El colombiano que ‘engalló’ su carro con voltios

El colombiano que ‘engalló’ su carro con voltios

11 de enero del 2019

Carlos Casallas creció entre carritos de juguete y revistas de automóviles que su padre coleccionaba. Poco a poco los carros pasaron de ser una distracción a una pasión, tanto así que al momento de elegir la profesión con la que se ganaría la vida, sin dudarlo ni un instante, decidió ser técnico automotriz. El Sena fue su alma máter.

Pasados los años y después de trabajar en reconocidos concesionarios, tomó la decisión de independizarse y en compañía de amigos montó un buen taller, que al poco tiempo tuvo el éxito que aún conserva, después de cuatro años.

Llegó un día en la vida de Carlos en que se cuestionó sobre lo que estaba haciendo. Aunque los clientes nunca han faltado en su negocio, él quería hacer algo diferente. Sabía que con su amplia experiencia profesional podía marcar la diferencia; el mundo en el que vivirían sus hijos era algo que le preocupaba y sus ideas iban encaminadas a dejarles un mejor planeta, pero las ideas que se le atravesaban en la mente no lo convencían.

Un viaje de vacaciones a Europa, continente con buenas políticas ambientales, en 2017, le abrió la mente hacia un plan que al cabo de los años, con estudios, averiguaciones y sobre todo con mucha persistencia, ha materializado: convertir carros convencionales (de gasolina) a eléctricos, una tarea nada fácil.

“El medio ambiente está gritando por un cambio de consciencia”, fue lo que se dijo Casallas al observar las decenas estaciones de carga eléctrica vehícular en el país ibérico. Regresó a Colombia con el propósito de cambiar su auto de gasolina por un motor que funcionara con electricidad y apenas volvió al taller se puso manos a la obra. Empezó a averiguar modelos, precios, especificaciones, pero algo chocaba con sus planes: los precios de los carros eléctricos superan los 100 millones de pesos.

Un poco desconsolado por los altos costos que no le permitían realizar el cambio, decidió investigar otras soluciones para llegar a tener un carro eléctrico, y al poco tiempo empezó a lograrlo. Después de dos años de investigaciones y de pruebas y errores, descubrió que su idea se pudo lograr al cambiar algunas piezas del vehículo y metiéndole otras; al final el carro quedó en perfectas condiciones.

Carlos pretende que los vehículos sean amigables con el planeta, esa es su motivación de hoy día. Él confía en que la conversión de automóviles no solo ayude a las personas sino que también deje una huella ambiental que reduzca las emisiones de carbono que tanto están afectando la tierra.

Ecovehículos se convierte así en su empresa ecológica, aunque lleva poco en el mercado va con su carro eléctrico por las vías de la ciudad promoviendo su idea la cual es su proyecto de vida. Las preguntas que siempre le hacen son: ¿Acaso es posible transformar el carro?, ¿Cómo es el proceso?, ¿A dónde lo puedo llevar? Estas inquietudes confirman su pensamiento sobre la  necesidad de cerrar las brechas y aumentar los servicios para el mercado ambiental en el país.

Después de mecanicamente lograr la conversión, un problema se le atravesó en el camino, la cual comenta entre risas: dice Carlos que en las oficinas distritales hicieron todo lo posible para que no pudiera tener la reglamentación en orden. “Normalmente un permiso de cambio de motor se demora entre 40 y 45 días a mí me le concedieron a los cuatro meses y tuve que ejercer presión. Dije que tenía un evento en Medellín con la ministra de transporte y que le comentaría la situación, me creyeron y  en un santiamén tenía los papeles en la mano.

Además de ayudar al planeta, el bogotano siente que también ayuda a los usuarios que quieren tener un automóvil eléctrico pero no pueden acceder a ellos por los altos precios. Él puede hacer la conversión de cualquier carro desde 23.000.000, según la bateria que se requiera. Aunque es consciente de que esta inversión también es alta, dice que los beneficios también son buenas, entre ellas el ahorro en gasolina, aceite y mantenimiento; además los carros eléctricos no tienen pico y placa. Un carro que se quiera modificar dura, en promedio, un mes en su taller y si el cliente quiere, la empresa de Carlos presta ayuda con todo el proceso de reglamentación de ley.

El proyecto que se plantea Carlos es crear una academia para impulsar el tema y enseñar a otras personas a hacer el proceso de conversión. Esto con el fin de dejar un huella ambiental. A pesar de la ayuda y el novedoso servicio que brinda, muchas personas del gremio automovilístico y colegas lo critican diciendo que esta iniciativa, puede incidir en que haya menos trabajo porque los carros eléctricos no necesitan revisiones continuas, pero Carlos dice “El mundo va para allá, si uno no se adapta a los cambios, los cambios lo arrasan a uno”.

Después de 20 años de servicio en el mundo automotriz, llenos de pasión y esfuerzo, victorias y derrotas. Carlos dice que todo trabajo tiene su recompensa y que la de él llegó hace dos años cuando descubrió la posibilidad de ayudar al ambiente y sobre todo de dejarle a sus hijos un mejor planeta.