21 de agosto del 2019

En el Gimnasio Campestre de Guilford no hay paradigmas ni estereotipos, se educa con inclusión.

En este colegio las diferencias se quedan en la puerta

Foto: Andrés Lozano/Kienyke.com

Tomás entra a tercer semestre de Relaciones Internacionales en la Universidad Javeriana de Bogotá. La última noticia es que la universidad le otorgó beca por su alto rendimiento académico en los dos semestres ya cursados.

Tomás es autista y aparte de recibir la beca también fue la mejor entrevista de ingreso a su facultad que se ha realizado en los últimos tiempos en la Javeriana. Así se lo hicieron saber los padres de Tomás a Myriam Fajardo, rectora del colegio del que Tomás salió convertido en bachiller.

“Es un orgullo de estudiante”, dice Myriam.

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Luego de pasar por un par de colegios en los cuales la personalidad de Tomás era extraña y diferente, llegó al Gimnasio Campestre de Guilford, donde el estereotipo de autista desapareció y solo fue un niño más. Tomás no gustaba de las matemáticas, la verdad poco las entendía, pero eso no fue problema alguno para ser hoy un gran estudiante universitario. El secreto está en la educación que recibió.

Foto: Andrés Lozano/Kienyke.com

Myriam Fajardo, una mujer apasionada por los niños, terminó su carrera como licenciada en educación y años después quiso independizarse y montar su propio colegio. Así lo hizo. El Colegio Guilford era una institución pequeña que buscaba, por convicción de su rectora, crear procesos de aprendizaje diferentes y personalizados.

Para Myriam el secreto de una buena educación era potencializar las capacidades de sus estudiantes e ir trabajando poco a poco, y sin afán, en las debilidades de los mismos. La técnica, que no fue nada inventado solo algo puesto en marcha, tuvo éxito.

La vida le cambió a Myriam el día que a su colegio llegaron padres de familia queriendo matricular un estudiante que por su déficit de atención era rechazado en la institución en la que estaba y su ingreso negado en otras más.

Aplicando el proceso educativo planeado, imprimiendo profesionalismo, pasión y sobre todo, entendiendo que aquel niño sin ser diferente a sus compañeros sí requería una dirección especial, logró que el pequeño, por primera vez en su vida, se sintiera cómodo como estudiante.

Myriam Fajardo, rectora

Myriam no sabe, confiesa en entrevista a Kienyke.com, en qué momento el colegio Guilford comenzó a ser reconocido como una institución incluyente. Tampoco se dio cuenta en qué momento su planta estudiantil tenía un determinado número de niños y niñas que a los ojos de muchos eran diferentes.

Y no se dio cuenta de aquellas particularidades, que son tan importantes, sencillamente porque para ella quienes llegan a tocar la puerta de su institución son solo niños y niñas. De puertas para adentro no hay estereotipos ni señalamientos. “El Gimnasio de Guilford es un colegio regular con una filosofía de educación para todos”, afirma su rectora.

Aunque conoce y reconoce a sus 350 alumnos, para ella, y es la base fundamental de la institución que dirige hace 22 años, no hay diferencia alguna en los estudiantes que son autistas como Tomás, o que tienen discapacidades físicas o que nacieron con síndrome de Down o que son de inteligencias superiores o aquellos a quienes el común llama normales. Absolutamente todos son estudiantes con condiciones diversas.

Foto: Andrés Lozano/Kienyke.com

El gimnasio puede hablar de miles de casos de éxito como el de Tomás. Camila, de 9 años, ya no se siente discriminada, como sí se sentía en su anterior colegio. A Camila ya no le dicen “enfermita” y no tiene que tener una cuidadora al lado para desarrollar sus jornadas académicas.

Gabriel, de 17 años, quien está a punto de graduarse, llegó al Guilford porque tenía dificultades en su comportamiento en su anterior colegio. y según sus propias palabras: “Acá lo que pasó es que me entienden más y me volví más juicioso”.

En pocos años el colegio Guilford creció en número de estudiantes y tocó buscar un espacio más amplio en el que sus alumnos se sintieran cómodos y sus capacidades artísticas y deportivas, pilares de su proyecto educativo, pudieran ser exploradas y potencializadas al máximo. La idea de un colegio campestre llegó a la mente de Myriam y sus cuatro socios. Así nació el Gimnasio Campestre de Guilford.

Hoy día están ubicados en el kilómetro 7 vía Suba-Cota, en la Vereda Chorrrillos.

Desde sus inicios Myriam quiso crear un colegio diferente. Una institución donde importara más el estudiante como persona; para lograrlo sabía que el modelo educativo también tendría que ser diferente.

Personalizaron la educación y cada estudiante recibe la que necesita y en la manera en que la necesita.

Foto: Andrés Lozano/Kienyke.com

“No todos los niños son buenos en todas las áreas. Unos son buenos para las matemáticas y otros no. A unos se les facilita más unas cosas que otras y nosotros lo que buscamos es fortalecer sus capacidades y ir trabajando en sus debilidades, para que durante el proceso lo vaya aprendiendo sin presiones”, indicó la rectora.

“Hay que entender que no todos los niños tienen el mismo tipo de inteligencia. Antes todos teníamos que ser iguales y educados de la misma manera. Las cosas han cambiado”, asegura.

En el Gimnasio Campestre de Guilford las principales armas a la hora para eliminar las barreras que diferencian los niños, unos de otros, son el afecto ,la comprensión  la tolerancia, además de la pasión de los docentes por sus estudiantes y por educar con la filosofía del gimnasio, que está construido en un campo verde de más de 20 mil metros cuadrados, espacio que fortalece el proceso educativo.

Los estudiantes que necesitan acompañamiento con psicólogos o terapeutas especializados allí los encuentran. Las clases académicas corrientes se mezclan con terapias ecuestres, deportivas, acuáticas y otras, que ayudan en el bienestar de los niños y su formación.

Foto: Andrés Lozano/Kienyke.com

Myriam le cuenta a Kienyke.com que de la mano de profesores especializados y la demás planta de profesionales el colegio trabaja en tres pilares importantes:

El primero de ellos es la inteligencia emocional y explica que niños motivados, seguros y en un ambiente tranquilo, aprenden mucho mejor. El segundo eje es conocer y entender el ritmo de aprendizaje de cada uno de los estudiantes y el tercero es la pasión por el arte, que se basa en diseños curriculares fortalecidos a través de las actividades artística y los deportes.

En el Guilford todos los niños no solo son compañeros, son verdaderos amigos y al compartir espacios con niños y jóvenes con otras capacidades y dificultades, aprender de respeto, inclusión, diversidad y que no hay niños diferentes ni especiales o más bien sí aquí todos, absolutamente todos son especiales y así son tratados dentro de un ambiente de inclusión.

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